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Karla odiaba los “borrachos”, pero sufrió con su forma de beber

Por Gladis Torres Ruiz

Mi mamá me decía que tenía problemas con mi manera de beber, pero “yo decía que a los 20 años no podía ser alcohólica, que eso era para viejos; yo no quería ser alcohólica como mi padre, quien siempre nos maltrató a mis hermanos, a mi mamá y a mí, narra Karla.

La mujer de 27 años de edad, integrante del Movimiento 24 Horas de Alcohólicos Anónimos (AA), Matriz Condesa, señaló a Cimacnoticias que ella nunca imaginó todo lo que pasaría en su vida después de su primer encuentro con las drogas y el alcohol, “terminaba bailando sobre las mesas, desnuda, con mi ropa llena de sangre sin poder recordar lo que había sucedido la noche anterior”.

Al recordar su infancia, Karla indica que en esa época siempre criticó a su padre ya que el siempre tuvo problemas con su manera de beber, “en mi casa hubo golpes, siempre teníamos mis hermanos y yo miedo a que llegará borracho, ya que siempre llegaba a golpear a mi mamá y nos amenazaba con irse de la casa, eso me causaba mucho miedo”.

Yo me quedaba con él en sus crudas, viví todos sus delirios, el ver como se estaba volviendo loco. Esa fue mi infancia a su lado, por eso decía que yo jamás sería alcohólica, odiaba a los borrachos, en mi casa siempre habían borrachos.

“Qué lejos estaba de la realidad, ya que gracias al alcohol perdí mi integridad, mi dignidad como mujer, abandoné todo por beber, metiéndome en problemas, robando, arriesgando mi libertad, ya que yo nunca pude tomar un solo trago, siempre quería más, llegué a tener borracheras de hasta quince días, tuve lagunas mentales y dentro de ellas golpeaba a quien encontrará, hasta a mi madre”.

Lo último que esperé y soñé fue ser alcohólica, indica Karla con voz firme, cuando llegué al grupo me sentía muy culpable de todo lo que había hecho, sentía que a mis 24 años ya había vivido todo, ya no tenía ganas de vivir, pero en AA me dijeron que yo no era culpable que esto, era una enfermedad, que si yo me daba la oportunidad de estar en el grupo, ya no volveríaa beber y así fue.

“Yo no conocía la dignidad, el valor, ni la esencia de una mujer. En el grupo, mis compañeras y compañeros me la regalaron junto con el respeto, me enseñaron a valorarme como mujer”.

Karla tuvo su primer contacto con las drogas en la secundaria a los 14 años, después conoció el alcohol. Años más tarde, apoyada por su madre vivió dos años en el anexo de AA, Matriz Condesa y hace un año se reintegró con su familia.

¿ANEXO?

Los grupos 24 Horas de Alcohólicos Anónimos poseen un Anexo para aquellas enfermas y enfermos alcohólicos que por sus condiciones necesiten un periodo de internamiento. En estos anexos al enfermo alcohólico se le proporciona todo lo necesario para que pueda dedicarse plenamente a su proceso de recuperación, según informa la página Web AA 24 horas.

Destaca que el anexo no es un albergue. Sin embargo, cuando las o los enfermos alcohólicos quedan, por su forma de beber, sin recursos y no tienen dónde vivir, el anexo les proporciona ese lugar necesario para vivir durante un tiempo y puedan dedicarse plenamente a su proceso de recuperación. El anexo es para aquellos enfermos alcohólicos que, aunque tienen recursos, quieren dedicarse las 24 horas del día plenamente a su recuperación.

Los enfermos alcohólicos que deseen anexarse, no tienen que pagar nada, enfatizan.

LAS HUELLAS INVISIBLES DE LA VIOLENCIA

De acuerdo con información del Proyecto Malva de la Fundación Salud y Comunidad, cuando una víctima está inmersa en una situación de maltrato, su salud puede verse mermada no sólo a nivel físico, sino también a nivel psicológico. A menudo las víctimas no identifican sus propias vivencias como una situación de violencia.

Los insultos, las amenazas, las desvalorizaciones constantes, la ridiculización, etcétera, son manifestaciones palpables de malos tratos psicológicos, que llevan a las víctimas a situaciones de estrés, ansiedad y desbordamiento. Esta ansiedad puede estar motivada no sólo por las agresiones directas sino por estar en alerta constante.

En este sentido, el documento del Proyecto Malva explica que la cronicidad de los abusos psicológicos genera un cúmulo de consecuencias negativas para la salud psicológica y emocional de la víctima, como depresión, miedo, ansiedad generalizada, alteraciones del sueño y escasa autoestima.

Mientras que en otros casos la víctima tiene comportamientos autodestructivos como el abuso de alcohol y otras drogas, las cuales usa como vía de escape, para hacer frente al malestar que le genera el maltrato recibido, llegando en ocasiones al suicidio.

Por lo que, según el documento, la culpabilidad experimentada por las víctimas en estas situaciones dificulta los procesos de búsqueda de ayuda y apoyo para poner fin a esta situación.

07/GT/GG

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