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Sexo y democracia

Por la Redacción

Del 14 de febrero al 2 de marzo se realizó en la ciudad de México la “Feria del sexo y entretenimiento, Expo-sexo”, como se viene haciendo desde hace 6 años en el auge del gobierno panista. Con una asistencia aproximada de 120 mil personas y la presencia de “artistas” de cine porno, se venden “juguetes sexuales”, productos afrodisiacos, pornografía, espectáculos “reality porno” y hasta sexo.

Bajo la apariencia de una liberalidad al nivel de países “más desarrollados”, México apertura su degradación pública sin que los agentes representantes de la “virtud social” hagan presencia (o tal vez lo hacen discretamente a título personal para adquirir lo que se oferta), como lo hacen respecto a temas de defensa de la dignidad humana: despenalización del aborto y derecho al matrimonio y adopción para personas del mismo sexo.

El asunto de la industria del sexo que reduce la libertad individual al ejercicio obsesivo de una sexualidad que se mide en dinero, no parece importarles. El límite de la moralidad, que se asusta de la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo y convierte en criminales a quienes aman a los de su mismo sexo, es la degradación de las mujeres y las niñas que son tratadas como mercancía por traficantes de otros bienes de consumo prohibidos y el dinero que esa industria produce. Es más fácil oponerse al ejercicio de la libertad individual de las personas que a toda la estructura ligada al crimen organizado de la trata de mujeres y niñas.

La cuestionable libertad capitalista del mercado alcanza a cubrir hasta la dignidad humana que se vende y se compra sin recato, en actos de promoción pública que las representantes de la vela perpetua, como la sobrina del presidente, no cuestionan.

El dinero que mueve la industria de la degradación humana alcanza para definir como virtud pública hasta el delito de la trata de mujeres y niñas. La esclavitud que pervive desde tiempos inmemoriales hasta el siglo XXI, justificada como “oficio”, se disfraza de desarrollo y democracia, reduciendo la libertad de amar a compra-venta y la dignidad humana a sobrevivencia.

Paradójicamente el Estado que promueve actos jurídicos para evitar que las mujeres puedan elegir plenamente con quien y el momento de su descendencia; lo que haría del mundo un lugar de hijos y personas deseadas, amadas, elegidas; no se alarma de tener un burdel que se anuncia en espectaculares y en el metro, en pleno centro de la ciudad de México. Resulta contradictorio que en un país en el que los Gobernadores se preocupan porque no se casen personas de un mismo sexo, no se preocupen de que sus estados provean la “materia prima” de la industria del sexo, sin crear las condiciones económicas de igualdad que permitirían erradicar la trata, la pornografía y la prostitución infantil y adulta.

El control de las vidas de las personas a través del sexo, reprimido en otras esferas que lo convierten en pecado, es el Panóptico de vigilancia del que hablaba Foucault para caracterizar al poder de nuestro tiempo. Y es tan efectivo para tener contenida la posibilidad de rebeliones que muchas veces las mismas prostitutas creen que su vida es expresión de una verdadera elección. Para que lo fuera sería necesario depurar el ejercicio erótico en una auténtica expresión de libertad, sin coerciones ideológicas que lo convierten en tabú desde la infancia, de la presión económica que obliga a guardar la castidad de las mujeres “buenas” y castigar su libertad bajo el estigma de “malas”.

Devolver pues a las mujeres el control de sus cuerpos y sus vidas es la única manera en que el progreso humano retomaría su cauce de avance y crecimiento. El ejercicio autónomo y racional de la sexualidad arrebataría la libertad a las redes de esclavitud del sexo comercializado que convierte a los cuerpos en materia, carne sin alma, y a las personas en vulgar mercancía. La libertad de la que hoy solo los traficantes gozan: proxenetas, tratantes, promotores turísticos, hoteleros, policías y matronas, se sostiene en la corrupción de todo lo que tocan.

El año pasado México superó a Tailandia, convirtiéndose en la nación con el más alto nivel en turismo sexual, incluyendo la pornografía y la prostitución infantil.

Por último, es necesario que la igualdad económica vuelva a ser un valor político fundamental. Son las condiciones de seguridad económica, educativa, laboral y social las que eliminarían las condiciones acuciantes de necesidad que llevan a las mujeres en prostitución a creer que su actividad es producto de una elección personal. Si esto no se produce, los avances en igualdad solo someterán a más jóvenes varones, cada vez más (como ya ocurre en destinos turísticos como Cancún), al mismo destino de vasallaje que representa la prostitución masculina.

Generalmente se piensa que el cuestionamiento a la prostitución deriva de una posición moralista. También se cree, por el contrario, que una postura liberal coincide plenamente con la defensa de la prostitución. Lo cierto es que el mundo no es blanco o negro y la prostitución es condenable por otras razones más que el conservadurismo moral: por la reducción del cuerpo de mujeres y niñas a objeto mercantil y por el despojo a los seres humanos de lo que más básicamente les debería pertenecer: su cuerpo. La deshumanización de clientes, vendedores y espectadores se expresa mediante la grosera transacción comercial que es capaz de traducir la capacidad de amar, lo más sublime que el ser humano posee, en lo más abyecto…

* Académica y ex directora del Instituto Michoacano de la Mujer
10/RMG/LR

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