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Organización de Mujeres Abogadas trabajará en caso Ascencio

La comunidad indígena nahua de la sierra de Zongolica exige que continúen las investigaciones por la muerte de Ernestina Ascencio y organizaciones de todo el país analizan las estrategias para una defensa a nivel internacional, mientras la familia de la mujer violada y asesinada presuntamente por militares ha cambiado sus hábitos de vida, su trabajo, incluso su forma de vestir.

“Hoy se comprueba que Ernestina Ascencio no murió de forma natural, su muerte fue provocada y aunque Felipe Calderón trató de cambiar la historia de los hechos para proteger a los responsables, los informes vertidos por el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) lo desmienten”, dice categórico Julio Atenco Vidal, fundador de la Coordinadora Regional de Organizaciones indígenas de la Sierra de Zongolica (CROISZ).

El caso sigue abierto, reafirma Atenco, la comunidad indígena exige justicia y castigo a los responsables, por ello el próximo viernes 13 de julio en la Ciudad de México se llevará a cabo la tercera reunión de las organizaciones demandantes de justicia a la muerte de Ernestina Ascencio Rosario.

Durante esa reunión se establecerán las estrategias jurídicas a seguir en el ámbito internacional, serán varias vertientes, aunque el punto neurálgico estará a cargo de la Organización de Mujeres Abogadas, explica Atenco.

Añadió que otras agrupaciones se encargarán del aspecto cultural, pues incluso se promoverá un peritaje etnolingüístico, otras organizaciones estarán a cargo del aspecto médico. En este tercer encuentro participará un grupo multidisciplinario integrado por organizaciones de todo el país, explicó.

Por otro lado, al cuestionarle sobre probables represalias del Gobierno federal o estatal por la defensa asumida en este caso de violación a los derechos elementales de una mujer indígena y sobre una eventual represión a todos los pueblos indígenas del país, el fundador de la CROISZ y Director de Obras Públicas de Soledad Atzompa dijo que aparentemente no ha habido represalia, pero aceptó que en estos momentos el Ayuntamiento está sometido a una auditoría ordinaria.

Agregó que el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz (ORFIS) anunció que el 70 por ciento de las obras serían investigadas minuciosamente en esa localidad. Sin embargo explicó satisfecho que en su calidad de Director de Obras Públicas fueron muy cautelosos para soportar técnica y administrativamente cada una de las obras efectuadas en la administración municipal, incluso fue con las constructoras, acompañado del presidente municipal Javier Pérez Pascuala y de los ediles para vigilar que no elevaran los costos de las obras.

Sobre la denuncia que presentó por las amenazas de muerte recibidas en contra de él y su hija menor de edad desde junio del año pasado, Atenco Vidal informó que no ha habido de parte de la Procuraduría General de Justicia de Veracruz (PGJE) un avance en las investigaciones, así como tampoco le fue asignada vigilancia especial ni de parte de la Secretaría de Seguridad Pública ni de la PGJE.

Con el apoyo de algunos amigos pudieron rastrear el lugar de origen de las llamadas amenazantes, incluso ese mismo grupo autor de los mensajes intimidatorios trató de inventarle un nexo con supuestos grupos guerrilleros, explicó.

TRANSFORMACIÓN DE UNA FAMILIA

La vida en la comunidad de Tetlacinga ha vuelto a la normalidad, excepto por la transformación de una familia dedicada por generaciones a la fabricación de muebles rústicos de madera.

Y aunque las autoridades estatales de Veracruz desmintieron reiteradamente la entrega de recursos económicos a las y los cinco hijos de Ernestina Ascencio Rosario para que acallaran el reclamo de justicia, sus condiciones de vida no son las mismas.

Hoy, las casas de Francisco, Julio, Carmen, Martha y Juana lucen diferentes: pisos y techos de cemento contrastan con las humildes casas de lámina de cartón y madera ennegrecida por el humo de los fogones que hay en la comunidad.

Ellas y ellos, junto con sus familias, abandonaron la actividad que sus padres y abuelos les enseñaron: la fabricación de sillas y mesas de madera. Los patios de la casa, habilitados tiempo atrás como talleres, están vacíos.

Julio y Francisco ya no calzan huaraches, se les ve tomando cerveza y alcohol a diario y casi no conviven con los vecinos, como acostumbraban. Se han tornado agresivos, lo que provoca frecuentes rencillas con otras familias, pero los elementos policíacos que aún los resguardan “les dan valor” para amedrentar a los vecinos.

Los hijos de Ernestina han intentado cerrar caminos para bloquear el paso a quien ellos deciden debe pasar y, dicen los vecinos, que en varias ocasiones han agredido a personas cercanas. Algunos casos se solucionaron por la vía de la conciliación ante la sindicatura municipal, pero otros dos –los más graves– fueron canalizados ante un Ministerio Público Investigador, pues salían de la competencia municipal.

Los hermanos Inés Ascencio, “cambiaron, no son los mismos, ahora tienen dinero y eso no lo pueden ocultar”, acusa la gente de la comunidad de Tetlacinga, un poblado de la sierra de Zongolica, al sur del país, en donde sus habitantes aguardan la aplicación de la justicia.

07/LCM/GG/CV

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