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Locatarias retoman liderazgo para defender a La Merced

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En la zona de La Merced, principal centro de abasto popular en esta capital desde los tiempos de la Colonia –cuya actual infraestructura se logró hasta 1957–, las mujeres son la primera fuerza laboral como locatarias y contribuyen día con día a la permanencia de este inmenso mercado.
 
Ellas son, al mismo tiempo, titulares de los comercios y empleadas. Venden chiles secos y semillas, comida preparada, artesanías, cremería, flores artificiales y festón, dulces típicos, blancos, imágenes religiosas, velas y jarcería, cestería, artículos de limpieza, madera y otros cientos de productos de una variedad inmensa. “Si no lo venden en La Merced, no existe”, dice el dicho popular.  
 
Algunas de las comerciantes conforman la tercera generación de familias que trabajan en La Merced (o “La Meche”, como también se le conoce popularmente), y desde niñas no conocen otro medio laboral.
 
Estas mujeres enfrentan dificultades personales para estudiar o sostener a su familia; sin embargo se esfuerzan para organizarse y afrontar todos los días el deterioro en el que se encuentra este legendario mercado.  
 
Así lo muestran el libro y documental “Trayectorias de vida de las mujeres comerciantes de La Merced, Centro Histórico de la Ciudad de México”, del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
 
Ambos documentos –coordinados por la doctora en Economía Alicia Ziccardi Contigiani– se realizaron a fin de recuperar las historias de vida de Rosa, Mireya, Guadalupe, Marina, Yolanda, Nancy, Valeria, Irene, Lourdes, Guillermina, Paola, Lucila y Leonor, todas locatarias en los 11 mercados que integran La Merced.
 
UNA VIDA EN “LA MECHE”
 
“Para mí La Merced es algo especial porque aquí viví mi niñez y mi juventud, aquí conocí a mi esposo, tuve a mis hijos. Es un mercado grandioso que debemos rescatar porque es el futuro que le vamos a dejar a nuestros hijos”, dijo en entrevista para la UNAM Rosa María García, comerciante de limones en la Nave Mayor, y presidenta y fundadora de la Coordinadora Nacional Democrática de Mujeres.
 
Rosa nació en el DF y trabaja en los locales que heredó de sus abuelos y sus padres, quienes inauguraron La Merced en 1957 con la venta de la fruta que producían en su natal Puebla.
 
Para ella fue difícil estudiar la universidad porque no tuvo las mismas oportunidades que sus hermanos varones. Su madre le decía: “No, a mí no me interesa la tarea, tú llegas de la escuela y te quiero en el puesto a tal hora (…); no nada más eres tú, también tengo a tus hermanos y los tengo que apoyar y no me va alcanzar, tú ahí te quedas y le vamos a echar ganas con los hombres”.
 
La comerciante aseguró que La Merced no es lo mismo que en la década de los 70 –su periodo de auge–, ya que con la llegada de la Central de Abasto –en la delegación Iztapalapa, al oriente de la capital del país–, las ventas se vinieron abajo.
 
A esto se sumó el descuido y abandono por parte de las distintas administraciones del Gobierno del Distrito Federal (GDF) que sólo ven a La Merced como “un botín político”.
 
La omisión y corrupción del GDF –aseguró la comerciante– ha permitido que crezca el caos vial en las calles aledañas, la inseguridad y la basura, a lo que se agrega la falta de estancias infantiles y la violencia machista contra las trabajadoras.
 
“El que sea mujer influye porque siempre las organizaciones se manejan por hombres y es muy difícil que se respete a las mujeres. En el mercado tenemos muchos compañeros que son muy cerrados y machistas, y el que una se mueva y vaya para acá y para allá y se organice no les gusta”, observó Rosa.
 
Por eso fundó en 1997 la organización de mujeres que ahora dirige y desde la que trabaja “hombro a hombro” con otras locatarias –de diferentes edades y preparación profesional–, para defender derechos para la población femenina trabajadora, tales como los servicios médicos gratuitos.
 
El resto de las trayectorias de vida de estas locatarias coinciden en que en los más de 50 años de vida de La Merced desarrollaron un gran gusto por el comercio, un fuerte arraigo al mercado y un sin fin de estrategias para sortear a diario las malas condiciones en las que se encuentra actualmente esta zona de comercio.
 
FUENTE DE ABASTO PARA FAMILIAS POBRES
 
Guillermina Jarquim, fabricante de cortinas y sábanas en el mercado “El Banquetón”, se dijo preocupada por la actual situación de La Merced, ya que su declive afectaría también a las y los clientes.
 
Ella vende lo que produce: compra retazos de tela, los anida, les pone resortes en las esquinas y las hace sábanas de cajón que cuestan sólo 20 pesos.
 
“Yo le vendo a la gente humilde que no puede comprar en los centros comerciales. Hay gente muy pobre que tiene un chingo de chamacos; ¿con qué los tapan? ¿Qué le ponen en la cabecita?”, se cuestiona esta mujer de 70 años de edad, quien todos los días paga 10 pesos a los policías para que cuiden el mercado.
 
Horacio Robles Ojeda, director general de Abasto, Comercio y Distribución de la Secretaría de Desarrollo Económico del DF, dijo a Cimacnoticias que La Merced está conformada por 6 mil 500 comercios distribuidos en 10 mercados, y otros 6 mil 200 locales acomodados en las afueras que integran otro mercado.
 
En ellos laboran alrededor de 13 mil personas, de las que se estima que la mitad son mujeres; no obstante, la gran mayoría de los locales –sin brindar cifras– tiene como titular a una mujer, explicó el funcionario.
 
De acuerdo con Robles Ojeda, esto se debe a que desde hace años los padres decidieron heredar a sus hijas los comercios porque se comprometían más que los varones, quienes prefirieron otro tipo de empleos.
 
Esta nueva conformación en la fuerza laboral de La Merced dio como resultado nuevas organizaciones de comerciantes, en las que las mujeres están al frente y “son más exigentes, con más compañerismo y transparencia”, aseguró.
 
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