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“Nunca más”, clamor de Isabel Allende

Por Raquel Correa

A punto de cumplirse 30 años de la muerte del presidente Salvador Allende y del golpe de Estado que abrió la puerta a la larga dictadura chilena, Isabel Allende Bussi, presidenta de la Cámara de Diputados de Chile, dice enfática: “Los actores políticos tenemos que comprometernos a ‘nunca más’ desembocar en una crisis que no tenga salida”.

Pero ese llamado lo hace igualmente a los militares: “Y ustedes, militares, ‘nunca más’ tienen que responder a ese llamado”. Todo esto en medio de un proceso judicial que mantiene en los tribunales a militares responsables de crímenes durante la dictadura.

“Hay 300 personas encausadas en este momento. Nadie puede decir que no pasa nada. También hay que destacar que tenemos un Ejército que no está dedicado a obstruir la justicia”, enfatiza Allende, quien destaca la propuesta del Presidente Adolfo Lagos para agilizar los procesos.

Es importante señalar al respecto, agregó, “que se restrinja el ámbito de la Justicia Militar a materias propias de los militares” pero, enfatiza: “los crímenes contra los derechos humanos no son amnistiables ni prescriptibles”.

En este momento, informa la tres veces diputada chilena por el Partido Socialista y directora de la Fundación Allende, “nadie puede decir que no pasa nada”. “Aquí hubo asesinatos, desaparecimientos. La justicia tiene que actuar (…) También hay que destacar que tenemos un ejército que no está dedicado a obstruir la justicia”.

LA MUERTE SIEMPRE PRESENTE

A lo largo de estos 30 años, Isabel Allende tiene todavía presente la angustia del exilio y la gran incógnita que dejó en el mundo la muerte de su propio padre. Con emoción relata su partida al exilio.

“Exactamente el 15 de septiembre del 73. Diez de la noche. Un ambiente de mucha tensión. Partimos a México. Éramos los primeros exiliados. Yo me imaginaba que eso duraría un par de años… jamás pensé que iba a estar fuera 16 años, con una L en mi pasaporte”.

“Estaba convencida –dice- de que las cosas se iban a solucionar de algún modo. Tenía grabado en la mente eso de que nuestro Ejército es muy profesional, respetuoso de la Constitución y las leyes. Y, en el peor de los casos, que se trataba de la sublevación de una parte del Ejército que sería sofocada”.

Respecto a la muerte de su padre señala que durante muchos años estuvo convencida de que había sido asesinado. Sólo estuvo segura de cómo ocurrieron en verdad los hechos hasta 1990. “Me convencí en el año 90 cuando mi padre fue exhumado”, puntualiza.

“Estaba en una urna sellada. Pero cuando regresé al país, tuve ocasión de conversar con los médicos de mi padre. Al doctor Gijón lo conocía poco… Admito que desconfié de él: esa versión del médico que se vuelve hasta donde estaba mi padre y justo lo ve en el momento en que se dispara”.

LA VIA CHILENA AL SOCIALISMO

Visto a la distancia, los sucesos del 11 de Septiembre de 1973 adquieren su verdadera dimensión. Para la también socióloga de 58 años, madre de dos hijos, habría que empezar por entender que en el Chile de entonces se vivía una atmósfera matizada por los sucesos de los años 60, la revolución cubana y la teología de la liberación.

“Mi padre habla de abrir el camino al socialismo en democracia, pluralismo y libertad: ésa es su triada. Provocó mucho impacto afuera. Una vía nueva, no explorada. El socialismo llegando al poder en elecciones libres concitó mucho interés, mucho más del que nosotros captamos desde adentro”.

Porque adentro lo que existía era la polarización, y lo que contribuyó a enrarecer el ambiente político fue la abierta intervención de la derecha chilena. “La derecha chilena tuvo una responsabilidad ¡muy grande! en el golpe. Lo peor es cuando la gente es capaz de desahuciar la democracia y se va por el camino del golpe”.

“Aquí hay responsables, distingamos: todos los actores políticos somos responsables de lo ocurrido, todos fuimos excluyentes, de acuerdo, pero la derecha tiene la responsabilidad principal. Instigaron, planearon, diseñaron el golpe. Lo ejecutaron los militares, pero ellos fueron los que los llamaron, los que promovieron…

“Fueron los grandes gestores de la política represiva después, una vez instaurada la dictadura”. Y otra cosa que tampoco hay que olvidar, insiste, es la intervención norteamericana al más alto nivel.

“Naturalmente se fue formando una polarización, y nosotros que perdimos el control. Se sumaron otros sectores más extremistas y se llega a una sociedad terriblemente polarizada. Y no fuimos capaces de entrar al diálogo para buscar una salida política”.

Respecto a la responsabilidad de las Fuerzas Armadas, asegura que no se puede hablar sólo de excesos, pues en los hechos fue “una política de Estado, pagada por el Estado, de eliminar a todos los que consideraban enemigos. Las Fuerzas Armadas chilenas dieron el golpe y tienen una responsabilidad muy grande. Ellos dicen que fueron instigados, pero nadie los obligó”.

“Nosotros podemos haber cometido errores, haber polarizado más de lo deseable el país, podemos haber trasgredido el programa de gobierno. Éramos presa del lenguaje revolucionario de la época. Pero nada justifica lo que pasó a partir del 11 de septiembre del 73. ¡Nada! Nunca podré poner en la misma balanza a víctimas y victimarios. Ése es un tema que no se puede aceptar”, concluye.

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