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Odette Alonso publica su novela Espejo de tres cuerpos

Por Nancy Betán Santana

“No es para quedarnos en el amor que amamos. / Tenemos sed y paciencia de animal”, dice el poeta argentino Juan Gelman y la narradora cubana Odette Alonso lo sabe a la perfección.

Lo sabe también Ángeles, una de las protagonistas de Espejo de tres cuerpos, su primera novela, editada por Quimera y presentada recientemente en la XXX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM).

En esta novela, Odette hace hablar a sus personajes a través de un lenguaje coloquial mexicano, con reminiscencias claras de su alma, mitad caribeña, para contar la historia de Ángeles, una solitaria profesora universitaria quien, tras un doloroso divorcio, descubre a Berenice.

La vitalidad y arrojo de ésta hacen a Ángeles reavivar emociones que creía aniquiladas y entrar en un juego de seducción que jamás imaginó posible. Pasa, casi sin escalas, de la duda y la negación, a la entrega total.

¿Cómo, después de haber estado casada y parido una hija, la felicidad le es devuelta por un cuerpo, por un rostro, femeninos?

Una vez más, la juventud se impone como una ola monumental que refresca lo que toca, pero también arrasa con ello.

El café humeante, constante en la mayoría de los escenarios, se convierte en un símil del sentimiento que crece sin control en el interior de las dos mujeres. Les calienta las entrañas; despierta a una de un antiguo letargo, y a ambas, después de una efusiva noche juntas. Las manos, los labios y las piernas se vuelven brasas.

Son esos encuentros los que Alonso aprovecha para mostrar otro tipo de narración, mucho más pausado y delicado:

“Los cuerpos se unieron, uno encima del otro, como si la esencia de la boca hubiera cubierto la piel y los poros tuvieran que absorberla, intercambiarla. Cuando los sexos se pegaron, un corrientaza las recorrió y se besaron con más pasión”.

Pero, al igual que cualquier otra pasión, ésta también cosecha su respectiva serie de consecuencias, como la intolerancia y la discriminación, arraigadas fuertemente a los prejuicios de muchos, quienes se resisten a concebir el amor de pareja entre dos personas del mismo sexo.

Pese a ello, este amor se mantiene a través del tiempo (con los debidos altibajos típicos de toda pareja), hasta que aparece en el espejo la tercera anatomía, la cual lo someterá a una prueba definitiva.

Otra mujer, fresca y aún más joven, desafía a Berenice y la invita a dejarse llevar por el instinto, tal como ella lo hiciera cinco años antes con Ángeles. Un presagio. “¡Una cucharada de su propio chocolate!”, exclamaría la propia autora.

Odette da entonces voz a la más joven: “(…) pongo sobre tus manos mi inocencia / la historia muda de una niña / que ha esperado por ti / desde antes de saberte / desde antes de escuchar tu voz por vez primera”.

Emerge, como lava disparada por un volcán en plena erupción, la consecuencia más grave, la más humana.

Expulsadas del paraíso temporal, al cual lograron acceder, las tres mujeres que hacen rotar este pequeño cosmos se enfrentan con la invencible: la que se halla mirándolas directamente a los ojos cuando se contemplan solas frente al espejo de la vida.

09/NBS/GG

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