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Deserción escolar de niñas, adolescentes y jóvenes por pandemia es de 2.5 millones

De cara al 30 de abril, Día de la Niña y el Niño en México, preparamos este reportaje especial que aborda las razones por las que 2.5 millones de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes tuvieron que abandonar sus estudios durante la pandemia y cómo esto repercutirá en el goce pleno de todos sus derechos. 

Ciudad de México. La ausencia de políticas públicas en materia de cuidados, igualdad entre mujeres y hombres, no violencia y educación con perspectiva de género, orilló a que –en medio de una pandemia– 2.5 millones de niñas y adolescentes mexicanas no se inscribieran al nuevo ciclo escolar, de acuerdo con datos y análisis de personas expertas en infancia, derechos de las mujeres y educación.

La Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), reportó que un total de 2.5 millones de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 por motivos económicos u otros relacionados con la pandemia; 6.2 por ciento de ese total, es decir 155 mil, son niñas de entre 6 y 15 años de edad.

En 2019, previo a la pandemia, la deserción escolar de niñas y mujeres era de 2.3 millones. Con las nuevas 2.5 millones que no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 se estima que las cifras de deserción tras los cierres de escuelas por la COVID-19 superen los 5 millones.

Magaly, de 8 años de edad, enfrenta actualmente muchos obstáculos para continuar los estudios de tercer grado de primaria que cursa en una escuela pública de la Ciudad de México, contó a Cimacnoticias su mamá quien se desempeña como trabajadora del hogar, recolectora de basura y lava coches, Nohemí Pérez García.

Desde el inicio de la pandemia, Nohemí –quien no sabe leer ni escribir– se separó de su esposo y se fue a vivir junto con la niña a un departamento pequeño que renta con el poco dinero que obtiene de trabajos eventuales. Donde viven no hay televisión, computadora ni internet, lo que impide que Magaly envíe sus tareas o asista a sus clases virtuales.

A fin de evitar su deserción escolar, la maestra de Magaly y el director de su escuela buscaron a Nohemí y adaptaron un plan de estudios especial, con guías y tarea que Nohemí –entre un trabajo y otro– recoge eventualmente para entregársela a la niña, quien además recibe una asesoría presencial y voluntaria que le presta su maestra.

Este esfuerzo sin embargo no impidió que la niña ahora tenga un rezago educativo con conocimientos de segundo de primaria, lo que va a dificultar su incorporación al sistema educativo una vez que se haga presencial. Nohemí, por su parte, trabaja todos los días en espera de dar a la niña el equipo tecnológico que necesita o buscar quien la ayude con conocimientos.

Desigualdades estructurales, las razones detrás de la deserción

De acuerdo con el Inegi, el desempleo de alguno de los padres y carecer de computadora u otros dispositivo para conectarse a internet, fueron algunos de los motivos por los cuales la niñez no se inscribió al nuevo ciclo escolar. Un 25.3 por ciento se encontró en la primera situación y 21.9 por ciento en la segunda. Sin embargo, debido a la falta de datos desagregados se desconocen las razones por sexo.

Mila Figueira Sánchez, otra profesora de una primaria pública en la Ciudad, relató a Cimacnoticias que las situaciones como las de Magaly se hicieron muy frecuentes durante la pandemia y que las cifras esconden muchos casos en los que las y los niños están inscritos al ciclo escolar pero en realidad no asisten clases.

En su caso, por ejemplo, en este ciclo escolar tres niños y una niña dejaron la escuela pero muchos otros no asisten regularmente ni entregan tareas. En el caso de la niña que dejó completamente la escuela, relató la maestra, la deserción estuvo vinculada con que la madre de ella tuvo que dejar de cuidarla para cuidar a otra persona enferma y que el padre no asume tareas de cuidado.

A decir de la profesora, la pandemia y el modelo educativo a distancia presentó varios obstáculos para las y los estudiantes, entre ellos el reto de convertirse en autodidactas porque estaban solos en casa mientras las mamás y papás trabajaban, la falta de conectividad por falta de recursos económicos para pagar el internet, afectaciones a la salud mental de las niñas y niños, así como la necesidad de buscar empleo para apoyar la economía familiar.

Frente a ello, las maestras tuvieron que cambiar sus estrategias de enseñanza, como capacitarse en la salud socioemocional, visitar las casas de sus alumnas y alumnos más rezagados e intercambiar sus datos personales para que el alumnado les escriba directamente, lo que en algunos casos ha implicado para las maestras una sensación de invasión de su vida personal, sobrecarga de trabajo y a la exposición al contagio de COVID-19.

“Aprende en casa”, estrategia fallida

La pandemia obligó a que las autoridades educativas adoptaran medidas para que las y los estudiantes no perdieran el ciclo escolar, sin embargo el modelo implementado no fue el ideal, de tal forma que la estrategia “Aprende en casa”, no comparte las características de vida de la mayoría de las y los estudiantes en México, en específico las niñas y las mujeres, de acuerdo con la doctora en Ciencias Políticas y Sociales e investigadora experta en la alfabetización de las mujeres, Claudia Pedraza Bucio.

Desde el inicio, el modelo en el que se basó esta estrategia era de un estudiante que tenía garantizado el acceso a servicios como televisión abierta y de conexión a internet de calidad, con un espacio propio y una persona que le acompañara en sus procesos de aprendizaje, lo que en realidad se cumple en muy pocos casos en nuestro país, principalmente en el caso de las niñas y las mujeres, explicó Pedraza Bucio.

El informe “Uso de las TIC y actividades por internet en México” de 2019, del Instituto Federal de Telecomunicaciones, reveló que la probabilidad de que las mujeres usen las TIC o realicen determinadas actividades por Internet es menor que la de los hombres, por ejemplo, sólo 34.1 por ciento de las niñas en educación primaria tiene probabilidad de usar un teléfono móvil inteligente y 27 por ciento tiene probabilidad de usar el internet para consumir contenidos audiovisuales.

Pedraza Bucio enfatiza que el acceso limitado a las nuevas tecnologías repercute en el ejercicio de otros derechos, por lo que cerrar la brecha digital entre mujeres y hombres es clave ya que con acceso pleno al uso de tecnologías ellas podrían concluir sus procesos educativos y acceder a más y mejores empleos, además de que la combinación del acceso a la educación y nuevas tecnologías permite gestionar mejor ciertos derechos a través de las plataformas digitales, como hacer trámites en portales de gobierno hasta participar en denuncias y protestas que han ocurrido en el espacio digital.

“Todas las niñas que se van alejando de sus procesos educativos y del acceso a la tecnología se van alejando de ver, exigir y gestionar sus derechos, que no es sólo a la educación, sino a la salud, a la representación política, entre otros. Esto las coloca en un sector que no puede resolver sus necesidades básicas pero también las aleja de participar en los procesos de ciudadanía de manera plena”, explicó.

Si bien la deserción escolar amenaza en general los derechos de la infancia, en el caso específico de las niñas, su derecho a la educación está en mayor riesgo por la discriminación estructural por razón de sexo que impera en el país, de acuerdo con el director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), Juan Martín Pérez.

El experto en infancia señaló que antes de la pandemia 5.5 millones de niñas y niños no estudiaban; en el caso de las niñas se tenía identificado que el trabajo en los hogares, el embarazo infantil y la violencia machista eran las principales razones de este abandono.

Violencia, trabajos de cuidado y deserción escolar

La Redim hizo un análisis a partir de los datos de la Secretaría de Salud de las estadísticas por lesiones en 2020-202 para conocer el impacto de la violencia en la niñez durante el periodo de confinamiento por la pandemia. Así, encontró que de enero a marzo de 2021, 2 mil 659 niñas, niños y adolescentes fueron atendidas por violencia en hospitales del país, la mayor parte (77 por ciento) fueron mujeres, y 73.1 por ciento de las agresiones se realizaron en una vivienda.

Además de violencia, las niñas dedican más tiempo a trabajos de cuidado y tareas del hogar no remuneradas, lo que también impacta en el tiempo que dedican al estudio. La Encuesta Nacional del Uso del Tiempo de Inegi, reveló que las mujeres mayores de 12 años dedican 67 por ciento de su tiempo para tareas del hogar no remuneradas mientras que los hombres sólo emplean 28 por ciento de su tiempo para esta labor. La Encuesta Nacional de Trabajo Infantil de 2019 mostró también, que hay sólo un niño por cada 14 niñas que dedican su tiempo a tareas del hogar no remuneradas.

De acuerdo con el análisis de la Redim, las cifras de la deserción escolar son consecuencias de que la política pública mexicana no observa a las niñas como ciudadanas sino como propiedad de las familias y, por lo tanto, traslada la responsabilidad de garantizar los derechos.

Un ejemplo de esto fue quitar, desde el inicio de la administración, el subsidio federal para las instancias infantiles, además de que las estrategias para la prevención del embarazo adolescente y el trabajo infantil (que podrían mitigar el impacto de la deserción escolar durante la pandemia) no tienen ningún recurso federal asignado en el Paquete de Egresos de Presupuestos del 2021, recordó Juan Martín. En el futuro, esta omisión repercutirá en exponer a las niñas a mayor riesgo de violencia y ser víctimas de trata o explotación infantil.

Cambiar el enfoque de la educación, la alternativa

En un informe de reciente publicación, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alertó que prolongar el regreso a clases hasta el siguiente año escolar tendrá impactos importantes en la continuidad de los estudios de las y los adolescentes.

Según estimaciones de la SEP, habrá por lo menos 800 mil estudiantes que actualmente cursan el tercer año de secundaria que van a interrumpir su educación media superior, lo cual podría tener afectaciones en el indicador de años de escolaridad y por tanto en el índice de educación del desarrollo humano.

De acuerdo con el PNUD, históricamente se ha comprobado que los largos periodos de cierre de escuelas propiciados por crisis sanitarias o emergencias naturales conllevan al posible abandono escolar de las y los estudiantes de condición socioeconómica más frágil, lo que contribuye al incremento de las brechas de pobreza.

Por ejemplo, la epidemia del ébola en Sierra Leona, señaló el PNUD, tuvo un alto efecto en el abandono escolar, principalmente de niñas y adolescentes de 12 a 17 años. La matriculación de este grupo cayó de 50 por ciento a 32 por ciento. Se estimó también que una de las causas para que este grupo de niñas y adolescentes no regresara a la escuela fueron los embarazos adolescentes, los cuales se incrementaron durante ese periodo en un 7.2 por ciento.

“En ese sentido, los cierres de las escuelas durante periodos largos pueden tener un impacto permanente en la vida de las niñas, quienes son obligadas a realizar tareas del hogar, lo cual reduce las posibilidades de que retomen su educación”, dijo el PNUD.

La falta de integralidad de las políticas que deberían hacerse cargo de la desigualdad histórica de género hace que esta pandemia potencialice la vulnerabilidad contra las mujeres, explicó la integrante de la Red Mujeres Unidas por la Educación y coimpulsora de la campaña que se llama “Yo también me quedo en la escuela”, Ana Elizabeth Castro Pérez.

La también profesora e investigadora en el Programa Interdisciplinario sobre políticas y prácticas educativas, explicó que el objetivo de su campaña es un llamado de esperanza para invitar a las jóvenes a aferrarse a la educación y buscar alianzas con otras mujeres para evitar que los salones se vacíen. La experta explicó que entre las principales razones de la deserción escolar está que la educación empieza a perder sentido para las personas cuando enfrentan otras necesidades que parecen de mayor urgencia, como la de trabajar.

Frente a ello, los gobiernos deberían mostrar que la educación es más allá de un proceso de recepción de información pasiva, dijo la experta, el sistema educativo debe llamar a que las y los estudiantes se involucren, participen y asimilen la importancia de la educación para todos los aspectos de su vida.

Castro Pérez detalló que la pandemia es una oportunidad para replantear la política educativa en México con suficiente información desagregada por sexo y por nivel educativo, definir cuál es el propósito del aprendizaje para priorizar cada recurso, revisar los contenidos y la normativas escolares que preservan los estereotipos, e impulsar acciones afirmativas para lograr que las niñas tengan oportunidades para quedarse en las escuelas, como ayudas económicas para las estudiantes, así como capacitación para el uso de tecnologías.

De acuerdo con las y el experto, garantizar a las niñas su continuidad en la escuela, así como el aprovechamiento de las nuevas tecnologías, hará que ellas tengan más posibilidades de salir de los ciclos de pobreza y violencia que, lejos de disminuir, también se estima que podrían incrementarse después de la pandemia.

21/AJSE/LGL

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