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Trabajo doméstico: más allá de labores de limpieza

Por Mónica Pérez

El trabajo doméstico se define como el conjunto de actividades que se realizan de forma gratuita para procurar el bienestar a las y los miembros de una familia, y por extensión, a la sociedad en general.

Cocinar, lavar, planchar, limpiar, hacer las compras y atender las necesidades de hijas, hijos u otros miembros del núcleo familiar, son algunas de las actividades que implica el trabajo doméstico.

Sin embargo, éste no se limita a la realización de labores limpieza y orden, pues al mismo tiempo es uno de los ejes más importantes para mantener el equilibrio entre las y los integrantes de la familia.

A pesar de su importancia, del trabajo doméstico aún no es valorado. De acuerdo con el documento base de la campaña “Por la valoración del trabajo doméstico”, que se llevó a cabo en 2002 por una red de organizaciones civiles, esto se debe a dos razones fundamentales.

La primera está relacionada con la creencia de que todo lo que tiene que ver con el buen funcionamiento del hogar es de naturaleza femenina, y la segunda porque el trabajo doméstico está catalogado como un conjunto de actividades socialmente no productivas, es decir, son labores no remuneradas pues a cambio no se obtiene dinero.

En términos generales la sociedad ha definido el espacio público y el trabajo que produce ingresos económicos como el espacio masculino; mientras que el mundo privado, como las labores domésticas, la vida cotidiana y el trabajo no remunerado es esencialmente el espacio femenino.

Así, estudios especializados en la división sexual del trabajo, señalan que las normas sociales han delegado a las mujeres las tareas domésticas y a los varones las que están fuera del hogar.

Fue a partir de la década de los años setenta, cuando el movimiento feminista introdujo la reflexión sobre la contribución de las mujeres a la economía de los países a través del trabajo doméstico.

En este contexto, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá, Colombia, en julio de 1981, las participantes expusieron de manera detallada la problemática que enfrentan las mujeres dedicadas al trabajo y al servicio doméstico.

Ahí se advirtió el no reconocimiento de este trabajo; la doble jornada que debe enfrentar la mujer; las deplorables condiciones en que la población femenina de los sectores populares debe desarrollar estas labores y la ausencia de seguridad social para las amas de casa, entre otras problemáticas.

Los puntos anteriores fueron retomados en el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se realizó en Lima, Perú en 1983, en donde además se plantearon las formas de inserción de la mujer en el mercado de trabajo; las dificultades y barreras objetivas que enfrenta; la percepción que las mujeres tienen con relación al trabajo asalariado; la vida doméstica y la división del trabajo; así como las formas de lucha y de participación.

Fue durante este Encuentro cuando se aprobó la propuesta de instaurar el 22 de julio como el Día Internacional de Trabajo Doméstico, con el objetivo de impulsar una reflexión constante con respecto a las implicaciones que tienen las labores del hogar en todos los sectores de la sociedad.

En esta fecha se invita a las amas de casa y a las trabajadoras domésticas a que no realicen sus actividades como una forma de evidenciar el valor de su trabajo.

Asimismo, en la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Pekín en 1994, los países participantes ratificaron compromiso para trabajar por la reivindicación y revaloración del trabajo doméstico. Ahí también surgió la propuesta de pugnar por una política en beneficio de las mujeres que realizan esta actividad diariamente sin recibir reconocimiento económico.

Por ello resulta de vital importancia hablar de un reparto equitativo del trabajo doméstico, lo cual implica cambiar la percepción tanto de hombres como de mujeres para promover que deje de ser considerado como una actividad propia del sexo femenino.

No esperemos evidenciar la importancia del trabajo doméstico, sólo cuando éste no se realiza.

2004/MP/GV/SM

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