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Docentes del DF no asumen la diversidad cultural del alumnado

Por Hypatia Velasco Ramírez

Las y los profesores que se enfrentan a grupos heterogéneos de niñas y niños en la Ciudad de México no tienen conciencia de la diversidad cultural presente en las escuelas, por lo que niegan la existencia de alumnos de procedencia indígena y no cuentan con los mecanismos veraces para identificarlos.

Así lo considera María Luisa Crispín, profesora e investigadora de la Universidad Iberoamericana, en su texto Niños y Niñas de procedencia indígena en las escuelas primarias del DF: problemáticas y desafíos, que forma parte del libro El triple desafío: derechos, instituciones y políticas para la Ciudad Pluriculturales, editado por la Dirección General de Equidad y Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de México.

Al respecto, el censo escolar del 2002, reporta que el número de niñas y niños con procedencia indígena era de mil 324, quienes son muchas veces segregados y discriminados por sus compañeros e inclusive por las y los profesores, quienes tienen bajas expectativas sobre esta población, lo que ocasiona que estos menores de edad sufran de una baja autoestima, indica la autora.

Asimismo, la desigualdad de la que son objeto se ve reflejada en la deserción o en la repetición del año escolar, la que es más alta entre las y los niños indígenas que en aquellos que son de las ciudades.

Y cuando alguna niña o niño indígena presenta problemas de aprendizaje, dice la publicación, entonces son enviados a educación especial, cuando el problema que no ha sido identificado es que no tiene conocimiento del español.

También se ignora que es necesario considerar la cultura y el origen de las y los alumnos para nutrir los procesos de enseñanza y aprendizaje. A eso se le suma que los planes de la educación primaria y los materiales educativos no reflejan el carácter multicultural y plurilingüe del país, motivo por el cual su aprendizaje es poco significativo.

Por ello, subraya el texto, es necesario impulsar una educación intercultural que abarque a todas y a todos los niños para así combatir las actitudes de discriminación y de racismo.

En opinión de la autora, para que las y los niños indígenas accedan a la educación no es suficiente que haya políticas compensatorias como otorgarle becas toda vez que éstas “se deben ofrecer a quien lo necesite, sea indígena o no”.

“Políticas como éstas han causado rechazo de los padres de familia que también tienen las mismas necesidades”, pues en repetidas ocasiones se ha hecho énfasis en las diferencias olvidando las similitudes, anota el texto.

En ese contexto, la educación intercultural busca educar “para convivir en un marco de respeto, igualdad, solidaridad y diálogo”, tomando en cuenta que las y los alumnos formar parte de culturas diferentes y cuentan con un identidad cultural propia, señala el artículo.

Además, procura favorecer el desarrollo integral de las y los niños enfatizando en el mejoramiento de las habilidades comunicativas, el fortalecimiento de la identidad cultural y el desarrollo de la capacidad para conocer y comprender respetuosa y críticamente la propia cultura y la de otros.

Lo anterior, explica la autora, ya que si bien nuestro país se reconoce y define constitucionalmente como pluricultural, existen muchas desigualdades, entre ellas la educativa.

Por ello, la educación intercultural sería una herramienta para leer e interpretar la realidad desde distintas perspectivas y así asumir responsabilidades frente a dicha realidad y frente a los demás. Con ello, las y los niños aprenderán a dialogar en igualdad y a partir de sus propias identidades, según la autora.

Además, debe provenir de la comunidad educativa para que los objetivos planteados sean socioculturalmente pertinentes y responda a las necesidades de las y los alumnos, de sus padres y la comunidad a la que pertenecen.

Asimismo, refiere que la educación intercultural debe enfocarse al desarrollo cognitivo, afectivo, social y moral de las y los alumnos, así como la valoración de una propia cultura.

Para ello, las y los profesores deben “apropiarse de su rol en la construcción de la interculturalidad y en la profundización de la democracia”. Y es necesario que se reconozcan las diferencias culturales y lingüísticas de las y los niños, dice.

También se debe aplicar un enfoque intercultural a los contenidos y a las prácticas educativas, y los planes de estudio deben integrar los aportes de las diferentes culturas de nuestro país, para lo cual es necesario modificar los programas educativos actuales “en busca de visiones más interculturales”.

La educación intercultural, acota la autora, debe considerar la recuperación del entorno cultural, la flexibilización de la organización del trabajo en el aula y la diversificación del uso de recursos didácticos que permitan a las y los niños relacionarse con otras formas de ver y entender el mundo.

Y la interculturalidad en la actividad educativa debe contar con la participación comunitaria. Igualmente, la escuela debe contribuir en reproducir, fortalecer y enriquecer dicha cultura comunitaria.

“Educar en y para la interculturalidad, es un enfoque que permea a toda la actividad docente, los objetivos educativos, el currículo, el clima escolar y el proyecto educativo en general. Esto involucra ofrecer una educación de calidad donde se den las condiciones adecuadas para que todas las niñas y niños puedan aprender”, concluye el texto.

07/HVR/GG

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