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Rezago de 20 años en anticonceptivos entre mujeres rurales

Por Guadalupe Cruz Jaimes

A comparación de las habitantes de zonas urbanas, las mujeres rurales tienen un rezago de más de 20 años en el uso de métodos anticonceptivos, ya que actualmente su prevalencia es de 63.7 por ciento, semejante a la proporción registrada por las originarias de las ciudades en 1987.

Esta situación muestra el rezago de las habitantes del campo en el acceso a la salud sexual y reproductiva.

Rosa María Zabal, coordinadora de Kinal Antzetik-DF, señaló a Cimacnoticias que aunque las mujeres rurales hablan español, enfrentan dificultades semejantes a las indígenas para acceder a información e insumos para ejercer sus derechos sexuales y reproductivos.

Puso como ejemplo que las habitantes de comunidades rurales e indígenas sufren la falta de infraestructura en salud, pues “tienen que caminar hasta tres horas para poder llegar a un centro de salud más cercano”.

Además, el personal de los servicios médicos las discrimina y aunque comparten el idioma no se comunican con ellas de manera adecuada, para dotarlas de herramientas que les permitan cuidar su salud sexual y reproductiva.

El resultado de estas deficiencias es que mientras las mujeres urbanas tienen una prevalencia del uso de métodos anticonceptivos de 75.1 por ciento, las rurales apenas alcanzan 63.7 por ciento.

Según estimaciones realizadas por el Consejo Nacional de Población (Conapo), la prevalencia anticonceptiva en las habitantes del campo es semejante a la registrada por las mujeres urbanas en 1987.

Por lo que existe un rezago de 22 años en el aumento del uso de métodos de control natal en las mujeres rurales a comparación de las urbanas, a pesar de que la brecha se redujo de 16.5 a 11.3 por ciento de 2006 a 2009.

Zabal apuntó que las habitantes del campo “en muchas ocasiones o no conocen (los métodos anticonceptivos) o si los conocen nunca han tenido acceso a ellos” por la lejanía de los servicios, y la discriminación que padecen cuando llegan a las unidades de salud.

“Aunque hablan español, igual que el personal, su acceso a la información e insumos para garantizar la salud sexual y reproductiva sigue siendo deficiente”, denunció la activista.

No obstante dijo que comunicarse en el mismo idioma que el personal favorece su acceso a los servicios en comparación con las indígenas, quienes enfrentan todavía más obstáculos por su condición étnica para ejercer sus derechos.

Rosa María Zabal abundó que esta situación se reproduce cuando las mujeres rurales salen de sus pueblos a zonas urbanas como el Distrito Federal (DF).

Explicó que “aunque en su colonia hay al menos un centro de salud y la distancia es mínima a comparación de la que tenían que recorrer en sus comunidades, cuando llegan a las unidades se encuentran con la misma discriminación”.

La coordinadora de Kinal Antzetik-DF añadió que el maltrato en los servicios de salud de las urbes aumenta cuando atienden a población indígena, “porque muchas de ellas son monolingües”.

Esta circunstancia se traduce desde la falta de atención de calidad hasta la descalificación de sus “métodos tradicionales para la promoción de la salud sexual y reproductiva”, como la practica del parto vertical atendido por parteras.

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