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Modificar viejas posturas, alimenta conducta espontánea

Por Carolina Velásquez

Ya hablamos de cómo la integración postural, creada por el estadounidense Jack Painter en los años 70, es una forma holística de trabajo corporal que busca liberar las posturas rígidas, los hábitos físicos, emocionales y mentales que tanto mujeres como hombres vamos desarrollando al vivir en una situación cotidiana de estrés.

Su autor la define como integración por ser un “proceso que nos ayuda a asimilar la energía y libertad recién descubiertas”, es decir cuando después de varias sesiones la persona se da cuenta que empieza a sentarse, pararse, caminar, sentir y pensar de forma más espontánea (Integración postural o como liberar tensiones emocionales y físicas trabajando con un masaje profundo en el cuerpo, 1990).

Quizá sigamos con parte de nuestras viejas posturas y patrones, señala Painter, pero ya no son el estrecho objetivo desde el que nos forzamos a ver y experimentar la vida.

Y agrega, esta pequeña modificación permite que ensayemos movimientos, exploremos actitudes y sentimientos nuevos, de tal forma que se convierten en habituales y así pueden ser sustituidos por una conducta espontánea.

Para Painter, este mecanismo se parece al de carga y descarga de una batería. “Al acostumbrarnos a ciertos hábitos almacenamos energía y al probar nuevas experiencias la liberamos”, explica.

En su experiencia, esta acumulación de energía se carga y descarga en un ciclo continuo repetido.

“Si nos negamos a cargarnos de ella permanecemos débiles, la buscamos, y si nos negamos a descargarla nos ponemos tensos por el exceso acumulado. Permitir que el ciclo de carga y descarga fluya en todas las actividades de nuestro cuerpo-mente nos da una dirección natural que no perdemos nunca de vista”.

Para conocer este mecanismo desde tu “yo soy corporal” has este ejercicio:
1. Pon un colchón en el suelo, en un lugar donde nadie te moleste y puedas hacer los movimientos y sonidos que necesites.

2. Acuéstate boca arriba y sigue el ritmo de tu respiración dejando que aumente gradualmente.

3. Concéntrate en inhalar la mayor cantidad posible de aire –sin que te sientas mal–, cuando alcances el ritmo más rápido empieza a exhalar enérgicamente tratando al mismo tiempo de producir un sonido más rápido.

4. Al comenzar a sentir un sentimiento quédate con él, busca expresarlo, en enojo grita o muévete, en tristeza llora o acomódate en posición fetal.

5. Observa cómo estás y si lograste vivir el sentimiento en forma completa, de lo contrario repite el ejercicio hasta que lo vivas en plenitud.

6. Una vez que sientas algún sentimiento, observa si es más fácil para ti dejar que aparezcan otros nuevos; la suavidad y la fragilidad deberán seguir a la ira y el poder o la determinación a la tristeza, por ejemplo.

* Periodista mexicana psicoterapeuta Gestalt
[email protected]

06/CV/LR

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