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¿Cuál discurso de odio y contra quién?

Por Teresa C. Ulloa Ziáurriz
CIMACFoto: María Esparza Quintana

En los últimos días he estado oyendo todo un debate sobre los discursos de odio y los crímenes de odio y me empecé a cuestionar si las feministas no nos equivocamos al no exigir que los discursos patriarcales, misóginos y discriminatorios contra las mujeres y contra el movimiento feminista se reivindicaran, clasificaran, como discursos de odio.

Se ha definido el discurso de odio como el discurso que: “…fomenta, promociona o instiga (…) el odio, la humillación o el menosprecio de una persona o grupo de personas, así como el acoso, descrédito, difusión de estereotipos negativos, estigmatización o amenaza con respecto a dicha persona o grupo de personas y la justificación de esas manifestaciones por razones de “raza” , color, ascendencia, origen nacional o étnico, edad, discapacidad, lengua, religión o creencias, sexo, orientación sexual y otras características o condición personales.”

Y es que para mí está muy claro que el patriarcado y la misoginia se expresan en la intención de destruir y aniquilar a las mujeres, en general, y al movimiento feminista en lo particular, a través de la doctrina queer y sus tres pilares: el borrado de las mujeres, los vientres de alquiler y la legalización de la prostitución o su reconocimiento como trabajo, además del feminicidio que ha adquirido proporciones de crimen de lesa humanidad, sistemático y generalizado, donde el factor de riesgo es ser mujer.

Y no atacamos, ni cuestionamos a las personas trans, ni mucho menos a quienes tienen distintas orientaciones sexuales, reconocemos que es un sector de la población que ha sido tremendamente discriminado y violentado y que tienen Derechos Humanos. Nosotras, las abolicionistas radicales, cuestionamos a la ideología queer, estamos contra un discurso subjetivo, discriminatorio y ofensivo, que se basa en deseos y autopercepciones y niega e intenta anular los elementos científicos, irrefutables e inmodificables como los cromosomas con los que nacemos, sin importar la hormonización o las cirugías a las que nos sometamos, por ciertos tratamientos médicos y mutilaciones que acortan la vida en poco más de veinte años.

Y no es que estemos reduciendo a las mujeres a su capacidad reproductiva y biológica, ni que nos neguemos a los avances de la ciencia, de ninguna manera. Pero quién puede argumentar contra hechos científicos y probados.

Pero en realidad, habría que analizar cuáles son las razones que llevan a un hombre a cometer un feminicidio y cuáles son las razones o motivaciones que tiene un criminal para cometer un transfeminicidio. A mí me parece que las motivaciones son distintas, en el primero es por el odio y desprecio por la vida de las mujeres y el segundo se debe a un delito de odio por orientación sexual. Lo que tienen en común es en ambos casos el odio y el ejercicio del poder.

Los delitos de odio o crímenes de odio tienen lugar cuando una persona o grupo de ellas ataca a otra motivada exclusivamente por su pertenencia a un determinado grupo social, según su raza, etnia, discapacidad, idioma, nacionalidad, apariencia física, religión, sexo, edad, orientación sexual, etcétera.

Y tomando en cuenta lo anterior, creo que hemos fallado en no reivindicar que el feminicidio un crimen de odio y los ataques que han estado sufriendo compañeras feministas son discurso de odio; entre los que se destaca que quienes se manifiestan contra la doctrina queer o generista son las culpables de los delitos contra las personas trans y las mujeres lesbianas. Eso de ninguna manera es la responsabilidad de quienes discutimos ideas y hacemos propuestas, y mucho menos de quienes defendemos los derechos de las mujeres y las niñas.

Nunca al defender nuestros derechos hemos luchado contra los derechos de otros grupos. Ningún derecho, política pública o ley que hemos logrado nos la han regalado. Nuestra lucha que todavía tiene muchos pendientes, no ha sido a costa de los derechos de nadie.

Y la doctrina queer está generando discursos de odio para las mujeres y para las personas trans. Nos compartía un promocional una compañera de Las Brujas del Mar de un antro en Veracruz que se llama Bugambilia Queer Bar, que se anuncia así:

“…Este viernes todas las chicas caras y costosas mujeres de uno y dos hoyos se reúnen en el punto rosa para posar el rostro con la mismísima @trixy.satar.oficial…”

Promocional inspirado por la doctrina queer que maneja un discurso de odio contra las mujeres y las personas trans. Igual de homofóbico para todas las personas que anuncia y promociona.

Ahora bien, también me compartieron una parte del Manifiesto de la Alianza LGBT, que me pareció muy coherente, ya que dice, entre otras cosas:

“…El SEXO es un conjunto de características físicas y biológicas que distinguen a hombres y mujeres. Es inmutable y es la base de la opresión de éstas últimas. Asimismo, es de naturaleza bimodal (incluso en posibles desarrollos atípicos). Su potencial función reproductiva es prueba de ello, pues sólo existen gametos masculinos (espermatozoides) y femeninos (óvulos) que dan lugar a la misma. Reconocer esta realidad científica no significa estar en contra de las relaciones sexuales no reproductivas, evidentemente estamos a favor de ellas, de no estarlo, nuestra lucha no tendría sentido…

El GÉNERO es una estructura que se impone a partir de nuestros cuerpos sexuados. Incluye un conjunto de rasgos, roles, expectativas y estereotipos construidos social e históricamente sobre cada sexo. Mediante éste, se perpetúa un sistema de desigualdad que subordina a las mujeres frente a los hombres y frena el libre desarrollo de la personalidad. Para tratar de raíz el problema, como propone el feminismo radical, el género debe abolirse.”…

Y cuántas personas, legisladores y legisladoras y medios de comunicación se dejan llevar por esta infame doctrina, pensando que es muy moderna, y novedosa, cuando es totalmente neoliberal y posmoderna, fuera de moda y absolutamente patriarcal y misógina.

Por eso, no podemos, ni debemos callarnos.

22/TUZ/LGL

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