El acoso escolar (en inglés llamado «bullying»), es un tipo de violencia que se produce entre pares –niñas y niños, púberes y adolescentes- y se caracteriza por un comportamiento de maltrato psicológico, físico o verbal, que se repite a lo largo de un determinado tiempo; un abuso de poder de la persona agresora (victimario) hacia la persona agredida (víctima), dentro del ámbito escolar.
El hostigamiento, el acoso, la intimidación o la humillación son palabras que hacen visible a este fenómeno que, si bien no es nuevo, en la actualidad pareciera mostrarse con una frecuencia mucho mayor.
El bullying resulta difícil de detectar ya que cuenta con la clandestinidad como una de sus principales características: el menor de edad que acosa a otro suele verse acompañado de una «pandilla» y utilizan, para ello, momentos y lugares estratégicos como el recreo, la salida del colegio o los baños de los establecimientos, logrando así que el adulto quede fuera del circuito.
El fenómeno es multicausal y, en nuestra sociedad, hay factores determinantes que lo alientan como la exclusión social, la falta de modelos identificatorios positivos, los escasos grupos de pertenencia, la falta de adultos responsables para atender las necesidades de las y los niños, la escasez de redes sociales y la falta de un trabajo interdisciplinario que pueda coordinar las acciones de madres, padres y docentes para el trabajo conjunto.
Si bien existen varios tipos de acoso escolar, el social es el más frecuente y consiste en acciones que tienen como objetivo final el aislar socialmente a la víctima hasta lograr su marginalización. «Mis compañeros me ignoran, me hacen el vacío y no sé por qué», «ahora nadie me habla, estoy solo todo el tiempo», son frases que repiten los que sufren este tipo de acoso.
Burlas, desprecio, insultos, ridiculizaciones y menosprecios reiterados son algunas de las manifestaciones explícitas del tipo de hostigamiento verbal.
En el consultorio es muy frecuente escuchar, en el trabajo con niñas, niños y adolescentes: «en el colegio me cargan (molestan) porque uso anteojos. «Me dicen cuatro ojos», «me cargan porque soy gorda y las chicas no quieren jugar conmigo», «los chicos grandes me sacan lo que compro en el kiosco «, «les doy el dinero porque tengo miedo de que me peguen».
SÍNTOMAS Y EFECTOS DE BULLYNG
Los síntomas del acoso en la escuela en menores de edad son: no quiere ir a la escuela sin motivo aparente; pierde el dinero dado para el almuerzo, merienda o para el colectivo; tiene frecuentes cambios en el humor; se manifiesta muy ansioso; le cuesta conciliar el sueño; se manifiesta más sensible que de costumbre (llora, se queja); aparecen dolores psicosomáticos (dolor de panza o de cabeza).
Y los efectos posibles de una niña o niño que padece bullying son inseguridad, ansiedad, miedo, baja autoestima, disminución del rendimiento escolar, aislamiento, trastornos del sueño y trastornos del humor.
CÓMO ACTUAR
En la clínica se puede ver que lo más difícil frente a un caso de bullying es poder detectarlo. Esto se debe a que la niña o el niño debe romper el silencio y dejar a un costado cierto espíritu que lo lleva a conservar el «secreto».
Una vez logrado este paso, resulta fundamental que el adulto responsable (y ahora portador de este saber que la o el niño le confió), sea madre, padre o docente, pueda alojarlo para que éste se sienta contenido y pueda brindarle información concreta sobre los implicados de forma tal de posibilitar un posterior trabajo.
En la escuela, cuando existe personal de psicología, gabinetes psicológicos, muchas veces toman a cargo estas funciones y trabajan con el o los agresores y la víctima para poder resolver el acoso. Resulta importante poder integrar en este proceso a las y los educadores y, por supuesto, a las madres y padres de ambas partes para poder crear una red de sostén y diálogo que permita una efectiva resolución.
En muchas familias, las raigambres culturales llevan a que algunas madres y padres piensen de forma muy variada: «son cosas de niños», «qué quiere que haga, tiene alma de líder» o «los hombres se hacen a golpes».
En estos casos, el trabajo con madres y padres resulta esclarecedor y los resultados son asombrosos.
Este es uno de los muchos tipos de violencia que pueden presentarse en las escuelas, en general se presentan en el nivel básico (educación primaria y secundaria) y no diferencia niveles socioeconómicos, aunque sí son distintos los modos de agresiones que se presentan según el nivel.
* Coordinadora, junto con Ana Baquela, de Clinicar, un equipo de profesionales en salud mental que atiende en Argentina trastornos de aprendizaje, angustia, ansiedad, estrés, sentimiento de culpa, tristeza, soledad, depresión e hiperactividad www.clinicar.com.ar
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