Incumplen países sus leyes a favor de la equidad

   Millones de mujeres viven todavía como seres inferiores
Incumplen países sus leyes a favor de la equidad
Por: Sandra Russo
cimac | Buenos Aires.- 02/11/2002

En el último día de sesiones, en un rincón del enorme hall del Centro Cultural San Martín, es fácil distinguir a Daisy Owomugasho. Está ataviada con una túnica multicolor, y finalmente no hubo muchos atuendos africanos en el Foro Internacional de Mujeres contra la Corrupción.

Las organizadoras argentinas siguen preocupadas por el numeroso contingente nigeriano, integrado por más de treinta mujeres, que nunca arribó a Buenos Aires. No hubo ninguna comunicación, y temen que no las hayan dejado salir de su país.

Daisy Owomugasho, de Uganda, licenciada en economía y especialista en pobreza y desarrollo económico, es quien ha dado, finalmente, un panorama de la situación de las mujeres africanas, acorraladas todavía en corsés culturales y sociales que las mantienen en un estado de opresión que las mujeres de otras latitudes han superado.

Owomugasho es clara: viene a hablar del tipo de corrupción que conoce, y que ubica en la desigualdad de los derechos económicos entre los géneros. En Uganda, como en el resto de los países de los que se han relatado experiencias en el Foro, las leyes que equiparan esos derechos están, pero no se aplican.

Esa es una primera y general conclusión de las exposiciones. Los respectivos marcos legales son necesarios pero no suficientes. Tanto en países desarrollados como en países emergentes, la sanción de determinadas leyes no es más que un paso formal. Es la aplicación de esas leyes lo verdaderamente difícil.

"Quiero hablar de la corrupción en el contexto sociocultural de Uganda: allí la corrupción nace de la discriminación y engendra más discriminación", dice Owomugasho. En Uganda, las mujeres no tienen derecho a la herencia ni a los bienes gananciales. Un matrimonio disuelto equivale a un hombre que sigue su camino y a una mujer que debe empezar todo de nuevo.

Las mujeres no tienen acceso a la propiedad privada. No pueden poseer bienes a su nombre. Lo que no es de sus padres es de sus maridos. No pueden llevar adelante actividades comerciales. No pueden pedir créditos. Incluso los pequeños para microempresas que les son otorgados por algunas organizaciones no gubernamentales les son arrebatados por sus maridos, y las leyes no las protegen.

Así las cosas, afirma Owomugasho, se van tejiendo numerosas formas de corrupción sutiles que van de lo privado a lo público y viceversa. Es un tipo de corrupción naturalizada, que las tradiciones ugandesas amparan y contra la que es extremadamente complicado luchar.

En Uganda las mujeres no pueden formar sindicatos. "¿No es esa una forma aberrante de corrupción social?", se pregunta Owomugasho.

En la vista general del Foro, el testimonio de esta economista africana como cierre permite inferir que en el ámbito de la perspectiva de género hay muchos temas nuevos, pero hay otros, históricos, como el de las mujeres ugandesas, que aún no pueden darse por cerrados.

Atrás de esas cuentas pendientes hay miles, millones de mujeres que habitan sus vidas, todavía, como seres de calidad inferior.







       
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