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El 68 cambió nuestra relación con el erotismo: Marcela Lagarde

Por Redaccion

A las mujeres del 68, las que lo vivieron de la casa a la calle, la generación de la píldora, la de las marchas y los Beatles les sucedió que ya nada podría regresarlas a las “camisas de fuerza”, rompieron con el autoritarismo familiar. Muchas se volvieron definitivamente feministas. El movimiento estudiantil abrió también otros cauces: al erotismo y las relaciones en la pareja, aún cuando no se modificaran de fondo.

Este es el recuento del movimiento del 68 y sus consecuencias en las mujeres de la feminista mexicana Marcela Lagarde, ex diputada federal en la LIX Legislatura. En entrevista habla de sus experiencias personales y de sus efectos, cuando “hace 40 años estudiaba antropología, era una feliz chilanga apenas salida de la adolescencia…”.

Con relación a la participación de las mujeres puntualiza: “No participamos como grupo, es decir con conciencia feminista o con demandas concretas de las mujeres, el nuevo feminismo no había nacido, no hablamos de eso, no teníamos palabras propias todavía”.

No obstante había un grupo que sí participó como grupo femenil: la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas.

“Un grupo de heroínas que siempre participaron en las movilizaciones por la defensa de la revolución Cubana, contra la intervención en Vietnam, por la liberación de Guatemala. Para las jóvenes este grupo era admirable. Nos encantaba ver sus mantas en las manifestaciones, pero en realidad estábamos ajenas, vivíamos con una especie de amnesia respecto de las luchas que debían ser nuestras, de las tradiciones de la lucha de las mujeres, de las abuelas”, señala.

En su opinión, las mujeres del 68, jóvenes y estudiantes, no tenían una militancia como la feminista. “En cambio hoy muchas de nosotras formamos parte de este movimiento, al igual que participamos en los partidos políticos de izquierda. Y lo hicimos inmediatamente después de la revuelta estudiantil”.

También cambió su estatus, dice.

“Pasamos de estudiantes a trabajadoras, a formar sindicatos, colegios de profesionistas. Nos introdujimos a todo tipo de organizaciones democráticas siempre buscando cauces a la lucha política y revolucionaria de la coyuntura. En términos generales, para muchas mujeres que vivimos el 68, la historia común fue una vía por la que pasamos del movimiento estudiantil al sindical, al partidario, y al feminista, muy pronto”.

HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA

Con relación a los efectos del movimiento en su vida personal, Marcela Lagarde, quien actualmente preside la Red Nacional de Investigadoras por la Vida de las Mujeres, de la que es fundadora, relata:

“Lo que nos pasó a las mujeres del 68 podría describirse así: se modificó la relación de las mujeres con el erotismo, con la autoridad familiar, con los hombres y esto, definitivamente, nos marcó la vida”.

Y apunta, “primero fue claro que encontramos una gran contradicción entre lo que vivíamos en el Movimiento y lo que vivíamos en nuestras casas, con nuestras familias, autoritarias y con muchas restricciones. Vivimos de manera muy clara la represión sexual, el veto a lo erótico. Y así, cuando llegábamos a casa, después de hacer la revolución, con frecuencia encontrábamos un regaño de papá”.

¡MARAVILLOSA PÍLDORA!

Fue también la generación de la píldora.

“¡Maravillosa píldora! La vivencia era sencilla: la píldora, las marchas, la política y los Beatles. Todo junto. Creo que se hizo una gran revolución dentro, en el inconsciente. Esa participación de la casa a la calle y de la calle a la casa fue lo más importante. Ahí encontramos la diferencia entre un gran espacio de libertad y lo de antes, de modo que después ya no quisimos perder lo que habíamos ganado, no había manera de regresar a las camisas de fuerza ni a los corsés que nos querían imponer”.

Recuerda cómo muchas mujeres abandonaron sus hogares paternos “porque vivir como antes ya era mal visto”, una conducta que era parte de lo que se consideraba la cultura sesentayochera.

Abunda acerca del erotismo que se vivía en aquellos años.

“Realmente pegaron en nuestra conciencia aquellas frases de: ‘Haz el amor y no la guerra’ y mientras más haga el amor más quiero hacer la revolución. Quiero decir que se estaba modificando nuestra mentalidad, se desmitificó aquello de la exclusividad del amor. Y eso fue para toda la vida. Nació un erotismo que arrasaba todo. Aprendimos a conocer el placer, por eso se modificaron, aunque sólo en parte, las relaciones con los compañeros, aunque no se modificó de fondo la relación de poder entre los sexos”.

Aún cuando la participación de las mujeres fue masiva, pocas llegaron a ocupar un liderazgo.

“En el Consejo Nacional de Huelga veías que casi era en su totalidad un consejo masculino. Sin embargo, sí se dio la irrupción masiva de las mujeres en la política estudiantil. Podría decir que el 68 fue el movimiento previo al feminismo que conocemos. Muchas de nosotras, las que vivimos el 68, encontramos el arraigo ahí, porque empezamos a vivir a la luz plena todo lo que encontramos, aprendimos a vivir las contradicciones entre lo que vivíamos en lo público y político y lo que vivíamos en lo privado. Esto nos llevó al feminismo”.

SU SIGNIFICADO, LUCHAR POR LA DEMOCRACIA

Al referirse al significado del Movimiento del 68 para el país y en su vivencia personal, Marcela Lagarde señala que a partir de él es que explica lo que se vivió en 1988 luego de las elecciones presidenciales de 1988: el movimiento neocardenista.

“Fue un periodo en el que siempre estuvo en primer lugar la actividad política. Todo tenía que ver con la política: estudiar, leer el periódico, subirte a los camiones que iban por toda la avenida Insurgentes para ver qué pasaba con las movilizaciones, hacer el amor. Salía uno de las asambleas a hacer el amor, a ir a una fiesta. En fin, se vivía, pero todo lo que uno hacía en aquellos días tenía que ver con la política”.

“Yo fui profundamente feliz durante el movimiento. Existía por primera vez la posibilidad de ser protagonista. Todos los estudiantes nos sentíamos protagonistas, dueños de esta ciudad, dueños de este país y… del mundo”.

PODER AUTORITARIO

También sintió miedo del poder autoritario.

“Aprendí lo que era triunfar, ampliar perspectivas de lucha y también tener derrotas; no tengo palabras para describir el dolor del final porque el movimiento fue derrotado con las armas. Sé, sin embargo, que no nos derrotaron en esencia porque todos los que participamos en aquella época, están hoy haciendo mil cosas en los espacios democráticos”.

LA VIDA FUERA

Para Lagarde el movimiento estudiantil fue la posibilidad de transformar la vida.

“No nada más hubo grandes manifestaciones, fue alterar la vida cotidiana, la de los círculos de estudio, de análisis, de reflexión. Más importante fue convivir con los obreros telefonistas, electricistas, textiles. Uno vivía más tiempo en las calles y en la escuela. En el 68 se da una ruptura política muy importante, es el inicio del atisbo de grupos de la sociedad que dicen: ¡basta! Suma de culturas, de sectores. Fue realmente un movimiento revolucionario que ha ido construyendo a México.

“También se caracterizó por la crítica a la sociedad y a la represión como mecanismo de contención. Nació la crítica a la academia y a la ciencia. Hubo reformas a las universidades. En suma, después de la derrota iniciamos una gran reflexión filosófica y, muchos, seguimos militando”.

Por esto expresa que no hubo finalmente una derrota. Afirma, por el contrario “hay que admitir que los movimientos actuales forman una secuencia con el 68, que a su vez fue consecuencia del movimiento de los ferrocarrileros y el magisterial”.

De este movimiento Marcela Lagarde, promotora de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia aprobada en 2007, retomaría su línea de fondo –la lucha por la democracia– y formas de organización –práctica autogestionaria– y desecharía la cultura política autoritaria.

Creo que nunca hay que pensar que los que están enquistados en el poder han cambiado, dice: “Vuelve la culpabilización, vuelve el lenguaje autoritario. El fondo político y jurídico de todo esto es ponernos en la ilegalidad. Ellos son los que definen la legalidad”.

Por tanto, propone, “requerimos de un movimiento civil y político más fuerte, evitar que ellos tengan oportunidad de acudir a la represión”.

* Con información de un artículo de Alicia Carballo publicado en el suplemento mensual Doble Jornada, del periódico La Jornada, el 7 de septiembre de 1988.

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