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También la ONU discrimina a las mujeres

Por María Elena López Segura

La Organización de Naciones Unidas (ONU), carece de una visión integral de género que permita a sus fuerzas de paz involucrar de manera efectiva a la población femenina en la reconstrucción de sus países luego de un conflicto bélico, problema que se origina en la discriminación hacia las mujeres en ese organismo internacional.

Centro de la atención mundial por las negociaciones para impedir que Estados Unidos invada Iraq bajo el argumento de que el país árabe posee armas de destrucción masiva, la ONU incurre en prácticas discriminatorias ya que sólo el 1.3 por ciento de su personal en puestos directivos corresponde a mujeres.

¿Cómo puede esperarse entonces que una organización de la talla de la ONU tenga una visión de género en sus operaciones de paz?

Elizabeth Rehn y Ellen Jonson hacen en el libro, Mujeres, Guerra Paz, una dura crítica a esa institución, que entre 1957 y 1989 ocupó a sólo el 0.1 por ciento de personal femenino en sus misiones de paz, a pesar de que son precisamente las mujeres las más vulnerables en los conflictos bélicos, y representan un factor decisivo en la reconstrucción.

Editado por el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (UNIFEM en inglés), el libro está basado en una investigación de campo que Rehn y Jonson hicieron en 14 zonas de conflicto, entre ellas Timor Este, Bosnia Herzegovina, Kosovo, los territorios palestinos ocupados por Israel, Ruanda, Somalia y la República Democrática del Congo.

Las reflexiones de las autoras van más allá de lo que encontraron en los campos de batalla, en los de refugiados, en las ciudades destruidas. En los testimonios de los sobrevivientes.

Aunque por recomendación del secretario general del organismo para el año 2000 la ONU debía contar con 50 por ciento de personal femenino, incluyendo las misiones en campo, para entonces el número de mujeres que realizaba labores de vigilancia creció sólo cuatro por ciento, y el de militares del sexo femenino únicamente tres por ciento.

En las oficinas centrales de la ONU, en Nueva York, las mujeres representan sólo el 18 por ciento de la fuerza laboral. Las autoras adjudican esa baja representación al hecho de que muchas veces los puestos vacantes no son difundidos y son ocupados por “viejos amigos” del personal del propio organismo.

Esa falta de equidad, de origen, afecta lo que debería ser uno de los principales objetivos de las misiones de paz: proteger a la población femenina e involucrarla en la reconstrucción.

SOLO BUENAS INTENCIONES

Si bien las autoras afirman haber encontrado en lugares como Kosovo, Timor Este o Afganistán, líderes de misiones de paz dedicados que rescataron a algunas mujeres de la esclavitud sexual y documentaron casos de violaciones a sus derechos humanos para iniciar procesos contra los culpables, en varias ocasiones las mujeres locales simplemente son ignoradas en las tareas de reconstrucción, no se les consulta sobre sus necesidades ni se les contrata en los campamentos de la ONU.

“Las mujeres de las localidades que visitamos están profundamente afectadas por lo que llamamos el ambiente de pacificación, la mayoría ha esperado a las misiones de la ONU con esperanza, esperaron ver el fin de la guerra y una vez que llegaron muchas recibieron beneficios directos”, relatan las autoras, aunque admiten que no para todas ha sido igual.

Casi toda la gente, agregan, asocia el “ambiente de pacificación” con el aumento de la prostitución, explotación sexual y la diseminación del SIDA. La presencia de personal extranjero, bien pagado, en su mayoría masculino, militar o civil, tiene un impacto brutal en la población local, sobre todo en las mujeres jóvenes, que pronto comienzan a trabajar en la industria que se desarrolla alrededor de las fuerzas de paz, como bares, hoteles, restaurantes y desde luego, prostitución.

EXCELENTES IDEAS QUE NO FUNCIONAN

Desde hace dos años, al menos cuatro de 15 operaciones de paz de la ONU han dedicado a una parte de su personal a asuntos de género, sin embargo ese tímido intento ha sido un fracaso a pesar de la disposición de mujeres locales ávidas de apoyo, necesitadas de trabajo y con ganas de participar en la reconstrucción de sus países.

En Timor Este, Kosovo, Sierra Leona y la República Democrática del Congo han sido establecidas oficinas de género, además de las que se ocupan de los derechos humanos, sin embargo sólo una persona está a cargo y carece de la autoridad y el acceso a los altos mandos de la ONU para desempeñar su labor.

Es responsabilidad de las encargadas de esas oficinas, llamadas “asesoras de género”, garantizar que la problemática femenina sea integrada a todos los programas y actividades de las misiones, entrenar a las fuerzas de paz, observadores militares y policía civil en asuntos de género, emitir alertas a todos los niveles de la autoridad internacional sobre potenciales problemas y organizar a las mujeres locales para que participen en el proceso de paz.

¿Cómo logra todo eso una sola persona sin apoyo?, Para las autoras este es un esfuerzo estéril ya que las asesoras requieren de más personal y sobre todo de una estrategia diseñada al más alto nivel que refleje la decisión de dar prioridad a los problemas de género y no sólo instalar una oficina porque está de moda simular que se atiende a las mujeres.

RECOMENDACIONES

Todos los aspectos y todos los niveles de las operaciones de mantenimiento de la paz requieren una perspectiva de género, entre ellos el análisis político, las operaciones militares, la política, asistencia electoral, apoyo para la defensa de los derechos humanos, asistencia humanitaria -lo que debe incluir a los desplazados y refugiados- actividades de desarrollo y reconstrucción y divulgación de información.

Entrenar a las tropas y a las policías civiles en asuntos de género es esencial en países donde pueden ser establecidos gobiernos interinos con el fin de establecer un balance que permita a los gobernantes tomar en cuenta las necesidades de la población femenina, agregan las expertas.

Incluir especialistas de género en todas las misiones de paz a todos los niveles, así como realizar encuestas técnicas y dar entrenamiento previo a los soldados y responsables de la misión.

Todas las misiones de paz de la ONU deben incluir un equipo especializado de monitoreo de violaciones a los derechos humanos de las mujeres, dotado del mandato y recursos para investigar, documentar y reportar los casos.

Reforzar los códigos de conducta del personal humanitario y del integrante de las misiones de paz para evitar abusos y no hacer excepciones para llevar a la Corte Penal Internacional a los integrantes de las fuerzas de paz que hayan cometido crímenes en los lugares a los que fueron enviados, entre ellos los realizados contra mujeres.

Las misiones de paz de la ONU deberán crear oportunidades de colaboración con grupos locales de mujeres para atender asuntos de género en una forma efectiva.

MEL

       
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