Inicio Opresión e inequidad, generadoras de la depresión femenina

Opresión e inequidad, generadoras de la depresión femenina

Por Redaccion

De las 121 millones de personas que padecen depresión en el mundo, hay dos o tres mujeres deprimidas por cada hombre, aseguró Teresa Ordorika Sacristán, académica del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), de la Universidad, Nacional Autónoma de México (UNAM).

Y entre las 450 millones de personas que sufren trastornos mentales, las diferencias por género son menores, agregó la especialista al dictar la ponencia ¿Están más locas las mujeres? La Locura femenina vista por las feministas, que dio inicio al ciclo Locura, Sociedad y Cultura. Miradas diversas, enfoques complementarios, realizada hace unos días, informa un comunicado de la institución.

Para el año 2020, dice el comunicado, esa enfermedad será la segunda causa de discapacidad mundial, sólo superada por enfermedades cardiovasculares.

Explicó la especialista que las situaciones de violencia en las que viven algunas mujeres son generadoras de problemas de salud mental. Así, aquellas integrantes de matrimonios violentos, presentan una depresión profunda que no les permite vislumbrar posibilidades, organizar estrategias, o tomar decisiones, señaló en el auditorio del CEIICH.

Las situaciones de opresión y condiciones de vida in equitativas que padece el sexo femenino, se traducen en mayor incidencia; por tanto no es una vulnerabilidad física, ni psíquica, sino sistémica, pues las mujeres poseen menos recursos materiales y simbólicos para afrontar angustias y complicaciones de tipo psicológico, añadió.

La aportación más importante, derivada del estudio de estos males, es el reconocimiento de que las condiciones particulares de grupos específicos, están estrechamente vinculadas a los problemas de salud mental. “Cuando se busca respuesta en los genes, o en la vida particular de las personas, no queda claro; pero si se toman en cuenta los contextos brutales en que viven algunas personas por su raza, sexo o etnia, aparecen otros panoramas”, puntualizó.

Uno de los defectos que han tenido los abordajes de las ciencias sociales en estos temas es que siempre se ha concebido a las y los enfermos mentales como una población homogénea, pero se ha demostrado que se debe clasificar a cada grupo para reconocer la complejidad y diversidad de los trastornos, abundó.

Así, algunos trabajos feministas se enfocan sólo al estudio de las mujeres, pero lo idóneo es realizar disertaciones comparativas entre ambos sexos, encaminadas a obtener datos sobre la relación entre las construcciones de la locura femenina y la racionalidad masculina y, a su vez, destejer lo que hay entre las manías de ambos, agregó.

Asimismo, dijo, es positivo reconocer los aspectos y categorías de diagnósticos de la práctica siquiátrica, pues por una parte, se canaliza al paciente a un sitio adecuado de atención, y no de reclusión, y por otra, no responsabiliza a la persona de algunas actitudes.

Al hablar de la trascendencia que ha tenido la clasificación de los trastornos en ciertos segmentos de la población, explicó que ha surgido la tendencia de ver a una mujer loca en cada luchadora social o subversiva.

Esto sucede, pero en muchos casos se está frente a quienes defienden sus derechos, así que se debe aprender a diferenciar entre unas y otras, para ayudarlas a continuar su lucha, concluyó.

08/YRM/GG

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