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Feminicidios, pérdida de humanidad: Lydia Cacho

Por Alba Trejo

La periodista mexicana Lydia Cacho llegó a Guatemala hace unos días para apoyar a los grupos de derechos de la niñez que buscan que el Congreso de la República apruebe reformas al Código Penal para castigar a quienes se dedican a la trata de personas, principalmente de niñas, niños y adolescentes con fines de explotación sexual.

En Guatemala, las cifras –aunque no oficiales– dan cuenta de que hay cerca de 15 mil menores de edad en situación de explotación sexual comercial.

Cacho habló con SEMlac para comentar su experiencia desde que decidió luchar en contra de este flagelo, que afecta a la infancia y a las mujeres latinoamericanas.

— Su experiencia como periodista en el tema de la explotación sexual infantil ha sido difícil. ¿Valió la pena arriesgar su vida al denunciar a una red dedicada a negociar con la inocencia infantil?

— Sí, absolutamente. El líder de la red de pederastas está en una
cárcel de alta seguridad y la gran mayoría de niñas y niños se encuentran en terapia después de tantos años de abuso, pero van bien, y ahora salen más y más niñas y niños denunciando esta propia red y pidiendo ayuda. Me parece que sí valió la pena; fue muy duro, pero la repercusión que tuvo a nivel social, en el país, sirvió para el debate sobre el abuso sexual infantil y la transformación de leyes.

— Como mujer ¿cómo enfrentó la lucha contra esta red de pederastas?

— Nadie quisiera pasar una situación de tortura y encarcelamiento por hacer su trabajo, por decir la verdad. Yo lo que hice fue aprender una lección de todo esto, fortalecerme y salir adelante. Me queda más claro que nunca que sí hay diferentes formas de aplicación de la tortura que tienen que ver con ser mujer.

— ¿Cuál cree que hubiera sido el efecto si, en lugar de una mujer,
hubiera sido un hombre quien denunciara la red?

— Tengo muchos amigos y ellos me han dicho que hubieran aceptado el dinero para su organización a fin de atender a las víctimas y que se hubieran quedado callados, que no se la hubieran jugado.

“Pero el tipo de tortura, expresamente hecho para una mujer, es muy distinto al que se le haría a un hombre, pues tiene que ver con esas formas de violencia sexual, misoginia, de reiteración del propio delito que denuncié. Es decir, yo estaba hablando del abuso sexual infantil, de la violencia contra la mujer, de la misoginia y ellos eligieron utilizar las mismas formas para atacarme a mí”.

— ¿Es decir, que pensaron que debían hacerla padecer los abusos que usted denunciaba?

— Sí, estaba claro que eso era y por supuesto que me lo dijeron.

— ¿Debería haber más Lydia Cacho en países como Guatemala, donde la explotación sexual comercial es un grave problema y no existe una legislación que castigue a los proxenetas?

— Creo que existen en todo el mundo y que corren el mismo riesgo. El periodismo se está transformando en el mundo entero y en países latinoamericanos, como el nuestro, en el que estamos viviendo las transformaciones y evidenciamos la corrupción y la impunidad, nos pone en mayor peligro.

“Pero también tenemos una responsabilidad que no podemos negar; sin periodismo no hay opinión pública y sin opinión pública no hay una posibilidad de que la sociedad entienda lo que sucede. Entonces, creo que no podemos quedarnos callados, somos como un eco sobre la realidad”.

— En México, sin embargo, hay mucho riesgo al denunciar los abusos, tanto contra las mujeres como contra las niñas y los niños…

— Hay periodistas que han hecho trabajos importantes y algunas de ellas, incluso, están muertas. Dos mujeres indígenas triquis, en Oaxaca, fueron desaparecidas y asesinadas justamente porque, en su comunidad, con su lengua natal, estaban enterando a las mujeres de la situación de violencia que se estaba viviendo. Me parece que hay mucha gente que lo hace, todo lo que pasó
y en la manera en la que yo sobreviví me puso en las cámaras internacionales y por eso estoy viva.

MACHISMO, ORIGEN DE LA VIOLENCIA

— ¿Qué le viene a la mente cuando le digo violencia de género en
países latinos como los nuestros?

— Todas las formas culturales que nos han convertido en objetos a las mujeres y en sujetos de agresión y de violencia a los hombres. Me viene la palabra pérdida de humanidad; por tanto, la violencia de género va para las mujeres y los hombres también.

— La violencia de género es un problema que persiste en casi todos los países latinos y pareciera que la lucha día a día, las denuncias y batallas para terminar con este flagelo no tuvieran efecto…

— Creo que hay avances. En este momento tenemos el regreso de las campañas en nuestros países sobre la violencia contra las mujeres y con ellas vienen de regreso los agresores, con más violencia todavía, y es algo que teníamos que esperar porque no están increpando a los agresores, no los están deteniendo.

“No puedes estar acusando a un grupo social de estar ejerciendo cierto tipo de violencia concreta y directa contra otro grupo social y creer que éstos se van a quedar callados. Por supuesto que ellos consideran que la violencia es una prerrogativa y entonces vienen de regreso”.

— ¿Son los feminicidios parte de esa violencia que viene de regreso?

— Los feminicidios son una respuesta a la libertad de las mujeres. Antes no las mataban porque ellas se quedaban calladas y, si las mataban, iban al hospital y decían muerte por un golpe o una contusión cerebral, pero ahora sabemos que esas muertes se vinculan con la violencia doméstica y sexual.

— ¿Femicidio es igual a machismo?

— Por supuesto, el origen del feminicidio, de todas las formas feminicidas que pueden terminar en muerte, es el machismo y la misoginia; es decir, todos estos valores sexistas que cosifican a la mujer y que hacen que el hombre la considere de su propiedad, algo para ser utilizado.

“También este machismo daña a los hombres, porque los educa para ser aparentemente seres sexuales, fuertes, que obtengan recursos, que tengan dinero como prestigio, una noción de masculinidad que es igual a poder y que está destruyendo a los hombres”.

08/AT/GG/CV

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