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Soy un ángel

Por Juana Eugenia Olvera*

Realmente no puedo decir en qué preciso momento me di cuenta que era un ángel, pero es cierto, soy un ángel.

Tal vez todo se inició con una pequeña comezón en la espalda en la parte de la escápula, que por cierto me costaba trabajo calmar.

Ahora asociando todos los pequeños eventos que se fueron presentando es que me doy cuenta de la transformación.

Primero dejé de comer en exceso, o mejor dicho, dejé de comer alimentos que antes eran casi obsesión para mí, como los dulces y golosinas de todo tipo.

Luego las horas de sueño se fueron haciendo menos. Si dormía tres horas por día era como si hubiera dormido toda la noche. Me levantaba fresca y rozagante. Luego me dio por permanecer horas y horas encerrada haciendo cosas de lo más absurdas como bajar correos del internet, corregirlos y reenviarlos.

Poco a poco me fui dando cuenta de mi transformación porque cuando salía a la calle las personas con las que me cruzaba ni me pelaban, era como si me hubiera vuelto transparente, invisible.

Si saludaba a alguien que me era conocido, o no me escuchaban, no me veían y pasaban de lado. En fin, era esa sensación de estar ahí, pero sin que nadie lo notase.

Después fui perdiendo el deseo de comprarme cosas: ropa, zapatos, y, lo más extraño, dejé de cortarme el cabello, yo que siempre anduve con el cabello casi a rape.

Bueno y lo que fue realmente el detonador que me hizo darme cuenta de lo extraño de mi vida: dejé de tener deseo por hacer el amor. Algo que anteriormente era casi como respirar, había dejado de tener motivación para ello y no porque no hubiese con quien practicar, sino porque simplemente no existía el deseo.

Hablé con mi médica de cabecera y se rió de las conclusiones a las que había llegado y me dijo que dejara de fantasear. Que mi organismo estaba bien. Bueno, hasta me hizo una serie de estudios que mostraron mis órganos internos, mismos que se encontraban en un perfecto estado de salud, lo cual contradecía lo esperado por ella, dado los muchos años de vida que llevo.

Me dijo que podía comer todo lo que deseara y que hiciera el ejercicio que acostumbraba, ya que me permitía que mis articulaciones se mantuvieran funcionando sin rechinar, que era lo que en ocasiones me molestaba.

En fin, cuando salí de la consulta casi me siento normal, sólo que se me olvidó preguntarle qué hacer con las alas que tengo, dejan mucha basura en la cama y me molestan cuando me baño, pues tardan en secarse y tengo que permanecer desnuda hasta que escurren toda el agua y no se diga con los fríos, los resfriados que me he creado, pero el principal problema se da cuando tengo que viajar en el Metro, ya que todavía no he aprendido a volar con ellas.

*Narradora oral, astróloga y terapeuta.

12/JEO/RMB

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