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Pese a prohibición de trabajo infantil, niñas son explotadas

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa
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A pesar de que el trabajo infantil es una violación a los derechos de la niñez, en México siete de cada 100 niñas trabajan, una gran proporción de ellas son menores de 14 años y cuatro de cada 10 no reciben remuneración, informaron el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y organizaciones por la defensa de los derechos laborales y de la infancia.
 
Con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil –que se conmemora hoy–, el Inegi reportó que en 2011 había cerca de tres millones de menores de edad (entre cinco y 17 años) que realizan alguna actividad económica en México, de quienes más de 200 mil son del sexo femenino.
 
En 2012 en el mundo, la cifra ascendió a 168 millones de niñas, niños y adolescentes con algún empleo, lo que representa el 11 por ciento del total de esta población.
 
Ante esta problemática, el pasado 6 de junio el Senado aprobó una reforma a la Ley Federal del Trabajo para establecer la edad mínima de 15 años para poder trabajar, aunque en la realidad tres de cada 10 menores de edad que laboran tienen entre 5 y 13 años.
 
Al respecto, Juan Martín Pérez, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), afirmó que esa reforma es insuficiente, ya que lo que se requiere es una sólida articulación intergubernamental e interinstitucional, lo cual se puede alcanzar con la creación del Sistema Nacional de Garantía de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia.
 
De acuerdo con el experto y según lo que ha documentado la Redim, los estados del sur, donde la pobreza se acentúa, son los que registran más casos de niñas que realizan actividades económicas.
 
Pérez agregó que la pobreza, la carencia de servicios y las pocas posibilidades de acceso a la educación son los factores que empujan a la niñez al trabajo infantil, por lo que en lugar de criminalizar a las familias, el Estado debería garantizar el acceso a estos derechos.
 
De acuerdo con el Inegi, la pobreza en los hogares es un motivo que impulsa a la infancia a realizar actividades económicas, toda vez que 27.9 por ciento lo hace porque su hogar necesita de su trabajo y 25.5 por ciento para cubrir los gastos de su educación.
 
Según el Centro Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), casi 26 millones de niñas y niños en México experimentan pobreza y pobreza extrema, ya que tienen precariedad en el acceso a la salud, alimentación, educación, vivienda y seguridad social.
 
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), que se pronunció a propósito del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, enfatizó en que es necesario que los países desarrollen medidas para introducir, mejorar y ampliar la seguridad social para toda la infancia, especialmente para la población más vulnerable.
 
Tanto la ONU como la Redim demandaron respuestas políticas para atacar las causas del trabajo infantil con especial atención a las niñas; medidas urgentes para erradicar las peores formas de trabajo infantil; mayor atención en necesidades de educación y formación profesional de las adolescentes, y medidas específicas para proteger a las familias pobres del impacto de la crisis económica.
 
TRABAJOS SIN SALARIO
 
De acuerdo con el informe “Demos una oportunidad a las niñas”, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 35 por ciento de las niñas se dedica al comercio, 25 por ciento a la agricultura y los servicios, y 20 por ciento a la manufactura.
 
Sin embargo, la mayoría de ellas son forzadas a desempeñar actividades económicas sin remuneración y vinculadas al servicio doméstico y la explotación sexual.
 
La OIT considera que las niñas son víctimas de explotación sexual comercial y de servidumbre, lo cual trae consigo dificultades y peligros adicionales; además de que son quienes realizan más actividades de cuidado y tareas del hogar, que en su mayoría no son remuneradas.
 
Según el documento de la OIT, las niñas que trabajan son discriminadas en muchas culturas, realizan cuatro veces más tareas del hogar que los varones, y con frecuencia deben combinar estas actividades domésticas con otras labores económicas adicionales.
 
Además, 33.7 por ciento de las niñas ocupadas no recibe educación escolar, lo que da como consecuencia que dos tercios de la población analfabeta sean mujeres, a pesar de que garantizar la asistencia escolar de toda la infancia también es una obligación del Estado y un derecho asentado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
 
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