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Sin recursos y con más casos de violencia, opera Cami en Sonora

Por Astrid Arellano
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Hermosillo, Son. La Casa de la Mujer Indígena (Cami) “La Paloma” -o Ju Wokkow-, al sur de Sonora, no se ha detenido durante la contingencia por el COVID-19. Frente a las dificultades económicas actuales y el recorte presupuestal como parte de la política de austeridad federal, la organización lucha por mantenerse disponible para las mujeres que sufren violencia.

La coordinadora general del equipo operativo de la Cami“La Paloma” ubicada en San Ignacio Cohuirimpo, Patricia Alonso Ramírez, comunidad del municipio de Navojoa, afirmó que los primeros meses de cada año, de enero a mayo, reducen su actividad porque trabajan sin recursos federales. Sobreviven con el mínimo que consiguen con algunos fondos y con “la voluntad” de las compañeras que trabajan con las mujeres sin recibir ingresos: una abogada, una psicóloga y una trabajadora social.

Sólo en las dos primeras semanas de abril, fueron seis los casos graves de mujeres que les solicitaron auxilio. “Los llamamos ‘graves’ porque consideramos que ya estaban arriesgando su vida si se quedaban en casa”, afirmó.

“Se da la cuarentena en marzo y nos asustamos, porque pensamos: nos van a encerrar, vamos a estar permanentemente con la persona que nos agrede”, continuó la coordinadora, “y se cumplió… ya en abril el aislamiento se dejó sentir: empezaron las llamadas del me quiero salir de casa, del ¿a dónde llevamos a la compañera?”

Estas solicitudes fueron sorprendentes para el equipo, pues las mujeres que regularmente asisten a la Cami en los 10 años que tiene operando, no llegan pidiendo que las saquen de sus hogares.

“Ahora llegaban para decirnos que les consiguiéramos un lugar para irse con sus hijos”, sostuvo Patricia Alonso, “por fortuna, hicimos una red de apoyo entre las mismas mujeres para ver quién podría recibirlas en la solicitud de auxilio”.

Al mismo tiempo, consiguieron un albergue provisional en Navojoa, instalado como parte de las estrategias gubernamentales del aislamiento sin violencia durante la pandemia.

El equipo de “La Paloma” está compuesto por 11 mujeres que operan, además de las tres compañeras que brindan atención profesional. Actualmente, atienden a 15 mujeres con terapias psicológicas, nueve más a las que se les da acompañamiento jurídico y los seis recientes casos graves de violencia. Aunque la Cami está cerrada por la pandemia, continúa en operaciones a través de sus teléfonos: a ninguna mujer se le ha negado la atención ni los servicios con los que ya contaban antes.

Tienen una red de 240 mujeres distribuidas en 24 de las comunidades de la región mayo, a quienes capacitan en la prevención de la violencia familiar y de pareja, que son las que más se presentan, y quienes dan información a otras mujeres acerca de las medidas sanitarias actuales.

“Están llevando información que nosotras hemos construido para enfrentar esta pandemia, porque es muy poca la información que llega, si acaso, por la televisión y no todas tienen, tampoco es fácil tener internet; nos sorprendimos en abril cuando las mujeres nos dijeron que estaban asustadas y que no sabían nada. Nosotras las convidamos a quedarse en casa”, explicó.

También trabajan directamente con las autoridades tradicionales para capacitarles en la prevención de la violencia en sus comunidades y “La Paloma” creó además un área de medicina tradicional.

 “Nuestra cobertura de atención está en las 24 comunidades de Navojoa y Etchojoa, pero nos llegan casos de Quiriego, Huatabampo, Álamos y Benito Juárez, tenemos casi todo el sur cubierto; los DIF nos las envían, las comandancias de policía nos las envían… en vez de enviar a las mujeres al Ministerio Público, nos recomiendan a nosotras”.

De hecho, se ha solicitado abrir Casas de la Mujer Indígena en comunidades yaquis como Pótam, además en el Poblado Miguel Alemán, para atender a las mujeres triquis y mixtecas, pero no han aprobado los proyectos ni recursos, afirmó.

“Somos las que primero responden en las comunidades, no hay nadie más que atienda a las mujeres de la población indígena del sur; en Sonora, somos la única Cami que existe… no podemos atender desde Navojoa a las mujeres de Pótam o a las mujeres seris de Punta Chueca y El Desemboque, porque no hablamos su lengua materna y porque no tenemos recursos para ir, ni para que ellas vengan”.

Frente al anuncio Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) que cancelarían los recursos para estos espacios, la Red Nacional de Camis se organizó para enviar cartas a las diversas autoridades, pues para ellas representa un golpe al trabajo que han realizado por 17 años.

 “Para este gobierno todas las organizaciones civiles son corruptas”, aseveró Patricia Alonso, “es muy fácil decirle eso a la gente y tiene que ver con el desprestigio contra nosotras que tenemos contacto directo con las comunidades; dicen que somos injustas porque exigimos recursos que son para actividades esenciales del COVID-19, pero no saben que los Derechos Humanos también son esenciales en esta contingencia”.

 Y concluyó: “Una compañera me dijo: Paty, el lema de López Obrador es Primero Los Pobres y nos cumplió; ahora fuimos las primeras para recortarnos nuestros recursos, para amolarnos primero a nosotras”.

20/AA/LGL

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