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El TLCAN no es un modelo a seguir

Por Isabel Inclán

A diez años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) las desigualdades entre hombres y mujeres, ricos y pobres, países desarrollados y en desarrollo se han acrecentado; ha aumentado la migración laboral, se han reducido las plazas de tiempo completo y la tendencia privatizadora disminuye las fuentes de empleo y coloca a las mujeres como “campeonas del trabajo precario”.

Esta fue la evaluación general del Coloquio Trinacional “Los 10 años del TLCAN, balance social y perspectivas”, que se realizó en esta ciudad quebequense este fin de semana y al que asistieron 350 participantes de diferentes organizaciones sindicales, feministas, ambientales, de salud, educativas y sociales de la región.

Una de las consecuencias “nefastas” del TLCAN fue la modificación de la Constitución Mexicana –que protegía la propiedad colectiva de la tierra—para dar paso al libre comercio agrícola y a que México, uno de los principales productores de maíz, importe maíz transgénico, se afirma en la declaración final de este encuentro.

Las maquiladoras del norte de México siguen limitando el derecho de huelga, aplican el examen de embarazo como requisito laboral y reducen prestaciones. El traslado de algunas maquilas de México a China –donde las normas salariales y ambientales son más bajas—, es otro hecho que ha afectado a las y los trabajadores de la región, afirman los críticos del modelo neoliberal.

En Estados Unidos, los trabajadores también enfrentan la desindustrialización y se ven obligados a emplearse en otros sectores, como el de servicios, con menores salarios y prestaciones.

En Canadá, el acuerdo trilateral ha afectado principalmente a los trabajadores del sector salud, donde se han empezado a privatizar algunos servicios. Concretamente en Québec, se ha instrumentado una política de “nivelación normativa hacia abajo”, como lo ejemplifica el modelo “PPP” que resume la “colaboración entre el sector público y privado para proporcionar servicios, es decir, una privatización disfrazada, que deja a los trabajadores, la mayoría enfermeras, en una posición laboral de desamparo, es decir, sujetas a movilidad de horarios y con menores prestaciones.

Además de analizar, mediante talleres y ponencias, los efectos negativos del TLCAN, los participantes insistieron en la necesidad de ser más propositivos, ampliar la agenda social y exigir un debate público donde los tres gobiernos hagan una evaluación de las promesas del tratado.

Luego de cuestionar la supremacía de los acuerdos internacionales sobre la soberanía de los Estados, los economistas, legisladores, académicos, etcétera , muchos de ellos miembros de la Alianza Social Continental y de la Marcha Mundial de las Mujeres, coincidieron en que el bienestar colectivo debe estar por encima de cualquier tratado de apertura de mercados públicos.

“El derecho de las mujeres a la igualdad debe estar reconocido antes de firmar cualquier tratado comercial”, señalan los grupos sociales de Norteamérica.

Además de exigir “transparencia de las negociaciones” sobre tratados comerciales que realizan los gobiernos, los(as) asistentes a este coloquio trinacional defendieron la soberanía alimentaria de las nacionales y enfatizaron que los servicios públicos (educación, salud y agua), así como la cultura, deben estar “excluidos general y permanentemente” de los acuerdos de comercio internacional, “a fin de preservar el bien común, fundamento de nuestras sociedad”.

A manera de revitalizar la lucha colectiva contra la liberalización comercial, los participantes afirmaron que el hecho de que el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) tenga problemas para arrancar en enero del 2005 significa que “vamos por buen camino y que debemos mantenernos en la misma dirección”.

Destacaron la necesidad de proponer “soluciones comunes ante problemas comunes” y se comprometieron a “reforzar nuestras redes nacionales y proseguir nuestro trabajo de formación e información sobre los desafíos creados por la imposición de este modelo de liberalización comercial”.

A fin de continuar en el análisis del impacto negativo del TLCAN se propuso realizar reuniones sectoriales. La primera de ellas sería sobre el sector agrícola en México en los próximos seis meses. Después se realizarían encuentros similares para analizar específicamente el impacto en las mujeres y el sindicalismo.

2004/II/LR/SM

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