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Los secretos femeninos

Por Marta Guerrero González

Las mujeres con problemas de carácter personal, como puede ser el acoso sexual, la menstruación, el embarazo, el aborto, los golpes y un montón de asuntos íntimos, solemos guardar en secreto lo que nos sucede o por lo menos no lo ventilamos frente a las personas indicadas. Esto agrava el problema y no nos ayuda a resolverlo en el fondo. Compartir nuestras inquietudes y preocupaciones con las amigas o con los familiares nos ayuda a desahogarnos pero no a salir del lío.

En el acoso sexual callar agudiza el propio acoso y nos aleja de la posibilidad de ser creídas a largo plazo. Lo mismo en los golpes y en casi la mayoría de los casos. Pero lo que sucedió el otro día fue algo demasiado fuerte para suceder dentro de un hogar sin experiencia alguna.

Una señora contrató a una muchachita para el aseo doméstico, ella no le avisó que estaba embarazada y su patrona no sospechó porque no se le notaba. El asunto es que la chica dijo que saldría el viernes de paseo, pero no lo hizo. La patrona recibió a una costurera quien requirió de una plancha en el cuarto de arriba.

Cuando subió escuchó a un bebé llorar, pero la habitación estaba cerrada con llave. Después de un rato, la señora encontró la llave. Cuando abrió, la muchacha estaba en el suelo, completamente vestida, en un mar de sangre. La cara la tenía azul, sangraba de la boca y no veían por ningún lado al bebé. De pronto la muchachita se empezó a convulsionar, no sabíamos que le estaba pasando. La vecina me llamó desesperada. Llamé a la ambulancia del hospital General de Naucalpan (fantásticos) y mientras tanto fui en ayuda de mi amiga. Me explicó lo del bebé que lloraba pero al que no encontraba. Delante de mí empezó de nuevo a convulsionarse. Después de rebotar en el suelo, descubrí que un bulto se movía dentro de sus pantalones ensangrentados ¡ahí estaba el bebé!

El asunto fue el siguiente, la chica sabía de su embarazo pero no lo dijo ni a sus hermanas, la noche anterior (suponemos porque la cama estaba sin abrir) se sintió mal se dirigió al baño y ahí le vino una subida de presión enorme perdió el conocimiento y su parto siguió el proceso normal, su bebé se abrió camino a la vida, incluso entre sus pantalones ¡ajustados y sus calzones bikini! Parte de la placenta salió pero el resto, los médicos tuvieron que limpiar en el quirófano. Corté el cordón y calenté al niño, ambos tenían hipotermia, nunca supimos cuantas horas estuvieron así.

La madre se pasó más de una semana en terapia intensiva sin recordar absolutamente nada, el bebé en pediatría, dos semanas.

No dábamos crédito de lo que fuimos capaces de hacer por ella. No es lo mismo verlo en la tele que hacerlo, sin dirección ni nada. Al final ambos se salvaron, siguen delicados pero fuera de peligro. Se pudieron haber muerto, ahí perdidos en un cuarto que no se abriría sino hasta el lunes. Fue una casualidad que fuera la costurera y que yo no hubiera salido de la ciudad y ¡que reaccionara positivamente! Creo que fue un milagro, pero pudo haber sido una tragedia. Es mejor hablar las cosas para prevenir situaciones así.

*Periodista y escritora mexicana

2004/MG/LR

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