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Las jóvenes demandan más espacios educativos

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa
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Jóvenes que no fueron aceptados en universidades públicas –la mayoría mujeres, de bajos recursos, egresadas de Bachilleres y provenientes del Estado de México– protestaron hoy en demanda de mayores oportunidades de educación.
 
Mujeres jóvenes se manifestaron en el centro de esta capital luego de que en el reciente examen de admisión para educación superior, de 200 mil aspirantes a alguna licenciatura sólo 20 mil lograron ingresar, por lo que 90 por ciento de estudiantes quedó fuera.
 
Xóchitl Díaz, integrante desde hace seis años del Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (Maes) y que está por terminar la carrera de veterinaria en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), señaló que son las jóvenes de bajos recursos y de zonas conurbadas quienes por lo general son rechazadas de las universidades públicas.
 
Indicó que la mayoría de ellas son egresadas del Colegio de Bachilleres (Cobach), donde la educación es deficiente. Agregó que incluso el mismo Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superio (Ceneval) –asociación civil encargada de los exámenes de admisión– reconoció frente al Maes que si las y los aspirantes tienen mayores recursos económicos, entonces tendrán más oportunidades de ingresar.
 
Por esto, añadió Díaz, es necesario que las pruebas de ingreso consideren la desigualdad socioeconómica que acompaña a las y los aspirantes cuando realizan el examen, y se elaboren estrategias que no perpetúen la falta de oportunidades.
 
La estudiante puso como ejemplo que en 2008 la UAM dejó de considerar el resultado de las evaluaciones como el 100 por ciento del criterio para avalar el ingreso, y ahora toma en cuenta el promedio final del bachillerato de la o el estudiante.
 
Con ello se logró que la tasa femenina de ingreso se elevara al doble, ya que antes de ese año ingresaban a la UAM sólo cinco de cada 100 mujeres, y ahora son admitidas 10 de cada 100, explicó la activista.
 
Así, el Maes solicitó hoy una mesa de diálogo con el secretario de Educación Pública, Emilio Chauyffet Chemor, y representantes de la UNAM, UAM, Instituto Politécnico Nacional y las universidades Autónoma de la Ciudad de México, Pedagógica Nacional y Autónoma del Estado de México, para saber qué opciones van a dar a más de 200 mil jóvenes rechazadas y rechazados.
 
DESIGUALDAD DE GÉNERO EN EDUCACIÓN
 
En diversos estudios, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) asegura que las mujeres indígenas y en pobreza sufren mayor desigualdad en el acceso a la educación que el resto de la población.
 
Cepal detalla que en Ecuador y Panamá –por ejemplo– 43 por ciento de las mujeres no indígenas ocupadas tienen al menos estudios de secundaria, pero las indígenas en esta situación representan el 9 y 13 por ciento, respectivamente.
 
En Brasil, México, Perú y Uruguay la diferencia entre la población indígena y no indígena con el mismo nivel de estudios es el doble.
 
Jóvenes entrevistadas por Cimacnoticias durante la marcha de hoy del Ángel de la Independencia a la SEP, en el Centro Histórico, dijeron provenir de municipios como Ecatepec, Chimalhuacán y Nezahualcóyotl (de los más pobres y poblados del Estado de México).
 
Todas ellas estudiaron en Cobach y el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep). Al menos seis de ellas egresaron con promedios superiores a 8.5 y 9. Cuatro han sido rechazadas más de una vez y en más de una universidad, y otras cuatro contaron que una hermana o hermano mayor pasó por lo mismo y dejó de estudiar.
 
A decir de madres de las jóvenes también presentes en la protesta, el ingreso familiar no supera los 10 mil pesos al mes para una familia de hasta seis integrantes. Sólo en uno de los casos, los padres tendrían los recursos para pagar una escuela privada, pero sin considerar gastos de transporte y alimento.
 
La mayoría de las jóvenes tiene entre 18 y 25 años. Una de ellas quiere ser ingeniera petrolera, otras diseñadoras, otra abogada y una más médica cirujana partera.
 
Más de la mitad siente presión por parte de su familia y la sociedad para empezar a trabajar, se sienten “señaladas y culpables” por no haber ingresado a la escuela, pero todas están convencidas de que no desistirán de intentarlo.
 
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