Las batallas que las mujeres hemos dado por el derecho al voto, a un trabajo con un salario igualitario, por servicios de salud y seguridad social; por el reconocimiento del valor de las labores domésticas y su aportación a la sociedad; por la participación ciudadana; por la equidad en los partidos políticos y en la vida pública; por el acceso a la educación, por la propiedad de las tierras, por el derecho a decidir, por los derechos humanos y la igualdad, han contribuido para avanzar en el proceso democrático en México.
Sin embargo, es preciso reconocer que el proceso de transición democrática ha quedado trunco, la mera alternancia política no ha servido para transformar de fondo la estructura del poder al servicio de las personas, y actualmente, nos encontramos frente a una crisis de representación política, la pérdida de credibilidad en el sistema de partidos políticos y el cuestionamiento de la efectividad de las instituciones públicas.
El principal déficit democrático está precisamente en la representación política de las mujeres que no hemos logrado romper las estructuras anquilosadas, jerárquicas y verticales que concentran en unos cuantos las decisiones públicas, muestra de ello es el mínimo porcentaje de mujeres que ocupan cargos públicos en el país y que lo hacen en medio de obstáculos arraigados en una cultura política misógina y machista que hacen casi imposible el ascenso de las mujeres en la vida pública y en muchos casos lo hacen a costa de su propia identidad de género.
En razón de ello, ahora que se ha planteado la necesidad de una Reforma Política en el país exigimos que:
El debate sea público y abierto a las demandas de la ciudadanía y particularmente de las mujeres para que sea una reforma que contribuya a la democratización que el país requiere.
Que se impulse una profunda reestructuración de las instituciones públicas, de la forma como se ejerce el poder y de la relación del gobierno con la sociedad, incluyendo la definición de mecanismos que aseguren la participación ciudadana, la transparencia y la rendición de cuentas.
Igualmente, que se contemple la democracia paritaria como medio para lograr la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres.
Una ley de partidos políticos para derribar los obstáculos que impiden la plena participación política de las mujeres, y que considere fuertes sanciones, a quienes incurran en simulaciones en la representación política de las mujeres, y no cumplan con los mecanismos de financiamiento contemplados en la ley para la capacitación de política en materia de género.
* Ex diputada federal y feminista
10/MT/LR
