Mujeres migrantes: víctimas del tren de la muerte

    Para Maritza, a un año de distancia, la injusticia
Mujeres migrantes: víctimas del tren de la muerte
Por: Carolina Velásquez
Cimac | México, DF.- 17/01/2006

A casi un año desde que fue atacada y arrojada a las vías del tren, y dos meses casi desde que la Comisión Nacional de Derechos Humanos hizo una recomendación para su caso, para Maritza Barrios, joven inmigrante guatemalteca, hoy todavía no hay justicia.

El 14 de abril del 2005, Maritza Barrios, guatemalteca de 20 años, perdió una pierna cuando la tiraron de un tren de carga en movimiento. Se defendía de un grupo de trabajadores de la empresa Consultores Profesionales en Seguridad Privada (Copssa) que antes la habían robado e intentado violarla.

Vive ahora en la ciudad de Saltillo, Coahuila, bajo custodia en la Casa Belén Posada del Migrante de la asociación civil Frontera con Justicia, que apoya a la población migrante, centroamericana principalmente, que pasa por el norte de México hacia los Estados Unidos.

Maritza presentó una denuncia en la Procuraduría General de Justicia de Coahuila (PGJE) por intento de homicidio, robo, lesiones gravísimas, atentados al pudor y amenazas. Apenas en noviembre pasado la policía estatal le dio el archivo de fotografías -fichas inalépticas- de las corporaciones policiacas que operan en Coahuila.

Pese a que identificó plenamente al agresor, Pedro Montelongo, su caso todavía está en averiguación previa, sin consignarse ante un juez penal.

GUARDIAS DEL TREN, AGRESORES DE MIGRANTES

"Lo ocurrido dejó un daño irreparable a mi integridad física. Perdí la pierna derecha. Los responsables son elementos de la empresa de seguridad privada Copssa, encargada de cuidar las vías del tren", señala.

Para Frontera con Justicia son ellos los principales agresores de las y los migrantes. "Los vigilantes del tren han sido identificados por los migrantes. Las empresas de seguridad privada los contratan sin la capacitación para hacer su trabajo con conciencia y responsabilidad", señalan.

El ferrocarril de carga era el transporte más importante de centroamericanos hasta antes de la tormenta Stan. Un medio que favorece las agresiones, pues la mayoría de ellos viaja de noche. También son lugares de riesgo las vías y las estaciones.

De enero a mayo del 2005, Frontera con Justicia atendió a 2 mil 597 migrantes: 73 por ciento, hondureños; 11 por ciento, guatemaltecos; 10 por ciento, salvadoreños, y 6 por ciento, nicaragüenses. La mayoría sufrió alguna agresión. 44 por ciento (231), por parte del personal de seguridad privada del tren; les siguen la policía municipal (27 por ciento), el ejército (10 por ciento) y los agentes migratorios (6 por ciento).

"Y ENSEGUIDA ME ARROJO A LAS VIAS"

Maritza subió al tren el miércoles 13 de abril en Vanegas, San Luis Potosí. Iba a Estados Unidos. Quería trabajar y pagar una deuda de 20 mil quetzales en Misco, Guatemala, su ciudad natal. Viajó toda la noche en compañía de cuatro migrantes.

"El tren se detenía mucho. El jueves se paró en la estación Carneros. Nos bajamos como las 8 de la mañana. Caminamos por la vía rumbo a Saltillo tres horas. Vimos un tren parado y nos subimos en el hueco de un vagón. Después miramos que venían tres guardias de la empresa que cuida las vías, con pantalón y camisa estilo militar azul marino con las letras Copssa"

Los guardias caminaban sobre el techo del tren: "Al llegar donde estábamos, se bajaron hasta el hueco que algunos vagones tienen. Un guardia me agarró del brazo: ‘Dile a tus hermanos que me den el dinero’. Le contesté que no traíamos. Empezó a tocarme como buscando entre la ropa el dinero, me agarró las manos y sacó de la bolsa de su pantalón un lapicero".

"Te voy a hacer un tatuaje como el mío", la amenazó. Le dibujó una flor en la mano izquierda y siguió buscando. Encontró un billete de 100 pesos y se lo quitó, advirtiéndole: "Si traes más, dámelos, porque si no, te mato". Los otros guardias observaban y reían.

DESPIDETE DE ESTE MUNDO

"El que me tenía agarrada decía ‘te quiero violar’ e intentaba tocarme los senos. Como no me dejaba, trataba de empujarme hacia las vías. Ordenaba que les dijera a mis amigos que se fueran o a todos nos iban a matar. Les preguntaba a los otros guardias, burlándose, que si me aventaba del tren, y ellos decían que sí".

Entonces la empujó a las ruedas del tren, entre los dos vagones, sin dejarla caer de inmediato. Le pisó el pie izquierdo y la dejó colgando.

"Fueron como 10 minutos. Preguntaban: ‘¿Te quieres morir?’ Les decía que no. Gritaban: ‘Deja que te haga lo que te quiere hacer, no eres la primera ni la última. A otra le pasó lo mismo. No sintió porque después la matamos’".

"Les suplicaba que no me mataran. No te sueltes, me gritaban mis compañeros. Los otros guardias decían que sí, que me soltara. Entonces, el que me tenía agarrada dijo: ‘Despídete del mundo’ y me soltó en medio de los dos vagones, donde pasan las ruedas del tren".

El tren seguía en movimiento.

Maritza se agarró del último escalón de la escalerilla del vagón. Sin soltarse, cayó sobre la vía. Sintió la pierna caliente, adormecida.

"Dos de mis compañeros habían brincado y corrían junto al tren. Cuando yo estaba siendo arrastrada, uno de ellos se colgó de la escalera del vagón donde estaban los guardias. Trató de ayudarme, pero ellos le tiraban patadas. Se soltó de la escalera y siguió corriendo".

El tren fue bajando la velocidad.

"Mi amigo me agarró de la chamarra para sacarme de en medio de los dos vagones. Cuando me sostuve un poco mejor, me gritó ‘suéltate’ y me jaló fuera de la vía para que no me matara el tren. Los guardias siguieron arriba gritando: ‘Si hablas te buscamos en el hospital y te matamos’".

"Traté de levantarme, pero la pierna no me sostenía. Lo adormecido pasó y comenzó un gran dolor. Mis compañeros me cargaron hasta la carretera, donde pidieron auxilio. Un automovilista llamó a la policía".

Maritza fue trasladada por la Cruz Roja al Hospital Universitario, donde le amputaron la pierna derecha hasta la rodilla.

NO TIENEN NADA QUE PERDER

Datos del Instituto Nacional de Migración (INM) del primer semestre del 2005 reportan que 93.5 por ciento de las y los migrantes asegurados en una estación migratoria eran de origen centroamericano; de ellos, 42.6 por ciento (54 mil 972) eran de Guatemala.

Una población "sin nada qué perder, porque nada tiene", declaró a la prensa el Quinto Visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Mauricio Farah Gebara.

Una vez en México, afrontan el reto de recorrer miles de kilómetros, señaló Farah en el Foro Conversaciones 2005, organizado en noviembre pasado en Saltillo por la Pastoral Social de la Diócesis a cargo del padre Pedro Pantoja Arreola y la Comisión Diocesana de Derechos Humanos.

Una "aventura" que conlleva extorsión de autoridades, asaltos de bandas, abusos de particulares, polleros que los abandonan y el peligro de ser mutilados por el "tren de la muerte".

RECOMENDACIONES E INJUSTICIAS

A principios de diciembre del 2005, José Luis Soberanes, presidente de la CNDH, hizo una recomendación al gobierno de Coahuila y al comisionado nacional del INM para que los guardias del tren no asuman facultades de la Policía Federal Preventiva y del Instituto Nacional de Migración, tales como la verificación migratoria, la persecución y el aseguramiento.

Ahora, a casi un año de que Maritza fue arrojada a las vías y de que una pierna le fuera arrancada, la recomendación sigue sin ser escuchada y la justicia, aun cuando se sabe quién es el culpable, no ha podido responder por una mujer joven que sólo quería pagar las deudas adquiridas en su tierra haciendo en Estados Unidos lo único que sabía: trabajar para sostenerse.

06/CV/YT