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Magaly Pineda, la abuela feminista que nunca dejó de aprender

Por Anayeli García Martínez
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Con su tableta en la mano, siempre revisando correos, redes sociales, leyendo comentarios, escribiendo textos, a sus 73 años de edad la dominicana Magaly Pineda Tejada se interconectaba con el mundo sembrando las ideas feministas, convencida de que la igualdad de género no era un tema del pasado ni escapaba de los avances tecnológicos.
 
Su lucha en República Dominicana y América Latina y el Caribe trascendió desde antes de su muerte, acaecida hoy 29 de marzo, apenas una semana después de su cumpleaños.
 
En sus travesías por la región, la feminista visitó varias veces México. En 2015 estuvo en dos ocasiones: en agosto para participar en la Quinta Conferencia Ministerial sobre la Sociedad de la Información (conocida como e-LAC), y en octubre para asistir a la Segunda Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo.

A pesar de vivir con cáncer, en sus giras era una joven sonriente y aventurera que gustaba de relacionarse con las generaciones interesadas en sumergirse en el feminismo y, es que aun siendo una veterana del movimiento, en cada encuentro se le veía atenta a escuchar las dudas y propuestas de las jóvenes, y prestar atención a las ideas de los hombres.
 
En aquella reunión de e-LAC, en agosto pasado, en la que se planteaba una agenda digital hacia 2018, de manera previa Pineda Tejada se reunió con feministas incipientes en el uso de la tecnología comunicacional, y con expertas sin mayor conocimiento sobre igualdad.
 
Con ambos grupos trabajó y a los dos incitó a dialogar entre ellas y a interactuar con los varones y los líderes de la tecnología.
 
Acostumbrada a trabajar desde varios frentes, el año pasado restaba atención a los acuerdos de cooperación regional en materia digital, y al mismo tiempo estaba conectada y con su tableta seguía las discusiones de Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que se acordarían con miras a su cumplimiento en 2030.
 
Ningún tema le era ajeno: igual conversaba sobre los clubes de matemáticas para niñas que implementó en el Centro de Investigación Para la Acción Femenina (CIPAF) –a fin de estimular que más mujeres entraran al mundo de la tecnología–, que de la política de su país o de fenómenos como la migración haitiana a Dominicana.
  
Mujer del nuevo siglo fogueada en las luchas sociales y en el exilio en Puerto Rico, también fue precursora de los encuentros feministas regionales que han marcado agenda por los derechos de las mujeres.
 
En 1981, Magaly Pineda llegó a Bogotá, Colombia, para crear un espacio autónomo de las mujeres: el Primer Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe.
 
Ese año, ella tomó la palabra ante las asistentes y se convirtió en la portavoz de las dominicanas que propusieron que cada día 25 de noviembre se tomaran acciones para erradicar la violencia contra las mujeres, en memoria del asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, perpetrado por órdenes del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, el 25 de noviembre de 1960.
 
Aquella protesta y reivindicación de las mujeres sería retomada en 1999 por la ONU, y proclamada oficialmente como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. 
 
Ser maestra franca y coloquial, hizo que en octubre de 2015 en México –en medio de las discusiones de la Segunda Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo– las mujeres se dieran espacio para rendirle un homenaje por su trayectoria militante feminista, de izquierda y de resistencia.

Aun con este reconocimiento de sus compañeras de lucha e incluso de organismos internacionales, en una charla con Cimacnoticias Magaly Pineda recordaba cómo la gente la veía plantarse en cada foro y hacía expresión de enfado por sus insistentes discursos a favor de la igualdad de género.
 
Esa tenacidad la convirtió en una de las precursoras del feminismo latinoamericano, y en impulsora de demandas como el derecho al aborto y a una vida sin violencia. En décadas recientes, Pineda Tejada recorrió el mundo asegurando que las mujeres no podían quedar fuera de los beneficios de las tecnologías de la información y la comunicación.
 
La pasión por esta nueva veta de conocimiento la convirtió en pocos años en una experta de la sociedad de la información, creyente de la gobernanza e internet, y en una de las ciberactivistas empeñadas en cerrar la brecha digital de género para que más mujeres conocieran la tecnología, se apropiaran y beneficiaran de ella. 
 
Su esfuerzo mereció que CIPAF, organización que fundó en 1980, fuera reconocida en 2014 con el Premio para la Igualdad de Género y Tecnología, de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y ONU-Mujeres.
 
Líder feminista, socióloga, profesora e investigadora, centró sus últimos trabajos en el tema de mujeres y ciencia, y la creación del modelo de E-Chicas y clubes Supermática, para que desde edades tempranas niñas y adolescentes se interesaran por la tecnología y fueran las líderes del futuro.
 
Sus nietos –contó a esta agencia– estaban atentos a las nuevas aplicaciones de los celulares, pero ella siempre sorprendía con alguna novedad tecnológica pues estaba al pendiente de todo lo que presentaban los desarrolladores, como los “google glass” o aplicaciones de ubicación. Hasta se daba el lujo de comprar en e-bay, y es que –decía– ser abuela no le impedía seguir aprendiendo.  
 
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