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Movimiento lésbico: entre la invisibilidad y la violencia

A pesar de los avances para erradicar la homofobia en México, las lesbianas siguen siendo invisibles en las estadísticas, en las políticas públicas y en la agenda pública, así como sus aportes a la conquista de los derechos de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero e Intersex (LGBTTI).
 
El 21 de marzo de 2014, el titular del ejecutivo, Enrique Peña Nieto, decretó el 17 de mayo como el “Día Nacional de la lucha contra la homofobia”, con lo que se derogó el “Día de la Tolerancia y el Respeto a las preferencias”, que se conmemoraba desde 2010 en nuestro país.
 
Sin embargo, si bien estas acciones del gobierno están encaminadas a erradicar los actos discriminatorios contra las personas con distinta preferencia sexual, no se han traducido en políticas públicas que favorezcan el ejercicio pleno de los derechos de las lesbianas, no reconocen las distintas formas de violencia que experimentan por su condición de mujer, y no visibilizan las necesidades de cada una de las identidades que conforman la comunidad LGBTTI.
 
En entrevista con esta agencia de noticias a propósito de la efeméride, Gloria Careaga Pérez, secretaria general de International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association (ILGA), señaló lo anterior y agregó que las lesbianas han dado una continuidad a todo el proceso de lucha de la comunidad LGBTTI buscando construir un movimiento de transformación social que sea integral y reconocido.
 
Recordó que el movimiento lésbico fue punta de lanza en el Distrito Federal para iniciar la discusión que en 2010 logró el reconocimiento del matrimonio igualitario, la posibilidad de adopción de hijos y, lo más reciente, la cobertura de la seguridad social.
 
La también académica e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, enfatizó que el trabajo de las lesbianas durante todos estos años ha sido consistente, fuerte y crítico, lo que ha significado una contribución muy importante para el lugar que hoy tiene la comunidad LGBTTI.
No obstante, la activista criticó que sean quienes reciben menos recursos, que sus demandas sean consideradas menos prioritarias y que su presencia sea mínima en la agenda pública.
 
Por ello, sostuvo la académica, es que se habla de una violencia contra las lesbianas que se expresa en la “invisibilidad” de sus derechos, demandas y necesidades.
 
“Al ser invisibles no contamos con los beneficios que toda la ciudadanía tiene, lo cual deriva, por ejemplo, en menor calidad de atención médica y educativa.
 
A nosotras, como mujeres, se nos critica la decisión de ser madres, pero igualmente, por ser lesbianas, se nos señala si decidimos tener hijos. Pareciera que no tienes derecho a ser distinta pero tampoco a intentar parecerte.”
 
Careaga Pérez abundó en que una política pública debe tomar en cuenta las particularidades de las lesbianas, debe garantizar la educación, la inclusión laboral y la protección contra el hostigamiento sexual, el cual, enfatizó, es distinto al que experimentan el resto de las mujeres.
 
También es necesario que los servicios de salud reconozcan los padecimientos específicos asociados a la condición de ser lesbiana para que estos se puedan atender y se reproduzcan protocolos sobre servicios médicos adecuados.
 
La activista explicó que la lesbofobia son las conductas de rechazo por parte de la sociedad, porque las lesbianas no cumplen con la representación de género que la sociedad les exige.
 
Respecto a la violencia, señaló que mientras los homosexuales y las personas transexuales son violentadas físicamente, las lesbianas enfrentan mayor violencia sexual y rechazo por parte de sus familias y en el trabajo.
 
Por esto se hace necesario que cuando se hable de políticas públicas hacia la comunidad LGBTTI, se especifique cuáles son las necesidades que cada una de estas identidades tiene y se dé una respuesta particular, enfatizó la experta.
 
Según la Encuesta Nacional sobre la Discriminación 2010, 44.8 por ciento de los encuestados no aceptaría que una lesbiana viva en el hogar, un punto porcentual más que en el caso de personas homosexuales.
 
Esta misma encuesta señala que las mujeres enfrentan más dificultades para informar su preferencia sexual a sus padres y amigos que los hombres homosexuales, toda vez que 43.6 por ciento de ellas no lo hace, en comparación con el 26.1 por ciento de los varones.
 
Respecto a la tolerancia de los servicios de salud, 16.7 por ciento de las lesbianas considera que son intolerantes, mientras sólo 10.6 por ciento de los hombres coinciden con este planteamiento.
 
14/AJSE/LGL

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