Inicio Guatemala: 19 años después, mujeres siguen excluidas del poder

Guatemala: 19 años después, mujeres siguen excluidas del poder

Por Alba Trejo
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Las guatemaltecas tendrán que esperar cuatro años más para ser tomadas en cuenta en los listados electorales. En estas elecciones de 2015 su presencia fue casi nula.
 
Y es que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) tenía contabilizados, hasta julio, 20 mil 866 candidatas y candidatos inscritos a diferentes puestos electorales. Pero, de esta cifra, sólo 3 mil 471 son mujeres y, de ellas, mil 29 no llegaban a ocupar siquiera un puesto oficial sino a suplentes, lo que significa que apenas 29 por ciento del padrón electoral correspondió a mujeres.
 
Este domingo 6 de septiembre este país centroamericano fue a las urnas para elegir presidente, vicepresidente, diputados al Congreso de la República, alcaldes y concejales, y de nuevo la Ley de Paridad no avanzó ni un paso en la actual Legislatura.
 
Eso contribuyó a que las guatemaltecas tuvieran menos oportunidad de llegar a un cargo de decisión.
 
Manfredo Marroquín, de la agrupación Acción Ciudadana, se admira de que alrededor de 17 mil candidatos fueran hombres: “Eso marca una disparidad enorme en este proceso electoral”.
 
Pero en este país ya no es extraño que ellas sean discriminadas de la política, tomando en cuenta que en las elecciones de 2011 sólo 20 mujeres llegaron a ocupar una curul en el Congreso, en contraposición a 137 varones que aseguraron un asiento.
 
Lo más común, agrega Marroquín, es que a las mujeres se les busque y se les dé importancia sólo para pedir su voto. Los anuncios de los candidatos lo reflejan: abrazándolas, entregándoles enseres o divulgando sus rostros.
 
MÍNIMA REPRESENTATIVIDAD
 
En la actualidad, únicamente cuatro mujeres de las 20 en el Congreso son indígenas y sólo una de los 332 alcaldes es de origen maya.
 
Nineth Montenegro, una activista de Derechos Humanos que ha sido diputada por tres legislaturas representando al izquierdista Frente Nueva Nación, dijo a Cimacnoticias/SEMlac que a las mujeres se les niega espacio en los partidos políticos, porque ellas no tienen el dinero que se les pide y, cuando se les da un lugar, se les usa para agredir a mujeres de otros partidos.
 
Mujer-hombre-mujer-hombre, esa es la forma que buscaban las organizaciones civiles para integrar los listados de aspirantes a cargos populares en estos comicios.
 
Convergencia Cívico Política de Mujeres (Convermujeres), un tanto decepcionada, indica por medio de su activista Carmen Cáceres, que “tenemos un Congreso machista y egoísta, al que no le ha interesado la participación femenina en los cargos de dirigencia, sólo ven el derecho suyo”.
 
Norma Sactic, de Moloj, aunque molesta de la escasa participación femenina, dijo que la iniciativa de la Ley de Paridad es democrática al incluir a las guatemaltecas indígenas, pero eso es lo que les molesta a los diputados, que sea inclusiva, destacó.
 
Durante 12 años, organizaciones de mujeres como Tierra Viva, Moloj y Convermujeres han trabajado en mesas técnicas para establecer cambios en la Ley Electoral y de Partidos Políticos, a fin de que las guatemaltecas puedan tener un espacio digno en las listas de postulación a cargos públicos de los partidos y comités cívicos, pero todo ha quedado en letra muerta.
 
Los ejemplos abundan. Para muestra, en estas elecciones, el partido Unidad de la Esperanza (UNE), que gobernó de 2007 a 2010, tenía inscritos 3 mil 331 candidatos, de los cuales sólo 521 eran mujeres; mientras que el Partido Patriota, que gobierna actualmente, contaba con 3 mil 154 postulantes y, de ellos, apenas 459 mujeres.
 
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) calificó de “dramática” la presencia femenina en los puestos de poder y, aún más, en las propuestas de los partidos para promoverlas a cargos de decisión.
 
MUJERES RURALES: CARNE DE CAÑÓN
 
Pero las más marginadas son las mujeres rurales. Su nivel de alfabetización es utilizado como un impedimento para adherirla a un listado electoral, mas no para ejercer el voto.
 
El Instituto Nacional de Estadísticas reporta que sólo 48.3 por ciento de ellas, que conforman 60 por ciento de los 15 millones de habitantes del país, están alfabetizadas, frente a 64.1 por ciento de los hombres.
 
El empadronamiento actual, a través del TSE, señala que hay 2 millones 908 mil 830 mujeres que saben leer y escribir, pero hay un millón 165 mil 620 que aún no lo saben hacer. En el caso de los hombres, el tema cambia, pues 2 millones 879 mil 120 leen y escriben, y únicamente 603 mil 303 no lo pueden hacer.
 
Entre los compromisos asumidos tras la firma de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera, en 1996, se propuso la reforma para incrementar la participación femenina en los puestos de elección popular y, en consecuencia, que más mujeres ocuparan cargos públicos. Después de 19 años, la situación no ha cambiado.
 
Las guatemaltecas obtuvieron el derecho al voto femenino en 1945 y estaba limitado a quienes sabían leer y escribir, pero en 1965 este derecho se amplió a las analfabetas.
 
La reforma también contempla la incorporación igualitaria de mujeres en los órganos internos de todas las instituciones reguladas por la presente ley, como la Corte de Constitucionalidad (CC), la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y los Ministerios del Ejecutivo.
 
Uno de los puntos elementales en la iniciativa es que el Registro de Ciudadanos rechace la inscripción de las planillas que no llenen las especificaciones del artículo reformado en la Ley de Partidos Políticos.
 
Sin embargo, en el Organismo Judicial, de los 13 magistrados de la CSJ, cinco son mujeres; mientras que en la CC sólo hay una magistrada de los cinco que integran el pleno del máximo tribunal.
 
En este país, durante los últimos cinco años, dos mujeres han dirigido el Ministerio Público, se tiene una ministra de Gobernación y una de Educación que recientemente renunció a su cargo.
 
En esta ocasión, sólo dos mujeres disputaron la Presidencia de la República, a diferencia de las elecciones de 2011 cuando fueron tres las que participaron para ocupar la silla presidencial y tres para la vicepresidencia.
 
Leopoldo Guerra, director del Registro de Ciudadano, no lo ve con buenos ojos, ya que ahora hay menos mujeres participando.
 
DISCRIMINACIÓN DE GÉNERO
 
Celos de esposos y padres, el temor a que el pueblo hable mal de ellas, haber llegado sólo al tercer grado de primaria o simplemente porque no cuentan con el dinero, son razones suficientes para vetar el acceso a la participación política de las mujeres en Guatemala, principalmente en el área rural.
 
La desigualdad se mantiene en la política de este país, señaló Catalina Soberanis, ex presidenta del Congreso de la República, y sostuvo que la discriminación va más allá, pues únicamente una de ellas representa a las indígenas, pese a que la población de origen maya alcanza los 6 millones de habitantes.
 
En los puestos de ediles, la situación empeoró, indica Soberanis. De 331 corporaciones municipales que gobiernan la nación, apenas ocho mujeres están sentadas en la silla edil y sólo una de ellas pertenece a la cultura indígena.
 
Amalia Taracena, de Convermujeres, destaca que hay que erradicar la idea de que las guatemaltecas son ciudadanas de tercera clase y colocarlas en trabajos donde puedan tomar decisiones.
 
Las mujeres lograron el derecho a ejercer el voto en 1945, aunque en esa ocasión se excluyó a las analfabetas. Veinte años después, en 1965, se extendió el sufragio a todas las mujeres, lo cual hizo de este país el primero de Centroamérica y uno de los más avanzados de América Latina en aprobar el voto femenino.
 
Hoy, en cambio, es junto a Paraguay, Honduras y Brasil, una de las naciones con los índices más bajos de mujeres en el Parlamento.
 
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