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Partidos, democracia y mujeres

Por Fabiola Calvo

Toda España estuvo pendiente del nombre que revelaría el presidente del gobierno, José María Aznar, para que le sucediera en la carrera a la presidencia. Y el milagro ocurrió hace una semana: el elegido fue Mariano Rajoy, designación que en aras de la democracia fue refrendada por la dirección de su formación política, el Partido Popular.

Reflexiones con una lectura rápida:

¿Qué papel juegan los partidos? Si observamos los partido de la derecha, los de izquierda, los de centro y los que se quedan a los lados, todos tienen estructuras piramidales (todos pueden consultar el manual de José Stalin sobre las características del Partido sin olvidar que su nombre es odiado por unos y otros).

Los partidos realizan congresos, convenciones, reuniones de dirección a los que la mayoría asiste y aprueba sin previo debate. Luego vendrá la disciplina para los militantes o afiliados (Consultar prensa y no los estatutos).

Algunas estructuras políticas o sociales, intentan dar un maquillaje a la presencia y participación de los miembros, entonces se permite la discusión pero siempre la maquinaria se pondrá en funcionamiento y saldrá avante la que mayor capacidad de maniobra tenga.

El culto a la personalidad que se impone con la publicidad, la propaganda, los medios de comunicación y el club de aduladores. A quien disienta le espera el señalamiento y la pérdida de poder, si los tiene. Es un castigo del que abundan ejemplos.

Pero no sólo los partidos son «maestros por ejemplo negativo» en la creciente anti-democracia, también las organizaciones sociales, responden al mismo modelo de falta de discusión, de búsqueda de acercamientos entre las posturas mayoritarias y minoritarias, de respeto a los excluidos.

En su lucha por la igualdad, la mujer ha ganado su vinculación en los partidos políticos, en el espacio público y creó otros, sin embargo hoy en el debate para encontrar un nueva forma de hacer política debemos introducirnos en el contenido de esos partidos que se representan así mismas bien sean de derechas o de izquierdas, porque así como la derecha ha incluido en sus propuestas logros del feminismo, la izquierda se ha anclado en formas autoritarias y estereotipadas que parecían únicamente propias de la derecha.

Con lo cual quiero decir que las mutuas interferencias en las tradicionales posturas debe llevarnos a buscar otros ángulo que revolucionen la democracia.

Hoy debemos abordar no solo la cantidad de mujeres que deben continuar llegando a la vida pública, a los espacios que antes le fueron negados, sino dotar de nuevas formas democráticas esos derechos.

Los partidos y organizaciones por su esencia misma siempre intentarán cerrarse y comportarán actitudes antidemocráticas, sin embargo podemos retomar elementos de la propuesta de la filósofa Anne Phillips, citado por Victoria Camp en El Siglo de las Mujeres: «…la presencia mayor de mujeres ha de ser un medio para un fin, nunca un fin en sí» y el fin al que debe aspirar ese medio es el afianzamiento de la llamada democracia comunicativa y deliberativa.

Esta afirmación nos conduce a ver la viabilidad de la praxis de otra forma de hacer política, de que lo reivindicativo puede convertirse en política pública, que se puede construir una sociedad participativa.

* Fabiola Calvo es corresponsal de CIMAC en Madrid

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