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España necesita justicia, pero sobretodo no perder la memoria

Por Fabiola Calvo

A muchos nos extrañaba la estatua ecuestre del dictador Francisco Franco en la Plaza San Juan de la Cruz, pero ahora que se ha retirado, queda el estupor, pues la medida del gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) produjo ampollas en los sectores de la derecha.

Franco se levantó en armas contra la joven República, un gobierno legalmente constituido, elegido por voto popular. Tres años de guerra civil, miles de muertos, torturas, cárceles abarrotadas y una larga lista de fusilamientos. Cuarenta años de dictadura.

Los grandes partidos firmaron el Pacto de la Moncloa, una especie de consenso para encaminarse hacia una transición democrática que se afianzó con la Constitución de 1978 y que decidió la fórmula de un régimen de monarquía parlamentaria.

La democracia se consolidó, el Partido Socialista gobernó durante 12 años y luego de una etapa de desgaste y corrupción le sucede ocho años el conservador Partido Popular (PP), que pierde las elecciones luego de la vinculación de España a la invasión en Irak, derrota que no han asimilado y por ello cargan toda su batería para mantener las fórmulas más retrógradas y crispar los ánimos.

El franquismo sigue vivo en España y aunque la derecha tenga variables y matices, es el sector más retardatario el que lleva las riendas de su expresión política y ha dado alas al conservadurismo de la de la iglesia católica, fortaleza al Opus Dei y múltiples Organizaciones no Gubernamentales que trabajan con esos parámetros políticos.

Digamos que el retiro de la estatua de Franco, es un termómetro para medir la temperatura de la derecha en España que busca pronunciarse a través de las diferentes expresiones sociales que consolidó durante su gobierno. No es pues para sorprenderse que grupos de jóvenes pro vida se manifiesten frente a las clínicas de aborto o muchas farmacias se nieguen a vender preservativos.

España necesita justicia histórica y sobre todo, vivir alerta para no perder su memoria. Franco, Hitler y Mussolini no son sólo sombras del pasado. No es una tontería que desaparezcan las placas con nombres como “Plaza del Caudillo”, “Calle de los Caídos de la División Azul” o “Plaza de Arriba España”.

En Alemania no existen referencias a Hitler. ¿Qué diríamos de un monumento a Pinochet?

Se ha escrito mucha literatura sobre el dolor que vivió España durante el franquismo, cómo no recomendar “La voz dormida”, páginas en las que Dulce Chacón recoge los testimonios de las mujeres en las cárceles de la dictadura.

2005/FC/SJ

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