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Las madres migrantes buscadoras

El pasado 10 de mayo se celebró en México el Día de las Madres, una fecha en la cultura mexicana en la que la mercadotecnia fortalece la idea de celebrar a las madres una vez al año con una comida y un regalo. Sin embargo, el Día de las Madres no es un festejo para muchas. Desde hace más de una década las madres de personas desaparecidas lo han convertido en un día para exigir justicia, crear empatía y que la voz de una sea la voz de todas.

Este año, la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidas y Desaparecidos se unió. “Estamos buscando a nuestros hijos, quienes salieron en busca de una vida digna. Transitando por este país han desaparecido. Son miles los migrantes desaparecidos. Cada migrante desaparecido tiene una familia en su país que le espera. Queremos que no sean invisibles, exigimos justicia tocando todas las puertas posibles para encontrarles, de norte a sur. Las madres no celebramos nada hoy, buscamos a nuestras hijas, a nuestros hijos, exigimos justicia y solidaridad del pueblo mexicano, porque vivos se vinieron, vivos los queremos”.

En 2006 se realizó por primera vez la Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes Desaparecidos, impulsada por la organización Movimiento Migrante Mesoamericano. Desde entonces madres en busca de sus hijas, hijos y familiares salen cada año desde países centroamericanos hasta México buscando pistas, respuestas de las autoridades y empatía de la población, que les ayude a encontrar a sus familiares. Desde la primera caravana realizada a la fecha se han localizado a 370 personas en el país. El 90% de quienes han integrado las caravanas a lo largo de los años son mujeres.

Este año, luego de interrumpirse por dos años por la pandemia de coronavirus, nuevamente llegó a México la XVI Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidas y Desaparecidos, provenientes de Honduras, El Salvador y Guatemala. Desde el 01 de mayo, las madres, acompañadas por familiares de personas desaparecidas en México, han recorrido Chiapas, Tabasco, Veracruz y la Ciudad de México. Durante 10 días sostienen la esperanza de encontrar con vida a sus familiares en algún punto de este país. Se han reunido con autoridades de los diferentes niveles y con organizaciones de la sociedad civil. El pasado 9 de mayo inauguraron una muestra fotográfica de la Caravana sobre las rejas del Senado donde se  aprecia su andar en más de 15 años.

El 7 de mayo durante una velada en el zócalo capitalino, alzaron la voz por una migración digna, porque nunca más una familia esté incompleta por la desaparición, porque buscar una vida digna no puede convertirse en desaparición. En México, de acuerdo con el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas, hay una impunidad estructural que favorece la repetición y el encubrimiento de las desapariciones forzadas. De las más de 100 mil personas desaparecidas en este país se desconoce cuántas son migrantes.

Para las madres de personas migrantes desaparecidas no es fácil enfrentarse con autoridades que no entienden su dolor, que minimizan su lucha y que no hacen nada por generar acciones para encontrar a sus familiares, además de enfrentar las barreras migratorias. “Es muy difícil vivir con la incertidumbre de no saber dónde está tu hijo, dónde está una parte de ti”.

Aunque el pasado 4 de mayo se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el que se crea la Mesa de Búsqueda de Personas Migrantes Desaparecidas, encabezada por la Comision Nacional de Búsqueda de Personas, y se establece a la Mesa como la instancia encargada de coordinar, intercambiar y actualizar información y dar seguimiento a las dependencias federales, estatales, organizaciones de la sociedad civil y colectivos, y representar una esperanza para las madres de las personas migrantes desaparecidas, la duda es inevitable ante la impunidad que permea en México. Habrá que ver los resultados.

A través de los años, muchas madres han compartido sus historias con el IMUMI. Blanca* lleva más de una década buscando a su hijo Luis Roberto. “La madrugada del 16 de abril de 2010 fue la última vez que lo tuve en mis brazos. Hay un vacío en esta casa, en nuestras vidas, que no se llena con nada. Día a día esperamos que timbre el teléfono y sea él. Confiamos en Dios, en que un día, del otro lado del auricular escucharemos su voz o simplemente cruzará la puerta de la casa”. Estar en su casa es doloroso, su salud se ha visto mermada. Sus hermanos sufren en silencio, lloran y se desesperan ante la impotencia de no saber de su hermano. Blanca, es parte del Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador (COFAMIDE), una organización que apoya, desde 2006, a las madres migrantes buscadoras, que las sostiene en su lucha y en su dolor.

En 2016, durante la X Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidas y Desaparecidos acompañamos a un grupo de madres al Reclusorio Norte. Antes de entrar, Alejandra, una madre dijo “presiento que mi hijo está aquí”, un suspiro colectivo se escuchó. Después de dos horas de conversar con algunos reclusos extranjeros y de mostrar las fotografías de las y los migrantes desaparecidos para ver si a caso reconocían a alguno, no había pistas. Una de las autoridades vio la fotografía de Jaime e iba y venía de una oficina a la sala donde estábamos. En los registros de los reclusos se encontró a un hombre parecido, pero habían pasado 10 años, ya no era el mismo reflejo. ¡Es mi hijo, si es mi hijo! señaló Alejandra. No hay palabras para describir el encuentro entre Jaime y Alejandra, aquel presentimiento se cumplió. En esa ocasión había una sensación que oprimía el pecho, por un lado, la emoción de que una madre pudo encontrar con vida a su hijo, y por otro lado, la impotencia ante los motivos por los que se encontraba preso.

Ser una persona migrante en este país no es fácil, ser madre de un migrante es angustiante porque la desaparición es siempre una posibilidad. La invisibilidad, la xenofobia y el racismo enraizado en nuestra sociedad, sumado a una política migratoria de contención y la impunidad, permiten que la desaparición de personas migrantes continúe. Mientras, las madres de personas migrantes desaparecidas, al igual que las madres mexicanas, buscan por sus propios medios rastros que les permitan localizar a sus hijas, hijos y familiares. Han formado comités, se han convertido en buscadoras, en medio de su dolor han sostenido la otra parte de su vida familiar, mientras el Estado no responde a la altura de las circunstancias. “La lucha sigue porque la migración no se termina, así que no perdamos la esperanza, porque nuestra exigencia es mínima: ¡justicia!”.

* Los nombres de las personas fueron cambiados a petición de ellas.

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