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“Lobo siberiano”: un cibercurapederasta

Por Sanjuana Martínez*

El sacerdote Rafael Muñiz López se había aficionado a la pornografía infantil y desde su parroquia de San Pedro Apóstol en Xalapa, Veracruz, distribuía hace años cientos de imágenes, fotografías y videos de sexo explicito entre adultos, niñas y niños, de 0 a 10 años de edad.

Sus superiores eclesiásticos no supervisaron su conducta, por el contrario, le dieron la libertad de llevar una doble vida, como tantos otros sacerdotes que rompen sus votos de castidad. Sus relaciones con mujeres eran públicas y notorias y su predilección por los menores de edad era considerada como un pecado más. En la red, el padre Rafael se hacía llamar “Lobo siberiano”.

El perfil pedófilo del presbítero quedo constatado en las pruebas periciales psicológicas, dictámenes de informática forense y en el auténtico arsenal pornográfico infantil que tenía en su parroquia, incautado por elementos de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal que realizaban desde el 2007 la investigación que terminó exitosamente con la respectiva consignación.

El padre Rafael Muñiz López era el líder principal de la red de pornografía infantil compuesta por otros cinco sujetos que intecambiaban y comercializaban el material por Internet y que operaba en el Distrito Federal y los estados de Hidalgo, Puebla, Aguascalientes, Veracruz y Yucatán. El cura enviaba el material también a redes de ciberpederastas ubicadas en Estados Unidos, Rusia, España, Chile y Colombia.

La investigación contra el sacerdote y sus compinches es un hito en la historia judicial de México, particularmente porque es la primera vez que un juez acepta como prueba las comunicaciones electrónicas intervenidas a los ciberpederastas. El párroco aceptó mantener relaciones con mujeres adultas: “Soy un ser humano, soy heterosexual, y la carne es débil. Ése es el precio que tiene que pagar uno por ser guapo”, dijo sin ambages en su declaración judicial.

Por lo anterior, resulta vergonzosa y hasta delictiva la actitud de la jerarquía católica mexicana que sigue defendiendo al padre Rafael Muñiz López, a pesar de haber sido consignado por los delitos de delincuencia organizada y pornografía infantil calificados.

Frente al silencio ominoso de la Conferencia Episcopal Mexicana sobre este caso, se encuentra la defensa a ultranza del obispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios que se ha dedicado a destinar los recursos económicos necesarios para la defensa legal del cibercurapederasta.

El obispo lleva meses defendiendo la inocencia del padre Rafael Muñiz argumentando que la procuraduría del Distrito Federal no tiene pruebas y que incurrió en irregularidades a la hora de su detención: “Sabemos que la policía del Distrito Federal entró al estado sin autorización, confiscaron máquinas sin orden de cateo, al padre lo aprehendieron en la calle…”.

El obispo Reyes Larios no ha escatimado tampoco la intensificación de sus relaciones con el gobierno de Fidel Herrera a tal grado que consiguió que la procuraduría del estado de Veracruz se inhibiera en la investigación e incluso bloqueara las actuaciones de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal.

Las autoridades capitalinas esperaban que el procurador veracruzano Salvador Mikel Rivera iniciara su propia investigación en Veracruz sobre todo para encontrar a las pequeñas víctimas del padre Rafael, pero este sencillamente no actuó al respecto.

No es la primera vez que el obispo Reyes Larios defiende a sacerdotes acusados de delitos deleznables. El año pasado el párroco Jesús Sandoval González conocido mejor como el padre Chuchin fue acusado de abusar sexualmente de niños de la casa hogar Manuel Pío López. Al igual que en el caso del padre Rafael Muñiz, el procurador veracruzano bloqueó y dilató la averiguación previa, pese a que el DIF local integró perfectamente el expediente delictivo para presentar la denuncia en su contra.

Finalmente el escándalo difundido por la prensa de Boca del Río y el cúmulo de pruebas y testimonios de las pequeñas víctimas terminaron por hundir al sacerdote que purga condena en prisión, aunque la jerarquía sigue asistiéndole.

La defensa de obispos y cardenales a curas pederastas o ciberpederastas es una vergüenza para la propia Iglesia. Exhibe la connivencia de la autoridad eclesiástica con este tipo de delitos y los convierte en cómplices. Los fieles católicos tienen el derecho de exigir un cambio de rumbo de la Iglesia mexicana ante los delitos sexuales de sus curas.

El número de casos se acumula, la negación desde la institución incrementa la sospecha, la defensa de los delincuentes frente al rechazo de las víctimas envilece a la jerarquía y provoca el incremento irremediable del éxodo de católicos.

¿Hasta cuando los obispos y los cardenales de México afrontarán los delitos sexuales de sus sacerdotes con honestidad y dignidad? ¿Hasta cuando ofrecerán justicia y reparación a las víctimas? ¿Hasta cuando aplicarán métodos de prevención para proteger a nuestros niños? ¿Hasta cuando pedirán perdón?
Es hora de que los católicos mexicanos empiecen a exigir un cambio.

* Sanjuana Martínez es periodista de investigación freelance, autora de varios libros, el más reciente: “Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical” (Editorial Planeta).

09/SM/GG

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