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Reportaje – Justicia aún no llega para damnificadas por “Ingrid” y “Manuel”

Por Anaiz Zamora Márquez
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A un año del paso de los meteoros “Ingrid” y “Manuel”, las familias afectadas en la región de la Montaña, en el estado de Guerrero, aún esperan la reconstrucción de sus comunidades.
 
En septiembre de 2013, mientras gran parte de la población se alistaba para festejar el Grito de Independencia, cientos de familias de comunidades marginadas de esa entidad vivían el terror de ver desfilar sus casas en medio de ríos de lodo.
 
Las lluvias torrenciales provocadas por el huracán “Ingrid” y la tormenta tropical “Manuel” se llevaron el patrimonio de muchas familias.
 
A un año de la tragedia, mujeres de la Montaña guerrerenses denuncian que los gobiernos federal y estatal aún no han reconstruido sus hogares, y no han reubicado a muchas familias que viven en zonas de alto riesgo.
 
Por si fuera poco, en Guerrero no se han subsanado las condiciones de vulnerabilidad que enfrentan las comunidades, por lo que están ante el riesgo de que se repita otra tragedia en esta temporada de lluvias.
 
Para la reconstrucción de los daños se destinaron más de 69 mil millones de pesos (mdp), de los cuales 12 mil mdp provenían del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden).
 
Aunque se destinaron recursos, las mujeres de Guerrero aseguran que hubo un desinterés de las autoridades de los tres niveles de gobierno, por lo que la comunidad de Kandutia decidió organizarse e iniciar de manera autogestiva la reconstrucción de su localidad.
 
Con la ayuda de ingenieros y profesionales, la comunidad determinó el lugar al que tendrían que ser reubicadas 28 familias que habitaban en zonas de alto riesgo y que perdieron sus casas.
 
Edith Herrera Martínez, una de las afectadas, aseguró que hasta la fecha se ha logrado la construcción de las casas de 10 familias, pero esto fue posible en gran medida por la ayuda que recibieron de familiares y con base en sus propios recursos, pero aún luchan por la reubicación de 18 familias que carecen de recursos y cuyos integrantes son en su mayoría personas adultas mayores o mujeres jefas de familia.
 
La comunidad decidió, en asamblea, poner en marcha la campaña “Construyamos otros caminos con la Montaña de Guerrero”, que busca –mediante representaciones artísticas y venta de productos de la comunidad– lograr la solidaridad de la ciudadanía para obtener los fondos que se requieren para construir las viviendas faltantes.
 
DESASTRE
 
“Ingrid” y “Manuel” impactaron el mismo día (14 de septiembre) al país. La cantidad de lluvia de las tormentas desbordó ríos y provocó deslaves, a lo que se sumó la falta de aviso oportuno a las comunidades, por lo que –según datos oficiales– los meteoros afectaron a un total de 60 mil personas en 18 estados, y provocaron la muerte de otras 157. 
 
Guerrero fue el estado más afectado: 56 de sus municipios sufrieron daños a viviendas y vías de comunicación.
 
Una de las comunidades con más estragos –y a la que se pudo acceder hasta 11 días después de la tormenta– fue Kandutia, en la Montaña de Guerrero y mejor conocida como San Marcos, en el municipio de Metlatónoc, el segundo más pobre del país y ubicado a más de 65 kilómetros de la ciudad de Tlapa.
 
Edith Herrera Martínez, habitante de esa comunidad mixteca, relata a Cimacnoticias que la tormenta tomó por sorpresa a la mayoría de la población. Las lluvias –que iniciaron desde el 12 de septiembre– provocaron que 20 casas hechas de madera o lámina se derrumbaran.
 
En Kandutia perdieron la vida cuatro personas que quedaron enterradas entre los escombros, además de que la mayoría de las familias perdió sus animales de crianza que representaban su principal medio de subsistencia.
 
De acuerdo con cifras oficiales, 101 de las muertes ocurrieron en la entidad y unas 8 mil 500 casas –de las 14 mil 564 viviendas afectadas en 22 estados– tuvieron daños irreversibles en la localidad. Las tormentas afectaron a 56 municipios guerrerenses, la mayoría ubicados en zonas de alta marginación.
 
HORAS DE ANGUSTIA
 
“El día de la tormenta y de los derrumbes nadie sabía a dónde ir o cómo refugiarse; pasamos horas de angustia viendo cómo se caían nuestras casas y la lluvia se llevaba los ahorros de toda una vida”, recuerda.
 
De acuerdo con el relato de la ahora activista a favor de su comunidad, ese día muchas personas quedaron atrapadas entre el lodo que recorría los caminos. Una de ellas era una mujer embarazada y a quien tuvo que ayudar uno de los jóvenes de la comunidad.
 
“Sí sobrevivimos fue porque nos ayudamos entre nosotras y nosotros; las personas jóvenes intentamos ayudar a aquellas que no podían caminar o a las mujeres que tenían a sus bebés de brazos; nos instalamos en una escuela o en las casas que no quedaron destrozadas”, narra.
 
Por días la ayuda –que presumía el gobierno federal– no llegó a la comunidad, ya que las principales vías de acceso estaban bloqueadas y el mal tiempo que siguió al impacto de las tormentas impedía el sobrevuelo de helicópteros.
 
Como lo describe Edith, esos días fueron de angustia para la comunidad, especialmente para las mujeres que en ese momento presentaban embarazos y para las y los niños que requerían de atención médica inmediata debido a enfermedades respiratorias y gastrointestinales.
 
La joven advierte que tras la contingencia, funcionarios estatales llegaron a la comunidad a pedir las credenciales de elector a cambio de víveres que nunca llegaron.
 
Además, “la supuesta ayuda sólo sirvió para que los militares entraran a la zona para reprimirnos cuando decidimos defendernos u organizarnos”.
 
Después de las afectaciones, el gobierno federal anunció programas de ayuda, como la entrega de tarjetas por parte de la Secretaría de Desarrollo Social federal para ser cambiadas por electrodomésticos y muebles, y la activación (en octubre de 2013) del “Plan Nuevo Guerrero”, que entre otras cosas proponía la construcción de carreteras, vías de comunicación y la denominada “Ciudad Mujer”.
 
Finalmente, la joven destaca la urgencia de que las familias sean reubicadas y que el Estado atienda las fallas estructurales que permitieron los derrumbes, pues la actual temporada de lluvias pone de nuevo a las familias ante un riesgo elevado de perder su patrimonio, la vida o a sus seres queridos, pues ahora se han registrado bloqueos en los caminos.
 
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