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En el taller del rayo Macoy

Por Juana Eugenia Olvera*

En la casa de la cultura Reyes Heroles, en la plaza de La Conchita, en el tradicional Coyoacán, se encontraba el taller que impartía el maestro Rafael Ramírez Heredia a donde llegué a instancias de una compañera de trabajo.

Yo llevaba un cuento escrito cuando tendría unos 17 años. Decían que el maestro era muy rígido en su crítica y si no servías para escribir te mandaba a otro lado; ahí se encontraba como alumna Rosita Nissan, de quien habíamos visto la película de uno de sus cuentos: "Novia que te veas".

La forma como se trabajaba en el taller era simple. Presentabas un cuento y todo el mundo lo comentaba y la conclusión la daba el maestro. Así pues ese primer día preguntó si alguien llevaba algo, pero nadie habló.

Cuando me presenté, le dije que yo llevaba un cuento escrito hacía muchos años y que solamente lo había actualizado, ya que cuando lo escribí no existían las cámaras cinematográficas y en la temática del cuento las integré.

El cuento se llama "El Urugumucu", y es la historia de un espécimen que no se sabe a qué tipo de familia animal pertenece, etcétera. Es un cuento de escasamente cuartilla y media (aparece en uno de mis libros) y que causa cierta hilaridad.

Cuando terminé de leerlo, hubo aplausos, pero nadie comentó nada a lo que el maestro tomó la palabra y comentó que en la forma como se desarrollaba la historia se notaba que era de una persona que sabía escribir y que lo único que había que hacerle era pulirlo y encontrarle un buen final.

Me sorprendió su enfoque y si bien hacía tiempo que había escrito en editoriales de periódico, el cuento tiene su forma y estilo, ya que en espacios cortos se desarrolla una historia que generalmente tiene finales sorpresivos.

A través de sus pláticas nos fue llevando a que exploráramos con la voz en off que va contando el cuento. A que narráramos en tercera persona, en fin, una serie de técnicas, explorando las metáforas a fin de que encontráramos nuestro estilo.

Tenía muchas historias que había iniciado y no las había trabajado, así que empecé a finalizar mis cuentos y presentarlos en el taller. Pronto me dijo que ya había encontrado mi estilo y me instaba a pulir los cuentos, quitar las repeticiones, a dejar palabras que inventaba y sobre todo a que manejara, como hacía, palabras poco conocidas.

En ocasiones decía que yo no podía emplear palabras fuertes y cuando escribí un cuento con un tema que se desarrollaba entre soldados, dijo que era una anécdota que alguien me había contado, porque ésa no era mi forma de hablar. A decir verdad, hasta ahora es que en ocasiones puedo soltar una palabrota, simplemente porque me cuesta mucho trabajo.

De mi experiencia en la India, traje una nota de periódico de un suceso acaecido en un pequeño poblado, donde una madre inmola a su primogénita por el hecho de ser mujer. Fue un buen ejercicio, ya que escribí el cuento "Shanti" en honor a la mujer misma y quedó muy bello.

En ocasiones las historias se escriben a sí mismas, nos decía y pude darme cuenta que así es. En algún momento una quiere contar otra historia, pero lo que uno va escribiendo es otra cosa y entonces lo que debemos hacer es seguir y concluir con un buen cierre.

Realmente no estuve mucho tiempo en el taller, únicamente el tiempo que nos permitió publicar un libro con cuentos de la mayoría de los que integrábamos el espacio.

Se conjugaron una serie de situaciones en las que la persona que en ese momento dirigía la casa era también compañera en el taller. "Malicia en el taller de las maravillas", fue el nombre que se le puso al libro el cual no tuvo una distribución adecuada y casi se vendió entre puros cuates.

Años después decían que habían quedado varios bultos con los libros guardados en las bodegas de la casa de la cultura. No sé si haya algunos disponibles.

Posteriormente hubo una etapa en la que cobré cierta notoriedad sin buscarla, dado que estuve participando en algunos programas de Siempre en Domingo, dirigidos por don Raúl Velasco (qepd).

En ésa época inició un programa que se llamó Vibraciones Cósmicas, y me invitó a participar como ponente en astrología en el único programa sobre este tema que se realizó.

Estuve en algunos programas de radio hablando sobre temas esotéricos y todo esto me llevó a poner una clínica de sanación que duró cinco años, donde aparte de tratar enfermos con diferentes técnicas como reiki, acupuntura y manejo de energía, también impartíamos diversos cursos.

*Narradora oral, astróloga y terapeuta.

12/JEO/RMB

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