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Mujeres indígenas, en el límite de la inequidad

Por María de la Luz González

A cambio de preservar la cultura y la identidad de sus pueblos, las mujeres adultas mayores de las comunidades indígenas reciben un sistema de inequidad, sostuvo Laura Villasana Anta, directora de la organización Cáritas, Hermanos Indígenas y Migrantes.

“Las mujeres indígenas adultas mayores tienen los más bajos niveles de pobreza, los menores índices de educación y las condiciones más desfavorables de salud”, aseguró Villasana, quien participó en el foro de análisis Las mujeres adultas mayores y las redes sociales, organizado por el Instituto Nacional de Adultos Mayores (Inapam) y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

Las indígenas adultas mayores son las depositarias de la cultura y creadoras de nuevas identidades a través de procesos como el de la emigración, que lleva las costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas de México a países como Estados Unidos, donde se reproducen, afirmó.

A cambio de esa contribución, destacó Villasana, nueve de cada diez mujeres indígenas viven en situación de pobreza o de extrema pobreza, difícilmente terminan la educación básica y menos aún concluyen la enseñanza media superior y superior.

Además, pierden hijos por enfermedades prevenibles; tienen elevados índices de desnutrición y menor esperanza de vida que las mujeres de las zonas rurales, así como jornadas más largas de trabajo y menos remuneradas o sin remuneración, lo que se traduce en mayor deterioro físico.

Como argumento de sus afirmaciones, Villasana trazó el itinerario de vida de una mujer indígena que, dijo, empieza a asumir responsabilidades y cargas desde muy temprana edad, pues a partir de los tres o cuatro años comienza a colaborar con las labores domésticas.

A los 12 o 13 años, destacó, las niñas cumplen ya con obligaciones de adulto, pues no sólo atienden la casa y colaboran en el trabajo del campo, sino que ésa es la edad promedio en la que contraen matrimonio.

A los 16 años, agregó, ya conocen la maternidad, y a partir de entonces tienen entre 10 y 15 embarazos, de los cuales se logra aproximadamente la mitad.

A los 40 años, la mayoría ya son abuelas y viven esta etapa en una situación de gran vulnerabilidad, pues su salud está muy deteriorada como consecuencia del ritmo de vida que han mantenido y carecen de un sistema de protección social y acceso a la salud que les permita enfrentar esta edad en condiciones dignas.

05/LG/YT

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