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Pobreza y violencia roban años a la infancia mexicana

Por Gladis Torres

Como la mayoría de los países en desarrollo, México registra uno de los más altos índices de embarazos entre adolescentes, lo que deriva en una serie de problemáticas poco atendidas por el gobierno y que se refleja en bajo presupuesto o la nula existencia de programas gubernamentales para su atención. Realidad que se vuelve de carne y hueso en Sandy.

Con 19 años, Sandy tiene una larga historia para contar: “salí de mi casa rumbo a la secundaria, pero esa tarde decidí no regresar, ya no quería escuchar más los gritos e insultos de mi padre,” cuenta con la mirada fija en el suelo y un cigarro en la mano.

La menor de cinco hermanos, dos mujeres y tres varones, refiere lo difícil que era la situación en su casa, por la violencia y las dificultades para resolver los gastos familiares. “Apenas y sobrevivíamos, mi padre es albañil y mi mamá lavaba ropa ajena, yo creo que tanto trabajo y el poco dinero era lo que los hacia pelear a cada rato”.

Mi mamá quería que mi hermana y yo fuéramos a la escuela, que hiciéramos una carrera, pero mi papá pensaba que era mejor que trabajáramos, pues decía que “para qué tanto estudio, al rato se casan, se llenan de hijos y no nos van a dejar nada”. Sin embargo, Sandy confiesa que ella tenía otras expectativas en la vida “por eso los abandoné, además, me harté de tantos malos tratos”.

Procedente de un pueblo de la delegación Tláhuac, se aventuró en la ciudad más grande del mundo. “En la calle pasa de todo, pero sólo tú sabes a qué le entras y a qué no. Yo, por ejemplo, nunca quise drogarme, no le encontré el chiste, únicamente quería ser libre de las presiones y los gritos, claro, eso implicó hacer de todo, desde cargadora en la central de abastos, barrendera, vendí quesadillas y, ahora, hasta cuido niños en casas particulares”.

La cuidadora de niños, como ella dice, confiesa con picardía que de “algo de lo que nunca me supe cuidar fue de los hombres. Siempre pongo los ojos en personas equivocadas, a los 14 años me enamoré de un señor de 40 años y casado, para acabarla de amolar, tuvimos una relación y a los 15 años salí embarazada. Decidí abortar, yo no podía cuidar a un bebé. Imagínate, sin dinero y sin casa”.

–¿Cómo abortaste?

La pregunta evoca un recuerdo que se borra en la vida, pero que admite que por la falta de oportunidades no tenía otro camino.

“Fue horrible me vendieron unas hierbas en el mercado, me las dieron con unas pastillas, pero me dolió mucho, me dio un chingo de calentura y me empecé a desangrar bien feo, pensé que me moría, pero una amiga cuando me vio tirada y en el charco de sangre me llevó con un doctor que conocía y pasó el susto. Lo bueno que el doctor era cuate de mi amiga, sino que tal si me hubiera acusado y hasta el reclu me llevan”.

Sandy, que por mucho tiempo durmió en una camioneta en la calle, propiedad de una familia que la dejaba bañarse y a veces “hasta me daban comida”, dice que vivió en ese lugar dos abortos, de la misma manera que la primera vez y que la “libró” casi de milagro.

Sandy tiene ahora 19 años. Es madre soltera de una pequeña de dos años, las dos viven solas en un modesto cuarto de vecindad, que paga con su trabajo como cuidadora de niños. Asegura que este trabajo le gusta porque le permiten estar con su hija.

Sin embargo, también suspira porque su vida es muy difícil, pues no cuenta con apoyo alguno cuando se enferma la niña. En los hospitales públicos “son bien gandallas parece que les estás pidiendo limosna. Ya ni me acuerdo cuando empecé los trámites para la ayuda a las madres solteras, nada me traen a la vuelta y vuelta”, lamenta.

LA SALUD DE LAS NIÑAS

Porque hay demasiadas niñas como Sandy, el gobierno mexicano, será cuestionado por el próximo 23 de mayo sobre los mecanismos que utiliza para garantizar los derechos de la infancia en Ginebra ante el Comité de los Derechos del Niño de la ONU.

México registra altos porcentajes de embarazo en adolescentes, con los riesgos que implican la fecundidad precoz para la salud de la madre y de su descendencia, además de que esta etapa de la vida puede limitar el desarrollo personal de las jóvenes, como le sucedió a Sandy.

El Consejo Nacional de Población (Conapo) estimó que durante el año 2000, ocurrieron en el país cerca de 366 mil nacimientos en madres menores de 19 años de edad, lo cual refleja pocos logros en el uso de anticonceptivos y la disminución de embarazos no planeados.

La atención prenatal y del parto en jóvenes es inferior al promedio nacional, en el 2000 el 88.2 por ciento de las jóvenes de 15 a 19 años recibió atención médica prenatal y del parto, en tanto, el promedio nacional es de 85.6 por ciento.

Para el año 2001, 16 por ciento de las muertes fetales neonatales registradas fueron de madres adolescentes entre los 12 y 19 años. La población adolescente es uno de los sectores más desatendidos por las instituciones públicas y, por tanto, más rezagados en salud reproductiva, señala la Red por los Derechos de la Infancia en México.

A una o un menor cuyos padres cuentan con empleo formal se le destinarán dos mil 786 pesos al año, mientras quienes viven en condiciones de extrema pobreza el gasto es de 384 ó 131 pesos en el mismo lapso, monto que puede variar dependiendo si lo atiende el IMSS-Solidaridad o el Programa de Atención Comunitaria (PAC), según el informe Presupuestos Sensibles a la Infancia, realizado por la organización Fundar, Centro de Análisis e Investigación.

NIÑAS VIOLENTADAS

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2003 indica que las adolescentes -entre 15 y 19 años- son el grupo de edad en mujeres, que son victimas de violencia en diferentes modalidades, alcanzando a casi seis de cada diez.

Aunque no es una medida dirigida a niñas y niños que sufre violencia, si es indicativa de que en México prevalece un ambiente familiar donde la violencia es cotidiana, como sucedió en el hogar de Sandy.

MADRES TRABAJADORAS

Por otra parte, un estudio de Instituto Nacional de Geografía y Estadística e Informática (INEGI) publicado en 2004, señala que en el 2002 había 7.36 millones de niñas y niños trabajadores, cuyas edades oscilan entre los seis y 19 años, lo que representa el 19 por ciento del total de la población infantil.

Las niñas como Sandy se convierten en jefas de familiay, como indica el estudio que, en los últimos años, la dinámica laboral es mayor para actividades de tipo doméstico, siendo las niñas las principales proveedoras de este servicio.

La falta de acceso a la educación para las y los menores que trabajan se eleva hasta un 79.66 por ciento, por lo cual su formación educativa, para poder desarrollar sus capacidades y habilidades, se ve seriamente limitada, indica el informe Infancias Mexicanas Rostros de la Desigualdad.

Ha llegado la hora de evitar que el ciclo vital de la mujer se convierta en un círculo vicioso en el que predomine el abandono, el analfabetismo y la pobreza, puntualiza la Convención sobre los Derechos del Niño.

06/GT/SJ

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