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Separación familiar: costo emocional de la migración

Por Nelson Rodríguez, corresponsal

Hace dos años la pareja de Mayra emigró a Estados Unidos de forma regular y aunque ha logrado trabajar y enviarle una remesa mensual, ella y su hija de 6 años lo que más resienten es la separación familiar.
 
Mayra dice que su hija aunque casi a diario habla por teléfono con su papá utilizando las nuevas tecnologías, siempre le reclama su presencia, por lo que ha tenido que acudir a una psicóloga para que le ayude a tratar con su hija esta ausencia física del padre.
 
De lo que más se quejan las y los hijos y las parejas de los migrantes es de la separación familiar, indica un estudio de caso  realizado por la organización civil Nicasmigrantes entre las familias de 97 nicaragüenses que se encuentran en EU.
 
En el estudio realizado en febrero pasado y divulgado este mes, se consultó a hijas, hijos y parejas de migrantes en Juigalpa (centro del país), La Trinidad y Estelí (norte), y Nandaime (sur de Managua).
 
Se asienta que la mayoría de estas personas si tuviera la oportunidad de escoger entre remesas y la presencia de sus familiares, preferiría no recibir dinero y estar juntos en Nicaragua.
 
Martha Cranshow, directora de Nicasmigrantes, dijo que encontró casos de separación familiar en la ciudad de Estelí, a tres horas al norte de Managua, donde dos niñas de 9 y 4 años quedaron con dos tías en hogares distintos, luego de que sus padres emigraron a EU.
 
Según la activista, la niña de 9 años le manifestó que se sentía muy sola, primero porque creía que había perdido a sus padres y segundo porque aducía que también estaba perdiendo a su hermana menor, porque para verla tenía que caminar casi un kilómetro a la casa de la otra tía.
 
Aunque estas dos niñas están protegidas por sus tías y no tienen ningún riesgo de violencia ni carencias económicas, la migración de sus padres les afecta mucho, sostuvo Cranshow.
 
Cuando se quedan con otros familiares por la migración de sus padres, las y los hijos crecen con el “sentimiento de abandono”, aunque no sea así, explicó la psicóloga Lorna Nororí, del Movimiento Infantil contra el Abuso Sexual.
 
Pero no sólo las y los hijos se ven afectados por la migración, también los padres en muchas ocasiones se sienten mal por haber tenido que emigrar por la búsqueda en el extranjero de mejores condiciones económicas, señaló Nororí.
 
En su consultorio la psicóloga ha recibido casos de niñas y niños con problemas de escolaridad, y ha detectado que en muchos casos se debe a la separación de sus padres por la migración.
 
Muchas adolescentes crecen con el “sentimiento de abandono” y esto determina su condición en la formación de su identidad, lo que puede llegar a trastocar muchas esferas de su vida, explicó la especialista.
 
Nororí dijo que ha tenido casos de llamadas telefónicas de madres que viven EU, desesperadas por los problemas de sus hijos en Nicaragua, y le explican que están en una situación muy difícil porque quisieran regresarse para estar con sus hijos, pero si lo hacen no podrían volver y eso las afecta mucho emocionalmente.
 
Según el perfil migratorio de la Organización Internacional de las Migraciones, en EU viven de forma regular unos 450 mil nicaragüenses, aunque la cantidad podría ser mayor si se toma en cuenta a quienes se encuentran sin documentos de estancia legal.
 
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