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Mujeres pobres sufren más complicaciones tras aborto

Por Kerstin Bognar

En México, Guatemala, Pakistán y Uganda, el riesgo de obtener complicaciones que requieren tratamiento después de un aborto inseguro es de 45 a 75 por ciento más alto para mujeres pobres que para mujeres en mejores condiciones económicas.

Así lo indica un estudio realizado la semana pasada por el Instituto Guttmacher, especializado en salud sexual y reproductiva. De acuerdo con el documento, en América Latina y el Caribe, de los 4.1 millones de abortos realizados en 2003, 3.9 millones fueron inseguros. La mayoría de los abortos seguros ocurrieron en Cuba, Guyana y Puerto Rico, donde el procedimiento es permitido bajo diversas causales y practicado por profesionales médicos capacitados. En México, todos fueron inseguros.

Los cambios recientes en las leyes de aborto que han conducido a la prestación de algunos servicios de aborto seguro en Colombia y la Ciudad de México no se reflejan en estas estadísticas. El Instituto Guttmacher calcula que unos 7 mil abortos legales y seguros se realizaron en la ciudad de México en los diez meses posteriores a la reforma de la ley llevada a cabo en abril de 2007.

Asimismo, según el reporte, mientras que el uso de anticonceptivos se incrementó, especialmente en África y América Latina, la tasa mundial de abortos disminuyó entre 1995 y 2003. A pesar de esto, el número de abortos inseguros permaneció relativamente estable durante el mismo lapso y es todavía un gran peligro para la salud y la vida de las mujeres, especialmente en los países en vías de desarrollo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que una de cada ocho muertes maternas es resultado de un aborto inseguro, y que siete mujeres mueren cada hora en algún país en vías de desarrollo a causa de complicaciones post-aborto.

Según aproximaciones de la OMS y el Instituto Guttmacher, la tasa de abortos cayó de 35 abortos por cada mil mujeres entre 15 y 44 años de edad, en 1995, a 29 abortos en 2003. Esto se debe, principalmente, a una disminución de abortos seguros y también al incremento del número de mujeres en edad reproductiva.

Los descensos más significativos ocurrieron en Europa del Este, donde la tasa bajó de 90 abortos por cada mil mujeres en edad reproductiva, en 1995, a 44 en 2003. En América Latina y el Caribe, la tasa de aborto disminuyó de 37 a 31 abortos por cada mil mujeres, y de 33 a 29 en Asia y África.

A pesar de ello, el número de abortos inseguros no ha sufrido grandes cambios: pasó de 19.9 millones en 1995 a 19.7 millones en 2003 y casi todos ocurrieron en países en vías de desarrollo.

Cabe destacar que la tasa de aborto no depende del estatus legal en que esta operación se encuentre: es sorprendentemente similar alrededor del mundo. En 2003, año en el que se obtuvieron los datos más recientes del informe, la tasa anual de abortos era de 29 por cada mil mujeres en edad reproductiva en los países en vía de desarrollo, y de 26 en los países desarrollados. Esto confirma que la penalización del aborto no influye en el número de abortos practicados, sólo en la seguridad con que se efectúan.

El reporte indica que el 40 por ciento de la población mundial femenina de entre 15 y 44 años de edad vive en países con leyes de aborto altamente restrictivas, la mayoría en vías de desarrollo. En algunas naciones (por ejemplo, la India o Sudáfrica), el aborto es legal, pero el acceso a servicios practicados por personal capacitado es muy limitado.

Las circunstancias bajo las cuales las mujeres practican el aborto depende de los métodos tradicionales conocidos y utilizados en su comunidad y de la disponibilidad de personas capacitadas para llevarlo a cabo, señala el Instituto Guttmacher. También, de cuánto dinero pueden pagar las mujeres para interrumpir el embarazo.

Un estudio realizado con profesionales de la salud en México, Guatemala, Pakistán y Uganda, así como entrevistas con mujeres de varios países de África y Asia, destacan que entre los métodos para interrumpir el embarazo más peligrosos para la salud de la mujer está la introducción a la vagina de objetos como agujas o ganchos, o de sustancias químicas y líquidos como detergentes, infusiones herbales o gasolina.

Generalmente, en las áreas rurales y marginadas las mujeres tienden a consultar a curanderas o curanderos y a autoinducirse el aborto. En áreas urbanas, el porcentaje de abortos practicados por un doctor o una enfermera es más alto.

De 34 países y territorios en América Latina y el Caribe, solamente seis – Cuba, Guyana, Puerto Rico, Barbados, Belice y San Vicente y las Granadinas – permiten el aborto bajo criterios amplios. El 97 por ciento restante de mujeres en edad reproductiva en la región vive bajo leyes de aborto altamente restrictivas.

Asimismo, el reporte informa que cerca de un millón de mujeres en América Latina y el Caribe son hospitalizadas anualmente para ser tratadas por complicaciones derivadas de abortos inseguros, pero que “los servicios de atención post-aborto en muchos países de la región no son de buena calidad. Algunos defectos comunes incluyen acceso inadecuado, retrasos en el tratamiento, uso de métodos inapropiados y actitudes prejuiciosas por parte del personal de clínicas y hospitales.”

Mejorar la salud materna es uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) formulados en el 2000 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Las metas claves son el acceso universal a los servicios de salud reproductiva y la reducción de la muerte materna por un 75 por ciento hasta 2015. Es evidente que estos objetivos no se pueden alcanzar sin mejorar el acceso al aborto seguro.

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