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Nuestra cultura, antídoto contra carencias: mujeres huastecas

Por Aida Suárez Chávez/corresponsal

Las mujeres de la Huasteca, región que comprende parte de los estados de Querétaro, Tamaulipas, Veracruz, San Luis Potosí, Puebla e Hidalgo, padecen los obstáculos que les imponen algunos usos y costumbres de su comunidad, las leyes del derecho positivo, que las excluyen de la posesión de tierras, su condición de indígenas y también su condición femenina.

Así lo manifestaron durante el Encuentro de Mujeres Huastecas, desarrollado durante dos días en el marco del XII Festival de la Huasteca que se realizó en el municipio de Huauchinango.

Hablaron de lo poco valoradas que se sienten en la familia y sus pueblos y sobre cómo la migración de los varones a otros estados o países les causan más problemas y falta de reconocimientos, a pesar de que ellas solas, en muchos casos, sacan a flote a la familia.

En este XII Festival de la Huasteca, en donde participaron mujeres, hombres, niñas y niños de los estados comprendidos en la región huasteca, se practicó el huapango en música y baile, se presentaron libros, discos, revistas, conferencias, exposiciones de arte y también de indumentaria, además de la exposición de artesanías y platillos de la región. Hubo una gran participación de mujeres.

En la jornada dedicada a ellas, artesanas, versadoras, narradoras, bailadoras, artistas plásticas, bordadoras, médicas tradicionales y promotoras culturales, coincidieron en que han podido subsistir y, a pesar de las dificultades, la cultura huasteca llega a ser su “antídoto” ante todos los males.

SIN GOZO DE TIERRA

Se dice que la tierra es de quien la trabaja, pero esto no funciona entre las indígenas, la cultura huasteca no se salva de los usos y costumbres, y tampoco de las leyes, que excluyen a las mujeres.

La historia de la Ley agraria lo dice, explicó Rocío Rosas Vargas, candidata a doctorado con especialidad en género.

En 1915 cuando Venustiano Carranza expidió la Ley Agraria no habló de las mujeres, sino de los grupos campesinos y comunidades como sujetos de derecho a la tierra.

En 1921 se modificó y se señaló que sólo los hombres tenían derecho a la tierra, a partir de los 16 años, aunque no tuvieran familia a su cargo; las mujeres no.

Al ser modificada la ley, en 1971, se señaló que hombres y mujeres, sólo si éstas tenían familia a su cargo, mayores de 16 años podían tener derecho a la tierra, ser dotadas por el Estado, sin embargo, para ese año todos los ejidos se habían repartido.

También en el 1971 se creó la Unidad Agrícola Industrial para la Mujer, que es una forma de acceso a la tierra que tienen las mujeres a los ejidos.

Aunque tienen derecho a una parcela en mitad de ejido para diez mujeres, legalmente no se dan las condiciones, a pesar de que la ley señala que las mujeres tenían derecho a recibir tierra, pero debido a las tradiciones, usos y costumbres, la ideología, hacen que no se pueda tener acceso.

Para entonces no era bien visto que las mujeres poseyeran tierra, se señalaba que tenía que ser para los hijos. Y se convirtieron en el puente para que los hijos pudieran tener herencia cuando el esposo había fallecido.

Al modificarse nuevamente la Ley en 1992, se señaló que el ejidatario puede dejarle la tierra a quien quiera, y no necesariamente a las esposas.

En suma: existen barreras legales, sociales, culturales que impiden que las mujeres tengan tierras, además de violencia por parte de los varones del ejido, quienes les destruyen tierras, las agraden porque ellas las trabajan.

SE FEMINIZA EL CAMPO POR MIGRACIÓN

Sin embargo, ante la precaria situación económica, los hombres empiezan a emigrar a otros estados o a otros países, dejando la tierra a cargo de las mujeres. Ahora el campo se feminiza y las mujeres trabajan los recursos como el agua, lo que representa otro tipo de dificultad.

Aunque reciben remesas, las mujeres se quedan sin dinero, hay formas de control sobre ellas y no pueden tomar decisiones.

Se insiste en el ideal de que las mujeres son sumisas, que necesitan quien las mantenga y las proteja, aun cuando también en el campo, cada vez hay un mayor número de mujeres que encabezan una familia.

La comunidad las sigue marginando porque es muy tradicional, machista, descalificadota y cuestionadora, dice la académica Rocío Rosas.

LLEVAN “TATUADO” EL HUAPANGO

La falta de tierras, el poco apoyo de programas gubernamentales y los señalamientos de la comunidad, no les impide seguir en su tarea y llevar “tatuado” el huapango, como lo demostraron en el Festival.

Jóvenes y maduras, con estudios universitarios o sin ellos; con metodología a seguir o procurando el legado familiar, son unas expertas para hablar de la cultura huasteca. Como Macrina, en su lengua, el totonaco, comentó de la utilización de las plantas para sanar o Paty Chávez, ejecutante de la guitarra se dijo también versadora y lo demostró.

O Aurora, quien aseguró que “el huapango no se aprende en la academia, se lleva en la sangre”; o Esther, quien promueve en su tierra la lengua materna, el náhuatl y Rocío quien dijo que a pesar de que a veces no le alcanza para pagar el autobús e ir a la escuela, sigue en su intento por prepararse y ser médica tradicional.

Hablaron sobre cómo trasmiten conocimientos y de la situación a la que se han enfrentado para realizar lo que hacen.

Algunas dijeron que han recibido apoyos del gobierno federal, estatal o municipal para difundir su tarea, una más por el Programa de apoyo a las culturas regionales (Pacmyc); otras que no cuentan recursos ni para comprar instrumentos; también quienes se hacen llamar “chocolateras” que ya pueden cobrar por amenizar fiestas y quienes se dicen solamente solicitar día y hora para llegar a tocar el huapango, sin ninguna remuneración.

O Antonia, que ha organizado una agrupación que convoca a una “Huapangueada ecológica” con todo lo que implica. Muy apegada a la tradición.

También quien se dijo merecedora de un espacio en un prensa escrita y radio para difundir el son huasteco y quien se siente como “mojarrita enjabonada” porque se le resbala todas las críticas por dedicarse al son.

Algunas, las más experimentadas, han recibido reconocimientos por su tarea; otras están en el comienzo. Pero todas ellas, eso sí, disfrutan de un buen son huasteco y el zapateado que a nadie le cae mal.

MUJERES HUASTECAS, MUY VALIOSAS

Convencida de que “las mujeres huastecas valen mucho y hay que motivarlas”, Rocío Rosas lamentó que en gran parte del país, el trabajo de las mujeres indígenas es invisible.

Como candidata a doctorado con especialidad en género por el Colegio de Postgraduados, expuso que no se han realizado estudios a nivel nacional, solamente se cuenta con la investigación de casos en los estados de Hidalgo, Sonora, Morelos y Guanajuato, por el Colegio de Postgraduados en ciencias agrícolas del área de desarrollo rural en el Instituto de la Mujer Guanajuatense. Falta mucho por conocer.

Dijo que, según investigaciones realizadas, las mujeres indígenas sufren agresiones, no solamente de la familia y la comunidad, también de los productores o compradores de mercancía, además no pueden competir con grandes compañías porque no tienen los recursos suficientes ya que los proyectos productivos en los que llegan a participar son muy precarios.

Al concluir el Encuentro de las Mujeres Huastecas en este XII Festival de la Huasteca, destacó la importancia de este tipo de reuniones en las que las mujeres pueden dar sus opiniones.

Escucharlas es una forma de conocer y valorar lo que hacen. Ellas son trasmisoras de conocimientos en la casa o la calle; el campo o las cadenas productivas, dijo.

No solamente se les puede ofrecer cursos de autoestima, también de género, de derechos humanos; insistirles en que son valiosas en casa ya que su trabajo ha llegado a ser invisible para que los hombres y otras mujeres salgan de casa a estudiar o trabajar.

Y lo dicho, terminó el Encuentro y afuera seguía la fiesta.

Algunas se pusieron la quinta huapanguera, otras la jarana; unas más prepararon sus plantas y aceites para dar masajes y unas más expusieron sus bordados con hilo y chaquira para vender y vivir la Huasteca.

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