Las rejas del alma: mujeres presas por narcotráfico

   Abandono, discriminación y pérdida de todo, su contexto
Las rejas del alma: mujeres presas por narcotráfico
Por: Sandra Russo
cimac | Buenos Aires.- 01/11/2002

"Somos unas pobres ratas". Así se definen las mujeres detenidas por violación a la Ley de Estupefacientes que participan de los talleres organizados, en la ciudad argentina de Rosario, por la ONG Acción Sur: Mujeres y Drogas. El relato de esta experiencia reveladora le pertenece a Norma Valentino, licenciada y docente en comunicación social en la Universidad de Rosario, y creadora de esos talleres.

En Argentina, como en otros países de América Latina, es creciente la inserción de las mujeres en el tráfico de drogas. Aquí, 40 por ciento de las mujeres presas lo están por esa causa. En los talleres creados por Valentino se realizaron extensas entrevistas para determinar quiénes son estas mujeres, qué delitos cometieron, qué función cumple la Ley de Estupefacientes para hombres y mujeres, y si se trata de una ley eficaz.

¿Quiénes son ellas? Vendedoras al por menor, "mulas" (correos), a lo sumo intermediarias de muy poca cuantía. El perfil indica que son mujeres inteligentes y capaces de tomar decisiones rápidas, y se completa con otro rasgo de género: a todas les cuesta visualizar la venta de drogas como un delito, se sienten víctimas de procesos judiciales irregulares, y la cárcel para ellas es un no-lugar: es tiempo suspendido, muerte en vida.

Todas, además, recurrieron a la venta de drogas para sostener a sus familias. Se trataba de familias ya casi desintegradas, disfuncionales, y de mujeres que sólo habían accedido a una noción de amor "cuantificado", dice Valentino: un amor que se traduce en algo material que se puede dar, cierta especie de amor vinculado al consumo.

Ese tema, el del amor, a todas les quema en la cárcel. Y no son pocas las que, a través del contacto con curas o monjas, allí, descubren que hay otro tipo de amor, que no implica tener que estar obligadas a proveer. Sus relaciones sentimentales son un fracaso. Pero son muy autoexigentes e hiperresponsables: lo que han hecho lo han hecho por los hijos.

Es muy raro que una mujer cometa este tipo de delito si no es en nombre de alguien querido. Ya detenidas, experimentan sentimientos de pérdida (de familiares, de pertenencias, de afecto), de discriminación (el sistema judicial las mantiene presas en cárceles provinciales pero a disposición de la justicia federal, lo que equivale a la permanente amenaza del traslado, y con él, a la pérdida de todo contacto humano con hijos o amigos) y de abandono (los hombres visitan mucho menos a sus mujeres presas que las mujeres a sus hombres detenidos).

¿Dónde aparece la noción de corrupción en este contexto? Hay muchas ventanas, pero la más palpable es que ninguna de ellas se considera traficante de drogas, sino apenas "pobres ratas", porque saben que los traficantes de drogas nunca caen, y ellas cayeron.

La fuerte percepción de que los "peces gordos" siempre se salvan coincide con la realidad: las "pobres ratas" son la excepción a la regla, lo más delgado del hilo, la falsa prueba de un estado que dice luchar contra el narcotráfico pero solamente mete presos a los miembros del mapa del delito incapaces de sobornar.







       
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