Inicio Irma Campos, una vida de lucha por el beneficio de las mujeres

Irma Campos, una vida de lucha por el beneficio de las mujeres

Abogada, originaria de Parral, hija de un masón y de una testiga de Jehová, Irma Campos Madrigal fue una de las feministas más participativas y reconocidas de Chihuahua.

Halagada, contenta, entusiasmada porque el Instituto Chihuahuense de la Mujer la nombró el año pasado ganadora del premio “María Luisa Reynoso”, Irma narró su vida, dedicada en gran parte a promover leyes y políticas públicas que garanticen la equidad de género.

Orgullosa, reveló que su forma de pensar se la debe a su padre y a su madre, quien, después de haber sido perseguida y hasta apedreada por sus creencias religiosas en Valle de Allende, se hizo libre pensadora.

Describía a su padre como un hombre liberal, de izquierda, quien, gracias a la masonería, aprendió filosofía e ideología igualitaria, antidiscriminatoria. “En ese hogar crecí”, enfatizaba.

Confesó que desde primaria empezó a tener discusiones con sus compañeros y compañeras de clase, sobre todo por cuestiones religiosas y la manera distinta que tenían de percibir a las mujeres. “En la casa, mi papá nunca trató a las mujeres como inferiores”, recordaba.

Irma tuvo una hermana, su padre las trató con respeto y las impulsó a superarse. Inicialmente, cuando le preguntaban, decía que quería ser maestra, pero de pronto cambió de opinión.

La feminista contó la anécdota: “Un día llegué a la casa y le dije a mi papa: ya no quiero ser maestra. Me preguntó por qué. Le dije: porque las maestras son solteras y yo sí me quiero casar. ¿Y ahora qué quieres ser?, me preguntó. Licenciada, le respondí”.

Estaba muy pequeña, pero desde ese momento, Irma supo que sería abogada. Todos avalaron su decisión. De antemano le decían siempre que parecía licenciada porque todo alegaba.

Cuando su hermana decidió estudiar medicina, un amigo de su papá le recomendó que la trajera a la capital del estado a estudiar la preparatoria. Esa fue la razón por la que la familia se vino a vivir a Chihuahua. Irma cursaba la secundaria.

“Nosotros no éramos de recursos holgados, mi papá hizo un gran sacrificio para que estudiáramos”, explicaba.

Fue entonces cuando conoció la discriminación contra las mujeres. Indignada, recordaba que los amigos de su papá le dijeron que estaba loco, que cómo se le ocurría mudarse de ciudad y dejar el negocio, sólo para que sus hijas estudiaran. “Se van a casar y ni van a terminar la carrera”, le advirtieron.

Irma y su hermana hicieron el compromiso de terminar la carrera y ejercer la profesión, aunque se casaran. “Ahora es muy normal pero en ese tiempo era un gran reto porque todas las que estudiaban dejaban de ejercer en cuanto se casaban”, aclaraba.

Irma y Jaime García Chávez se conocieron en la Facultad de Derecho, pero se hicieron novios después. Ambos participaron en el grupo “Ignacio Ramírez”, mejor conocido como “Los Nachos”, famoso porque sus integrantes eran destacados jóvenes de ideología izquierdista.

En ese tiempo, a finales de los sesenta, Irma, junto con otras estudiantes de Derecho, como Cecilia Wong, Francisca Urías y Avelina Gallegos, formaron una sociedad de mujeres a la que denominaron “Roxa Luxemburgo”. Les decían “Las Rosas”.

Aunque en ocasiones tenía dificultades, se asumió feminista desde joven. Algunas amigas le aconsejaban que no lo hiciera porque asustaba a los hombres y no podría entablar una relación amorosa.

Muchos de sus compañeros la acusaban de lesbiana, incluso la perseguían y la espiaban para ver con quién se juntaba. “Eso me disgustaba, no porque criticara a las lesbianas, sino porque yo no era”, indicaba.

Le molestaba que las feministas ahora se “curan en salud” cuando aclaran que no odian a los hombres, sino que los aman.

“Por supuesto que hay hombres que merecen el desprecio de la sociedad, pero no todos, ni sólo por el hecho de ser hombres”, señalaba enfática. Como ejemplo, mencionaba a los feminicidas y a los que agreden a sus parejas. “No podemos amar a hombres que cometen crímenes tan atroces o que destruyen a sus propias familias”, resaltaba.

A su juicio, la mujer debería ser muy clara frente al hombre, sobre todo cuando decide hacer pareja con él. “Si desde el principio le dices: soy feminista, derechohumanista, me tienes que respetar, se va educando”, ilustraba, y entre risas contaba la broma que hacía una amiga: “Cuando platicamos, yo le digo que si quedo viuda me vuelvo a casar. Ella no, dice: qué flojera, educar a otro”.

Pensaba que para encontrar una buena pareja, la clave está en buscar un hombre con cierto perfil. “Si es de izquierda, derechohumanista, tiene valores que seguramente van a fructificar. Por el contrario, si es de derecha y piensa que la mujer fue hecha de la costilla de Adán, no hay principios que podamos cultivar, más bien hay barreras infinitamente infranqueables que nos van a separar”, especificaba.

Irma participó en muchos movimientos sociales ligados a la lucha de izquierda. En su juventud fue integrante del CDP, participó en la fundación de la colonia Villa y apoyó, junto con su esposo García Chavez, la huelga de Aceros de Chihuahua.

Con orgullo, recordaba que cuando terminó el conflicto de Aceros ella propuso que las esposas de los trabajadores se convirtieran en copropietarias de los bienes que se estaban adjudicando y, aunque inicialmente ellos se opusieron, al final aceptaron y hasta la fecha muchas viudas se siguen beneficiando cuando se vende cualquier cosa de la empresa.

Y es que Irma nunca dejó de luchar por el beneficio de las mujeres. Después de la Conferencia Internacional de la Mujer que se celebró en la Ciudad de México en 1975, convocada por la ONU, las feministas chihuahuenses formaron el grupo “8 de Marzo”, cuyo objetivo era promover el Día Internacional de la Mujer.

Desde entonces, el “8 de Marzo” le presentó al exgobernador Fernando Baeza un proyecto para que lo hiciera iniciativa de ley y lo enviara al Congreso del Estado, con el fin de modificar el Código Penal para endurecer las leyes en caso de abuso sexual y violencia de género.

“A las mujeres que venían a mi despacho en busca de ayuda legal, yo les decía: divórciense. Pero ellas no querían divorciarse, querían que sus esposos no las agredieran. No querían que sus maridos estuvieran en la cárcel porque necesitaban su sueldo para sostener a los hijos, por eso propusimos leyes distintas, que tendieran a resolver el problema de fondo”, explicaba.

Aplaudía que ahora haya leyes que penalicen de manera más específica la violencia de género. “Lo que falta es que las mujeres las utilicemos”, resaltaba.

Como abogada, siempre tuvo la idea de que las leyes deben ser perfectas, aunque no se apliquen. “Tenemos la posibilidad de exigir que se cumplan”, argumentaba y, como ejemplo, comentaba que hay muchos magistrados del Supremo Tribunal de Justicia que no tienen ni idea de las leyes que hay para combatir la violencia de género, pero tienen que conocerlas cuando las abogadas les exigen que las apliquen.

Otro avance donde le tocó participar es en la apertura de espacios de poder para las mujeres, sobre todo en las instancias electorales como el Supremo Tribunal Electoral y el Instituto Estatal Electoral, donde, por ley, tiene que haber determinado número de consejeras, gracias a la reforma electoral de 1996.

“Yo sé que actualmente hay mujeres en esos puestos que no saben lo que nos costó abrir esos espacios. Hay que decírselos y exigirles que hagan bien su trabajo”, indicaba.

Pero aún hay muchas limitantes. “Todavía hay muchos techos de cristal que debemos romper”, indicaba y, como ejemplo, señalaba que en el Supremo Tribunal de Justicia hay muchas secretarias, escribientes y juezas, pero pocas magistradas. Lo mismo ocurre en el Gobierno estatal, donde hay pocas funcionarias de primer nivel, apuntaba.

Indignada, recordaba cuando un grupo de feministas le reclamó al exgobernador Francisco Barrio que no tuviera ni una mujer en puestos de primer nivel y el mandatario les contestó que las mujeres no tienen tiempo para esas funciones porque tienen que atender a su familia.

En el terreno social, alababa que los hombres se estén humanizando. “Antes actuaban como animales, sólo engendraban; aunque vivieran en la casa, estaban ausentes. Afortunadamente las cosas están cambiando, ahora muchos hombres hacen el super, cambian pañales y cuidan a sus hijos. Falta avanzar más, están en la etapa en la que sienten que ayudan a la mujer en el trabajo doméstico, todavía no lo asumen como una obligación compartida”, detallaba.

Siempre adelantada a sus tiempos, pensaba que los patrones deberían pagar un sueldo a las esposas de sus trabajadores porque contribuyen sustancialmente a la producción de sus empresas. “A los patrones les favorece que los trabajadores lleguen bien desayunados, bien planchados y lavados, y esa labor la hacen las mujeres”, justificaba. Como argumento, decía que ese trabajo doméstico que hacen las mujeres ahora se está visibilizando en las maquiladoras que ofrecen desayuno y comida a sus empleados.

Irma no se cansaba. Aunque su salud estaba ya deteriorada, planeaba trabajar con las abuelas. Quería sensibilizarlas y empoderarlas para que sean ellas las que promuevan la equidad de género entre sus hijas, nietas y bisnietas. “En esta etapa de la vida hay un gran filón para hacer trabajo feminista”, expresaba emocionada.

La chihuahuense recibió el premio “María Luisa Reynoso” el 25 de noviembre del 2008, Día Internacional para Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

09/DV/LGL

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