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Brillante, activa, una gran hija y la mejor amiga: así era Anapaola, de 13 años

Por Astrid Arellano

Hermosillo, Son. La estudiante perfecta, la bailarina brillante, la deportista destacada, una gran hija, la mejor amiga. Para muchos, Anapaola, la que se enojaba cuando le partían el nombre en dos, lo fue todo. 

“La manera en que queremos que sea recordada es por la manera en que vivió y no por la forma en que se fue”, dijo vía telefónica a Proyecto Puente uno de los tíos de Anapaola, hermano de su madre.

Anapaola, de apenas 13 años, fue víctima de feminicidio en Nogales, Sonora, la tarde del jueves 2 de abril, en su propia casa.

Los detalles de cómo ocurrieron los hechos están en manos de las autoridades y la familia pidió prudencia y respeto. Se encuentran en un momento sumamente difícil. Solo quieren empatía y empezar a sanar.

El tío de Anapaola, quien habló en entrevista en representación de su familia, dijo que agradecen las muestras de apoyo de la comunidad y el trabajo que, hasta el momento, ejecutan las autoridades.

“Queremos enfatizar que estamos agradecidos con las acciones que están tomando las autoridades al respecto”, afirmó, “porque, por lo que nos han comunicado sobre las diferentes líneas de investigación que están corriendo, creemos que lo están haciendo de la manera correcta”.

Una de las maestras de Anapaola, del colegio donde estudiaba desde el preescolar, la recuerda siempre pegada a su escritorio: “Maestra, yo apunto; maestra, yo sé la respuesta; maestra, ¿nos tomamos una selfie?”

“Era una niña llena de luz, su sonrisa la caracterizaba”, narró la maestra, “repartía besos y abrazos por toda la escuela. Para sus compañeros, era una gran amiga, la más amable y divertida, alegre e inteligente.

Los maestros la caracterizábamos por ser la alumna perfecta, la ‘secretaria’ de todos nosotros, la que siempre estaba a nuestro lado; era entusiasta, siempre quería aprender, era muy competitiva; quería ser la mejor y muchas veces lo lograba”.

Su grupo de amigas y amigos, agregó, se hacen llamar “La Manada”. Estuvieron juntos desde preescolar hasta primero de secundaria, el último año con Anapaola. Usaban la misma camiseta, sus familias eran amigas y salían de paseo cada cierto tiempo.

“Sus amigos están destrozados también y, sus papás, tienen mucho miedo por todos ellos”, continuó la maestra, “la verdad, nadie sabe cómo sentirse; no han regresado al colegio y no saben cómo se van a sentir sin ella”.

Anapaola bailaba y lo hacía como nadie. En la academia donde practicaba, era querida y admirada. En la página de Facebook de la escuela de danza, su maestra publicó un video hecho con fotos y escribió:

“El telón se abrió en el cielo para recibirte; los ángeles aplaudieron tu entrada triunfal. Quisieron apagar tu luz, pero tu brillo es eterno, mi niña”.

En los últimos días, cientos de fotos de Anapaola han circulado por las redes. En una, sonriendo, mientras un periquito posa en su dedo índice. En otra, bailando con un traje azul sobre el escenario. Una más, con su maestra usando un filtro de oso en Snapchat. En otras, simplemente abrazando a sus amigas.

“Lo que más mencionan los alumnos en sus cuentas de Facebook cuando suben fotos de ella, es que de verdad no saben cómo va a ser el salón sin ella; a mí, siempre que me veía, me arrebataba el celular y se tomaba fotos conmigo, por eso tenemos muchas fotos juntas”.

La mamá de Anapaola fue maestra del mismo colegio durante unos 15 años y hace más o menos tres que dejó de dar clases: aunque no es una escuela muy pequeña, todo mundo se conoce y pasa a ser parte de una misma familia.

“También sentimos mucho todo esto por su mamá, que era nuestra compañera, estamos destrozadas”, sostuvo la maestra, con voz temblorosa.

El servicio funerario fue silencioso. A puerta cerrada y de forma íntima, la familia de Anapaola recibió a pocas maestras y a algunos de sus compañeros de clase. En medio de la contingencia por COVID-19, todos guardaron distancia.

En ese lugar, la mamá de Anapaola compartió las siguientes palabras:

“Gracias infinitas por todas sus muestras de cariño a mí y mi familia. Mi niña está ya descansando, se nos fue muy pronto, pero no debemos de buscar el por qué; mejor buscaré el para qué, ya que sé que Dios tiene un plan muy especial.

No hay palabras para explicar mi sentimiento, solo agradecer que mi niña vivió y brilló 13 años en la tierra y, a partir de hoy, brillará en el cielo, bailando eternamente. Gracias por todo el amor demostrado”.

Después, sus amigas y amigos, dejaron volar globos blancos al cielo.

“Queremos celebrar y honrar su vida”, concluyó el tío de Anapaola, “los cortitos 13 años de esa bailarina que brillaba en lo que hacía.

Tenemos confianza en que las autoridades lograrán esclarecer los hechos. Claro que no quitamos el dedo del renglón: queremos justicia”. 

En una de las numerosas publicaciones de Facebook donde se clamaba justicia, una de las dos hermanas de Anapaola respondió: “Es ‘Anapaola’, junto… a mi hermanita no le gustaba que lo pusieran separado; vuela alto, mi enana”.

20/AA/LGL

*Texto retomado de Proyecto Puente

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