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Embarazos tempranos no son sólo responsabilidad de las adolescentes: Teresita de Barbieri

Por Anaiz Zamora Márquez
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Con la convicción de cambiar y transformar la sociedad en un espacio más igualitario, Teresita de Barbieri ha estudiado durante más de 50 años las diferencias de género.
 
La investigadora y socióloga de origen uruguayo –pero radicada en México desde la década de los 70– es una de las pioneras de la lucha feminista en América Latina; su labor académica ha derivado en políticas a favor de la población femenina.
 
A sus 76 años de edad sigue convencida de que el debate teórico puede lograr que las mujeres conquisten plenamente sus Derechos Humanos (DH).
 
Por ello la autora de libros como “Cambio sociodemográfico, políticas de población y derechos reproductivos en México”, y “Mujeres y vida cotidiana”, habló con Cimacnoticias sobre el embarazo en adolescentes, sus causas, implicaciones y efectos, y de lo que considera no es una problemática aislada, sino consecuencia, entre otras cosas, de los estereotipos e ideales que persisten sobre la relación entre la mujer y la maternidad.
 
MATERNIDAD Y DERECHOS
 
–Cimacnoticias (CN): Este año el Fondo de Población de las Naciones Unidas dedicó el 11 de julio, Día Mundial de la Población, al combate al embarazo en adolescentes. ¿Por qué se ha incrementado el número de jóvenes embarazadas?
 
–Teresita de Barbieri (TB): Son varios factores, por ejemplo, por un lado existe una condición histórica que marca el inicio de la maternidad a muy temprana edad y que parece no haberse superado; también es cierto que en algunos sectores sociales las niñas y adolescentes buscan el embarazo porque lo ven como una salida a condiciones de vida muy opresivas.
 
“Sumado a ello, en décadas recientes se dio la llamada ‘revolución sexual’, es decir todo lo que se refiere al derecho de los jóvenes a ejercer la sexualidad sin necesidad de pasar por la institución matrimonial o por el control de la sexualidad que ejercen los adultos, y a partir de la cual la población joven –principalmente las mujeres– conquistó más espacios para ejercer su sexualidad, pero esta conquista no ha ido a la par del abandono de prejuicios e ideales conservadores sobre lo qué es e implica el sexo”.
 
–CN: Es decir, ¿influyen las visiones históricas que se tienen sobre el embarazo y la sexualidad?
 
–TB: Claro, porque mientras las jóvenes van avanzando en la conquista de nuevos espacios, en las madres, padres y la escuela se “sigue considerando a la sexualidad como un espacio pecaminoso, algo que se hace, pero no se habla y esas son regresiones muy arraigadas que derivan en que no exista una transmisión de conocimientos.
 
“Así las chicas no saben bien las consecuencias de una relación sexual, no saben qué derechos tienen y qué pueden exigir a la otra persona, y seguramente porque ni el padre ni la madre saben que derechos tienen y muchas veces las maestras y maestros tampoco, en el fondo es un problema de desconocimiento de los Derechos Humanos”.
 
–CN: ¿Este desconocimiento de DH y de las consecuencias de una relación sexual de quién es responsabilidad?
 
–Fundamentalmente del Estado, pues a través de las instituciones educativas y de los medios de comunicación debería tener un papel más activo para lograr el conocimiento de los derechos.
 
“Más allá de difundirlos tendría que profundizar en ellos, porque sí se mencionan, pero no se dice hasta dónde llegan y hasta dónde el derecho de uno choca con el derecho del otro y qué pasa en esos casos.
 
“Entonces las y los jóvenes están profundamente desinformados, a lo que se suma que se habla del ejercicio de la sexualidad en todas partes, pero no se habla de la manera de evitar el embarazo, y ahí es sumamente importante enseñarle a los varones que tienen que usar preservativo, pues la responsabilidad no es sólo de las jóvenes, aunque al final de cuentas ellas pagan las consecuencias”.
 
–CN: Hablando de las consecuencias ¿Cuáles son los efectos más graves del embarazo en las adolescentes?
 
–TB: A las jóvenes les crea una serie de problemas porque las niñas interrumpen muchos procesos como la educación y quedan en situaciones de extrema vulnerabilidad económica, tienen problemas para conseguir empleo, se limitan mucho en su desarrollo posterior.
 
“Pero para mí el problema más grave es que tengan hijos que no quieren tener, ya que una niña o niño no querido es rechazado desde que nace y probablemente toda su vida, por lo tanto todo lo que significa el amor, el contacto, las relaciones afectivas las carece, y eso hace con que su maduración psicológica e incluso neurológica pueda ser deficiente, y por supuesto de ahí viene mucha de la violencia y del resentimiento social.
 
“Y es por ello que también se debe asegurar el derecho a decidir, si una mujer no quiere tener un hijo por ‘x’ o ‘z’ razón, no debe tenerlo porque lo fundamental para el que nace es el amor y el afecto que se le pueda dar, pues esto lo hace crecer con seguridad.
 
“Y este es un derecho del que se debe gozar en cualquier etapa de la vida, pues la problemática de las mujeres y la maternidad es un problema muy fuerte que debería de solucionarse en términos sociales, colectivos y no dejarse exclusivamente a las salidas individuales”.
 
–CN: ¿Cuáles podrían ser estas soluciones?
 
–TB: Lo que se necesita es un gran debate para ver cómo solucionar este asunto de la maternidad, que conjunte tanto los derechos de las mujeres como los derechos de la infancia y de los recién nacidos, que es cuando una persona se hace sujeta de derechos y no previamente; además conjuntar de manera adecuada el acceso a los servicios necesarios, la organización del trabajo, etcétera.
 
“Son problemáticas que además no están solucionadas en ningún lugar del mundo, es decir, en ningún lugar hay compaginación entre los derechos, pero ese debate es una utopía”.
 
–CN: ¿Pero de hacerse, de quién dependería? ¿Qué puntos tendrían que abordarse?
 
–TB: Para detener los embarazos tempranos en primer lugar hay que visibilizar que no es una cuestión sólo de las madres adolescentes, se debe trabajar y emprender un debate más amplio para permitir que las mujeres que quieren ser madres lo sean gozando de sus derechos y en las mejores circunstancias, y a las que no desean serlo se les brinde la oportunidad de decidir plenamente informadas.
 
“Hemos avanzado, pero los problemas no están resueltos, el problema ahora es que estamos viviendo en una sociedad que tiene infinitos conflictos.
 
“En un principio las feministas visualizamos ese debate pero nunca llegó a consolidarse; el movimiento feminista está en la retaguardia y podría retomar la discusión, pero puede emprenderlo quien sea. Yo creo que tendría que empezar por las mujeres, pues son a las que más les interesa porque somos las más involucradas y las más perjudicadas además”.
 
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