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Los adolescentes, el SIDA y la Iglesia Católica

Por Arancha Desojo

Una de cada cinco personas en el mundo tiene entre 10 y 19 años de edad, la cifra de adolescentes más numerosa de la historia de la humanidad. La mitad de ellos es pobre y uno de cada cuatro vive en extrema pobreza (con menos de un dólar al día).

Estos datos están contenidos en el informe Estado de la Población Mundial 2003, publicado recientemente por el Fondo de Población de la ONU (FNUAP), que también calcula que el 50 por ciento de las nuevas infecciones por SIDA en el mundo se trasmiten a adolescentes (unas siete mil personas al día es la escalofriante cifra que maneja la Organización Mundial de la Salud, OMS).

La franja de edad de 15 a 24 años constituye el 30 por ciento de los 40 millones de personas que viven infectadas en el mundo. Además, el SIDA ha dejado huérfanos a más de 13 millones de menores. La enfermedad hace estragos especialmente entre las jóvenes: en África, casi el 70 por ciento de los casos se dan mujeres.

La población femenina corre entre dos y cuatro veces más peligro de contagio que los varones, aumentado este hecho por la desigualdad entre ambos sexos, también a la hora de recibir sanidad y educación. El informe incide en la importancia de proporcionar salud reproductiva a los adolescentes como la mejor forma de luchar contra el SIDA y favorecer el desarrollo.

La mayoría de los jóvenes seropositivos desconocen que lo son, así como desconocen igualmente el estado de sus compañeros sexuales respecto de la infección. Se comprende que sean los adolescentes el objetivo principal de la información y la educación para el cambio de actitudes, tras la revisión de los más recientes estudios de impacto y transmisión.

Esfuerzos adicionales se realizan en cuanto a información sobre prevención y terapia, pero en los países más afectados por la enfermedad las conversaciones sobre cuestiones sexuales son tabú, y los jóvenes son naturalmente atrevidos y confiados.

Las desigualdades en el trato entre mujeres y hombres son notorias, favorecidas por las normas sociales. El sometimiento femenino a los varones, cumpliendo en primer lugar los deseos de los padres, hacen que los matrimonios acordados y tempranos sean numerosos, interrumpiendo la educación y reduciendo las oportunidades de las mujeres, a la vez que favorecen el sometimiento a otro varón, en este caso su nuevo esposo.

Adicionalmente, en algunos países el uso de anticonceptivos está vetado por la Iglesia Católica. Por ello los infectados de SIDA más que enfermos son pecadores, y no existen embarazos no deseados.

Pero las desigualdades económicas, además de las desigualdades de género son manifiestas también: tomemos como ejemplo Argentina, donde el 70 por ciento de los jóvenes es pobre, el 60% de las adolescentes no acaba la escuela primaria y cada vez mayor número de ellas se quedan embarazadas varias veces seguidas. Como resultado el 43% de los casos de SIDA corresponde a mujeres.

Según Marisela Padrón, directora para Latinoamérica del FNUAP, “la educación sexual debe empezar desde edad muy temprana”. “No es verdad que propicie el libertinaje: el conocimiento proporciona responsabilidad”.

Según la Directora Ejecutiva del FNUAP, Thoraya Ahmed Obaid, la facilidad en el acceso a servicios sanitarios orientados a los jóvenes y una información fiable proporcionada a la edad pertinente refuerza el comportamiento adecuado.

A este respecto, el FNUAP ha expresado su desconcierto con las declaraciones en un documental de la cadena británica BBC del cardenal Alfonso López Trujillo, responsable del Consejo Pontificio para la Familia, en contra de todas las políticas de prevención de transmisión del SIDA y de control de embarazos propiciados por la ONU y la OMS en las últimas décadas.

Según el cardenal los preservativos no impiden el paso ni a los espermatozoides ni al VIH. La Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha apresurado a afirmar que la evidencia científica ha demostrado que los hechos contradicen las palabras del cardenal, y ha resaltado la impropiedad y la falta de rigor y sensibilidad que muestra la Iglesia católica respecto al problema del SIDA en el mundo.

Además, ha afirmado tajantemente que sus palabras hacen peligrar las vidas de las personas que las creen, y dejan por ello de usar anticonceptivos.

El informe de la FNUAP apunta que el alto coste y las consecuencias sociales de impedir los derechos a la información y la salud reproductiva de los adolescentes está en contra del desarrollo.

Los países que invierten en educación y salud aumentan el número y la capacidad de la población en edad de trabajar.

Retrasar y no proveer de los fondos necesarios los programas que permitan a los jóvenes evitar los embarazos no deseados y las enfermedades sexualmente transmisibles impiden el desarrollo y fomentan la transmisión del SIDA. El dinero desembolsado en corregir esta tendencia resultará una inversión de futuro.

* Cortesía Agencia de Información Solidaria

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