Inicio Un fandango, la fiesta de La Candelaria en Tlacotalpan, Veracruz

Un fandango, la fiesta de La Candelaria en Tlacotalpan, Veracruz

Por Carolina Velázquez/enviada

Entera quisiera ser
una jarana cantando
en tu regazo mecer
un son que me diga cuando
al punto de amanecer
nos estaremos amando
(Amanecer, son de Ramón Gutiérrez,
por el grupo Son de Madera)

Tlacotalpan, Ver, 30 enero 09 (CIMAC).- Una décima jarocha afirma que aquí se encuentra la felicidad y no miente. Distintos autores definen a esta ciudad –nombrada en 1998 por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad– como la cuna de las mujeres más bellas, provocadoras de amores que son historias.

Pueblo de pescadores, ganadero y agricultor, situado a orillas del río Papaloapan, Tlacotalpan forma parte de la región del Sotavento al sureste de Veracruz, cerca de la costa del Golfo de México.

Nostalgia de un resplandor de otros tiempos que lo convirtió en el centro comercial más importante de la zona durante los siglos XVIII y XIX, por sus calles se respiran las glorias de antaño: arquitectura virreinal y porfiriana, donde contrasta el blanco de las plazas con el colorido de las viviendas; parques, plazuelas y jardines; un kiosco estilo morisco, y la capilla de la Candelaria.

Con la celebración de la Virgen de la Candelaria, del 31 de enero al 2 de febrero, año con año Tlacotalpan se transforma y estalla en una fiesta plena en devoción, fandango y son, donde toda la noche y hasta el amanecer las bailadoras zapatean –solas, en grupo o en pareja– en una tarima de madera al ritmo de una jarana.

Miles de visitantes nacionales y extranjeros invaden la ciudad. Día y noche el pueblo vive la fusión de modernidad y tradición. La fiesta, el espacio de la celebración de la vida, momento que trasciende las reglas de la cotidianidad.

LA FIESTA

El acto que abre la fiesta, la tarde del 31 de enero, es la tradicional cabalgata.

Montadas a caballo mujeres y hombres atraviesan las calles principales de la ciudad. Las jóvenes van sonrientes saludando a la gente a su paso, ataviadas con el traje tradicional: vestidos blancos de falda amplia con tres olanes, de organdí y encaje, delantal de terciopelo negro bordado, pañuelo triangular sobre la espalda, abanico y tocado de flores. Los hombres llevan sombrero de palma, guayabera y pantalón blanco, botas de tacón sevillano y paliacate rojo al cuello.

En medio de los festejos religiosos, con el crepúsculo, las notas de los grupos jaraneros y las décimas jarochas se posesionan de la Plaza de Doña Marta o el Parque Zaragoza, en un encuentro que sólo ocurre una vez al año y que alimenta en el corazón el gusto por la música y la poesía.

Ambiente de regocijo para las y los oyentes, propio del sentimiento del sureste veracruzano.

El son jarocho es una expresión genuinamente popular en esta región –integrada principalmente por Alvarado, San Andrés Tuxtla, Santiago Tuxtla, Acayucan, Minatitlán y Coatzacoalcos, además de Tlacotalpan– y una larga tradición musical de origen colonial, mezcla de influencias españolas, africanas e indígenas.

Al terminar la reunión en la Plaza de Doña Marta o el Parque Zaragoza, con notas musicales de nuevo aliento y décimas que reviven en la voz del cantor y el zapateo de las bailarinas, el escenario cambia de lugar.

Se rompe la formalidad y en la plaza principal empieza el fandango, la fiesta del pueblo.

Parejas y grupos de mujeres presumen con garbo sus destrezas en el tablado. Zapateado que dura toda la noche poniendo a prueba, durante tres días, el ánimo y el aguante de músicos y bailadoras.

En el ánimo la jarana ocupa un lugar central. Ejecutada principalmente por hombres, durante siglos los conocimientos musicales para tocar este instrumento se han transmitido de manera oral, en una relación maestro-aprendiz, y parte de su práctica se realiza de manera espontánea, mediante improvisaciones, durante los fandangos.

La calma llega el 3 de febrero. En la memoria quedan los mejores momentos, irrepetibles, de la inspiración de la fiesta alimentada en el día por cabalgatas, toros, mojigangas y procesiones religiosas.

AGUSTÍN LARA, ORIGEN Y MUJERES

Al visitar Tlacotalpan es difícil abstenerse de un espíritu que ronda por la ciudad, presencia alimentada en el imaginario colectivo, y de una afirmación que la población lugareña hace sin dudar.

Agustín Lara nació a orillas del río Papaloapan, aquí mismo, en esta ciudad, comentan.

Para la gente el origen del “flaco de oro” no tiene discusión y Lara vive en sus conversaciones. No se apropiaron del compositor, dicen, sino que él siempre aseguró que era de Tlacotalpan, un sin fin de anécdotas así lo demuestran.

En una ocasión, después de una serenata, Agustín Lara quiso ir a las puertas de la casa donde nació, al recordar su infancia se aferró a los barrotes de una ventana y rompió a llorar. Otro día sacó un piano de cola a la calle y cantó y tocó por varias horas en homenaje a su tierra natal.

Una placa, “colocada por sus propias manos”, se afirma, en el número 56 de la calle Rodríguez Beltrán en 1960, da cuenta de la fecha y lugar de su nacimiento: 30 de octubre de 1900, Tlacotalpan, Veracruz.

En un pequeño espacio, ubicado a un lado de la capilla de la Virgen de la Candelaria, frente a la plaza principal, hay una escultura del compositor –obra de Humberto Peraza– vestido de guayabera y un acta de nacimiento enrollada en la mano.

También hay testimonios de la existencia de varias de las mujeres con las que contrajo matrimonio.

Antes de que Tlacotalpan fuera declarada por Patrimonio Cultural de la Humanidad, Pío Varrán Bertthely, fundador del Minizoológico de la ciudad, se presentaba como el hombre que más conocía de la vida del autor de canciones internacionalmente conocidas como Azul, Farolito, Granada y Veracruz.

Sus palabras abonan un ingrediente más a la leyenda del origen de Lara. Hay mucho truco en eso, decía.

“Agustín se casó once veces. La primera esposa fue Carmen Sosaya y la última fue Rocío Durán. Tenía por costumbre que cada vez que se iba a casar o se casaba se registraba en cualquier pueblo que hubiera. Cuando se casó en Colombia con Carmen Sosaya se registró como colombiano. Se casó con Diané Aguilar en España, Diané de Poza Rica, y se registró como español”.

Verdad o mentira, lo cierto es que en la vieja casa del Minizoológico Pío mostraba un museo donde la atracción principal eran decenas de fotografías de Agustín Lara, “algunas inéditas” según él, donadas la mayoría por Yolanda Gasca Cruz, la quinta esposa.

JARANEROS, DECIMEROS E IMPROVISADORES ORALES

Este año, del 31 de enero al 2 de febrero próximos, Tlacotalpan será escenario del “VI Encuentro de Jaraneros, Decimeros e Improvisadores Orales” en el que participarán, como todos los años, las mejores expresiones del país en son jarocho. El evento se llevará a cabo en el Parque Zaragoza.

De las 19:00 a las 22:00 horas participarán, en forma ininterrumpida, los grupos y personas que forman parte del programa y como cada año se contará con la presencia y participación del decimero Guillermo Cházaro Lagos.

Varias mujeres estarán en el encuentro: Silvia Arcos Medina y familia de decimeros, de Xalapa; Lourdes Aguirre Beltrán, de Puebla; Francisca Gutiérrez Delfín “Panchita”, Melania Jiménez Reyes, Marisol Galloso, de Tlacotalpan, y Virginia León, en dúo con Juan Santiago, de Veracruz.

El lunes 2 de febrero, Día de la Candelaria, se celebrará además el Día Internacional de los Humedales.

Custodia de la Biodiversidad, Medio ambiente y Cultura popular (Cusbiomac, AC) y el foro cultural Luz de Noche, organizadores del programa del encuentro, presentará décimas y sones alusivos al medio ambiente y la proyección del documental Mangle, Tierra y Agua realizado en Tlacotalpan, en un proyecto coordinado con la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

08/CV/GG

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