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Imparable la pérdida del poder adquisitivo

Por Román González

En México, la pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo durante la presente administración federal no se recupera. De diciembre del 2000 a mayo del 2003, el salario mínimo perdió el 11.6 por ciento de su valor.

Para mejorar la situación económica de la familia tres de cada 10 hombres y una de cada cinco mujeres se han visto en la necesidad de tomar un trabajo adicional, mientras el 26.5 de los varones y 15.3 por ciento de población femenina han debido trabajar dobles turnos.

Según cálculos de la Universidad Obrera de México (UOM), para que el salario mínimo estuviera apenas al nivel de 1994, se requiere de un aumento no menor del 303.2 por ciento, debido a que se requieren cuatro salarios mínimos para adquirir una Canasta Básica Indispensable (CBI), de apenas 40 productos.

En términos reales el salario mínimo, desde la devaluación de diciembre de 1994 a mayo del 2003, perdió el 49.5 por ciento de su poder adquisitivo. Actualmente representa sólo el 17.6 por ciento del salario –43.65 pesos– nominal vigente.

Para la coordinadora del Área de Investigación de la Universidad Obrera de México (UOM), Laura Juárez Sánchez, mientras el precio de la CBI de 40 productos se ha incrementado 30.3 por ciento, entre el 1 de diciembre del 2000 y mayo del 2003, el salario mínimo sólo aumentó el 15.1 por ciento.

En su estudio La economía mexicana: atrapada en problemas estructurales que impiden el crecimiento económico y el empleo; afirma que la pérdida generalizada del poder adquisitivo de la clase trabajadora se traduce necesariamente en una disminución de la demanda de bienes y servicios por parte de la población.

TRABAJAR MAS

En tanto, un análisis del Instituto Nacional de Desarrollo Social (Indesol), reveló que de una muestra representativa de zonas urbanas –dos mil 486 mujeres y hombres–, el 15 por ciento de varones pidió a su cónyuge que trabaje para tener mayores ingresos económicos.

El estudio llamado Condiciones y Vivencias de la Pobreza en México desde la Perspectiva de Género, mostró que el 85 por ciento de mujeres y hombres manifestaron que si el dinero es poco, el principal gasto que se cubre es la alimentación.

También la encuesta reveló que más de la mitad de las mujeres piensa que son ellas las que sufren más cuando hay una situación de pobreza, en contraste con 38.7 por ciento de los varones.

REZAGO HISTORICO

En los anteriores 20 años -1983-2003-, la Población Económicamente Activa (PEA) creció en 22 millones 755 mil 186 personas y sólo se generaron 8 millones 371 mil 306 plazas laborales, por lo que el desempleo acumulado ascendió a 15 millones 228 mil 473 personas y el Producto Interno Bruto (PIB) creció apenas 2.2 por ciento en promedio anual.

Además, según datos de la Encuesta Nacional de Empleo Trimestral del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), sólo 15 millones 36 mil 229 asalariados gozan de las prestaciones de Ley.

En tanto 10 millones 208 mil 354 asalariados no tienen prestaciones; 10 millones 51 mil 607 trabajan por cuenta propia y existen tres millones 453 mil 957 ocupados no asalariados.

Es decir, 23 millones 713 mil 936 ocupados padecen la precarización de sus condiciones de trabajo.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en México existen 25.5 millones de personas empleadas en la economía informal, de las cuales 17 millones son hombres (67 por ciento) y 8.5 millones son mujeres (33 por ciento).

PRESIONES

Juárez Sánchez afirma que el desempleo creciente y la amenaza potencial de desocupación, son utilizados como elemento de presión por los patrones para reducir sus derechos a los trabajadores del país, los cuales se ven obligados a contratarse en condiciones injustas e ilegales.

Con ello tienden a aceptar la imposición de paros técnicos, la inseguridad en el empleo y la reducción de sus salarios. Habría que recordar lo que sucedió con el sindicato de la Volkswagen de México, que debatió con la empresa para evitar el despido de más de dos mil empleados a cambio de la disminución de sus salarios y prestaciones.

Así, la reestructuración de la economía mexicana, a dos décadas de neoliberalismo económico, produce un desempleo creciente y no recuperable en el tiempo, debido a que la economía se encuentra atrapada en problemas estructurales que el modelo económico vino a agravar.

2003/RGL/MEL

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