Inicio Los hijos de odio, consecuencia del genocidio en Ruanda

Los hijos de odio, consecuencia del genocidio en Ruanda

Por Miriam Ruiz

Entre dos mil y cinco mil se contabilizan los “hijos de odio”, resultado de 250 mil violaciones en 100 días contra mujeres tutsi, por parte de la etnia hutu, hace 10 años, cuando 1.7 millones de personas fueron asesinadas en la República africana de Ruanda, según datos de la Oficina Nacional de Población de ese país.

De acuerdo con datos del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) difundidos en el portal Women, War, Peace, la población masculina de esa nación fue el blanco de la revuelta, por lo que hoy las mujeres forman el 70 por ciento de la población, y son jefas de hogar en la mitad de los casos.

“Este cambio demográfico tiene muchas repercusiones para las mujeres como madres, cuidadoras, trabajadoras y ciudadanas” quienes, por un lado, son más vulnerables pero han logrado espacios en otras instancias de justicia nacional e internacional, indica UNIFEM.

Pese al silencio que rondó a las miles de violaciones durante años, el antecedente de Ruanda y de la ex Yugoslavia lograron que se reconociera que la violencia sexual es un arma de guerra y que constituye, junto con la esclavitud sexual y el embarazo forzado, crímenes de lesa humanidad.

En 1998, el caso Akayesu del Tribunal Internacional de Ruanda, dictaminó que la violación, como método para destruir un grupo protegido al causarle daño físico o mental, constituye un acto de genocidio, refiere Amnistía Internacional (AI) en el documento Asegurar justicia para las mujeres.

Este 6 de abril, organismos internacionales pugnan por la entrada en vigor de la Corte Penal Internacional (CPI), tribunal que juzgaría este tipo de crímenes cometidos en cualquier lugar del mundo como una estrategia para cerrar la posibilidad a más genocidios.

Falta la ratificación de ocho países para alcanzar las 100 que se requieren para que entre en acción este órgano. Aunque México firmó el Estatuto de Roma, está pendiente en el Senado la ratificación de la CPI, pese a las presiones de organismos de derechos humanos.

6 DE ABRIL, 1994

Elizabeth Rehn y Helen Johnson consignan en el libro Mujeres, Guerra, Paz, editado por UNIFEM, el testimonio –narrado al tribunal– de una sobreviviente ruandesa que fue violada durante casi tres meses por decenas de hombres.

Además de los daños ocasionados a sus genitales, la mujer padece graves trastornos estomacales y la mayor parte del tiempo está fuera de la realidad, pero en sus momentos de lucidez asegura que no sólo quienes la violaron son culpables, sino aquellos que planearon el ataque y dieron las órdenes de asesinar a todos los hombres y violar a las mujeres.

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