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Un amor que vence los prejuicios

Por Esther de la Rosa

Hace cuatro años, la pareja de Nélida Reyes decidió cambiar de sexo para convertirse en mujer. Nelly venció sus prejuicios y se quedó con ella; perdió a su compañero sentimental, pero ganó una hermana. Juntas se enfrentan a gran parte de la sociedad que no las acepta.

“Fue una dinámica muy acelerada y muy obsesiva”, comenta Nelly al recordar cuando su pareja tomó la decisión de cambiar de sexo para convertirse en Irina Echeverría.

La pareja se conoció hace 14 años. Ambas estaban vinculadas al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). La militancia de izquierda y su preocupación política las unió y nació el amor, aunque en el interior de Irina bullía un sentimiento que no se atrevió a desvelar a nadie, ni siquiera a Nelly: se sentía una mujer con cuerpo de varón.

Irina, además, nació con polineuropatía degenerativa crónica, una enfermedad que disminuye el movimiento y la sensibilidad en todo el cuerpo y que la postró en una silla de ruedas. Necesita a Nelly para realizar actos tan cotidianos como peinarse o salir a la calle y desplazarse en una ciudad repleta de obstáculos insalvables para las personas con discapacidades físicas.

La enfermedad condicionó la vida de Irina en muchos sentidos. Sus padres, militantes del Partido Comunista lograron, gracias a un convenio entre México y la desaparecida Unión Soviética enviar cada año a Irina, todavía con identidad de varón, a un hospital moscovita al que acudían dirigentes de todos los partidos comunistas.

Los médicos nunca pudieron curar a Irina pero en el hospital conoció a reputadas figuras del movimiento comunista internacional, como al fallecido Yasser Arafat, quien encabezó la Organización de Liberación Palestina; a Daniel Ortega, líder nicaragüense del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), o al dirigente chileno Luis Corvalán.

Hoy, Nelly es de las pocas personas que no ha perdido Irina desde que inició su proceso transexual. “Ya no tengo familia. A mi madre, que fue el pilar fundamental de mi vida, también la perdí”, comenta.

Y es que a la sociedad mexicana aún le cuesta aceptar la diferencia. Según la Primera Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, realizada este año por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), 48.4 por ciento de la población no permitiría que en su casa viviera una persona homosexual.

Para Nelly tampoco fue fácil permanecer junto a ella. “Yo pensaba que no tenía prejuicios, pero tengo muchos. Era luchar contra los prejuicios de fuera y contra los míos”.

Pero permanecieron juntas y, después de largas conversaciones y un proceso que Irina recuerda como “doloroso”, construyeron una nueva relación basada en la tolerancia y en el respeto. “Ahora somos hermanas”, comenta Irina; una nueva identidad que ambas aceptan y que las une sin fisuras.

“No quiero que nadie la ataque”, comenta Nelly al hablar sobre los vecinos de la unidad habitacional que comenzaron a insultar a Irina, aventándole incluso un gato muerto por la ventana cuando inició su proceso transexual.

Cuando denunció estos hechos Irina sufrió, además, la discriminación de un funcionario públicoque se negó a tramitar la denuncia, violando los derechos de Irina protegidos en la Constitución y en la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación.

“Algo que me causó mucha rabia y dolor fue el hecho de que muchos amigos míos no hayan querido pelearse con la gente para defendernos”, dice Nelly.

Irina admite que sin Nelly no hubiese sido capaz de seguir peleando por sus derechos. Ambas han perdido mucho en estos cuatro años, pero también han ganado. Irina dice que ha comprendido que la familia se puede construir.

Nelly admite que fue duro perder a su antigua pareja, y aunque recuerda con cierta nostalgia ese periodo, afirma que ha ganado, sobre todo, la solidaridad de los nuevos amigos que han encontrado en esta nueva etapa.

“Algo que me ayudó mucho fue la publicación que hizo LetraS sobre familias diversas. Me dije: ‘qué padre este término’, porque me ayudó a sentirme ubicada en la sociedad”.

Una sociedad que aún no está preparada para asumir los nuevos lazos de afecto y de convivencia que Irina y Nelly se han atrevido a construir juntas.

05/ER/YT

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