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La reforma política: ciudadanía y género

Por la Redacción

A fines del año pasado, el Ejecutivo Federal presentó una serie de iniciativas que se enmarcan dentro de la reforma política y abarcan la reelección consecutiva de legisladores y presidentes municipales; reducción del número de integrantes de las dos cámaras, aumento del porcentaje para que los partidos políticos conserven el registro; iniciativa legislativa ciudadana y candidaturas independientes; segunda vuelta en elecciones presidenciales; facultades a la suprema corte para presentar iniciativas; así como carácter preferente de las iniciativas del presidente y que éste tenga capacidad de observar los proyectos aprobados por el congreso.

Con esta agenda, Calderón pretende responder a la demanda de la ciudadanización del poder frente a la crisis de representación política, la pérdida de credibilidad en el sistema de partidos políticos y el cuestionamiento de la efectividad de las instituciones públicas que se ha venido manifestando de distintas maneras en los últimos meses, de manera particular en las elecciones federales recientes donde un grupo importante de ciudadanos hicieron evidente su desacuerdo mediante el voto nulo.

Ahora frente a las iniciativas de reforma política de Calderón diferentes actores políticos y sociales han manifestado la voluntad de abrir el debate público sobre la conveniencia y alcance de esas propuestas para lograr una reforma política que implique una profunda reestructuración de las instituciones públicas, de la forma como se ejerce el poder y de la relación del gobierno con la sociedad, incluyendo la definición de mecanismos que aseguren la participación ciudadana, la transparencia y la rendición de cuentas.

Así pues, la reforma política necesaria no puede quedarse en los acuerdos entre las fuerzas políticas, sino que debe incluir también a la ciudadanía y por ello son importantes los foros de discusión como el que se realizará el 29 al 31 de enero en Monterrey constituidos en la IV Asamblea Nacional Ciudadana en la que se reunirán hombres y mujeres, de distintas edades y profesiones para debatir sobre el gobierno que queremos y merecemos.

En este marco, es importante colocar en la agenda el enfoque de género y la representación política de las mujeres, pues sin duda es uno de los grandes pendientes de nuestra democracia. Para poner en contexto el tema recojo las palabras de Maria Betania Avila, feminista brasileña, quien afirma que “para las mujeres la Reforma Política se realiza en un contexto absolutamente marcado por la desigualdad de las relaciones entre hombres y mujeres, en todas las dimensiones de la vida social y de manera particular en la esfera de la política. Los hombres son hegemónicos en los espacios de poder, en los partidos, en los movimientos sociales mixtos, aún cuando las mujeres son mayoría, el poder es hegemonizado por los hombres.”

Esta realidad se traduce en diferencias estructurales para el reconocimiento de la ciudadanía de las mujeres quienes apenas en 1953 en México alcanzamos el derecho al voto pero que aún ahora no ejercemos plenamente nuestros derechos pues participamos en condiciones diferentes en un mundo construido por y para los hombres.

Sin embargo, existe la oportunidad en esta corriente de ciudadanización del poder público de colocar en el debate la revisión el concepto de ciudadanía, “bajo la consideración de que ésta se compone por igual de mujeres y hombres y, en consecuencia, ambos deben estar representados en porcentajes iguales en el sistema político.

No se trata únicamente de cubrir una cuota mayor de cargos políticos a favor de las mujeres, sino de reconocer y respetar, de manera efectiva y en un sentido amplio, la igualdad entre mujeres y hombres.” En este sentido, la democracia no será tal mientras se impida el ejercicio efectivo del poder político a las mujeres y ello implica apostar a una democracia paritaria.

Con esta lógica, cada una de las propuestas ciudadanas para la reforma política deben analizarse también desde un enfoque de género, es decir considerando las repercusiones e impactos que tienen para una ciudadanía que está integrada por hombres y mujeres que participan en contextos diferentes.

Por ejemplo, al debatir sobre los espacios plurinominales, no sólo desde el costo de disminuir el número de diputados sino considerando que hasta el momento ha sido esa vía para hacer efectivas las cuotas y por la que mayoritariamente ha permitido que más mujeres lleguen a los congresos.

Un ejemplo más, al analizar el tema de la reelección considerar que las oportunidades políticas y económicas para que hombres y mujeres participen, no son las mismas y por lo tanto son necesarios incentivos que los coloquen en situación de igualdad.

Creo que la ciudadanía estará más abierta a revisar y proponer mecanismos e incentivos desde la perspectiva de género para lograr una igualdad sustantiva entre hombres y mujeres, y con ello transformar de fondo nuestra sociedad.

* Ex diputada federal y feminista

10/MT/LR/LGL

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